En una provincia gobernada por Cornejo, departamentos populosos en manos de los radicales, en medio de un peronismo clásico más bien dividido entre azules y naranjas y, un país en manos del sciolismo (probablemente) la pregunta es: ¿qué será del kirchnerismo mendocino? Es una invitación para pensar más que para especular con sospechas.
Veamos un poco el panorama en 360. Si tomamos los resultados de la interna allá lejos, el kirchnerismo llegó al 11% de los votos. Es un número porcentual para nada excluyente si tenemos en cuenta que aquí, en las Viñas de Balbo, la resistencia fóbica a Cristina se ha hecho carne en amplios sectores medios. Y, por qué no decirlo, en algunos bajos. Excluyo por supuesto a los altos.
El peronismo clásico que sabe de gestión, más menos, hayan perdido o ganado en los municipios, por naturaleza, sabe adaptarse a los tiempos. Por el peronismo clásico también pasó el menemismo (no olvidarlo). Y luego supo reponerse de la estocada del riojano para activar el imaginario peronista con Néstor y Cristina. El PJ mendocino tiene su saber propio: acompaña a quien conduce sin tanto cuestionamiento. Y hoy, al que ven como conductor de hecho, es a Scioli. El PJ forma parte del armado del sciolismo nacional peleando relaciones, buscando asomar, cada sector interno -azules y la corriente- la napia, para primeriar.
Los azules son los que ganaron/retuvieron sus intendencias y piden pista. Se saben merecedores de la conducción del peronismo menduko. Los resultados mandan. Y lo sacan a relucir despacito. La corriente perdió sus derpas. Pero corren con ventaja: la relación con Daniel Scioli, lejos de haberse roto por esas pérdidas departamentales (y provinciales), se ha sostenido y, tal vez, fortalecido. La Corriente lo ve a Ciurca como el nuevo Chueco Mazzón del peronismo Scioli. A eso apuestan. Y ahí está la fortaleza de ese sector que por ahora frena cualquier tipo de discusión interna, porque saben que van por ellos cuando salten los tapones si sigue lloviendo. Azules y Naranjas.
Y el Sur que también existe, que tiene color propio con los hermanos Félix. Los sanrafaelinos no solo piden pista sino que aspiran a gobernar el peronismo primero y la provincia después. Igual que los azules. Aunque parezca demasiado anticipado, ya hay pensamientos en ese sentido: recuperar la provincia es recuperar la conducción del PJ. Así se piensa, por ahora. El tema es, y aquí viene la pregunta del inicio, qué será del kirchnerismo mendocino entonces, en este contexto que puede llegar a ser de voracidad por conducir y mantener buenas, excelentes, inmejorables relaciones con Daniel Scioli…. ¿Ah?
Intentaré un desgrane de este sector que forma la tercera pata de la mesa (el peronismo mendocino es una mesa de tres patas, se me ocurre, o cuatro: azules, naranjas, turcos y puros) veamos entonces de qué está compuesto ese kirchnerismo local y cómo ha quedado luego de la interna primero y de las elecciones a gobernador luego.
El kirchnerismo hoy, arriesgo de entrada, no existe como tal. La figura de Guillermo Carmona conductor del sector en Mendoza se diluyó tras las PASO y más aún con la derrota de junio. Hoy por hoy, los sectores que se aglutinaron para la interna, son orgas diaspóricas que solo tienen como conductores al jefe político de su sector, y punto. Podrán tener, mantener o articular buenas relaciones, pero no se ve que haya un salto de calidad desde aquella unidad electoral. Carmona no es jefe más que de sí mismo. Es buen tipo, lo valoran así, pero no lo sienten conductor. Es decir, el carmonismo, así, como sector, no existe. Lo que existen son orgas que tienen representación nacional. Movimiento Evita, La Cámpora, Kolina, La Túpac Amaru, Nuevo Encuentro, el Mup, el partido de Heller, y alguno que otro espacio más chico. Son esquemas con dinámica propia. Se pisan los talones en el territorio, son celosos, y tienen riesgos de caer en el sectarismo, a su pesar.
Algunos metieron alguito en la legislatura provincial, otros en algún Consejo Delirante, y los que más en el Congreso Nacional (meterán). Sin embargo lo une el antipejotismo. Y ahí se miran las caras. No han dado todavía, no sé si lo darán, un salto de armado superior para conformarse como sector político orgánico. Tienen sus lógicas propias, que aquí se ven chiquitas y mezquinas. Si no arriesgan a inventar un espacio sincero donde se agrupen desde una articulación más generosa, quedarán como barquitos de pescadores artesanales en medio de los pesqueros japoneses. Y de ahí a la dilución hay un paso. Si no hay respuesta nacional de sus orgas, se mueren lentamente y se dispersan. Todos merecen respeto, pero…
Yo los comparo con los troskos en la provincia por el caudal que juntan y representan. El FIT y el Kirchenismo en Mendoza tienen casi el mismo nivel de representación en la población. La diferencia es que los troskos, por ahora, se muestran y mantienen más unidos –aunque se maten a través de sus diarios partidarios (PTS y PO).
El salto de calidad los llevaría a otro nivel de discusión, pienso, porque es desde ese sector donde se pensaría más estratégicamente y no solo tácticamente. Pero así, se los come la coyuntura.
Es que el peronismo clásico tiene historia en sus territorios retenidos o perdidos. Hay historias allí que cuentan oralmente al peronismo de las comarcas sin tanta ilustración, y hay jóvenes que tiene hambre. En cambio el kirchnerismo nació con Néstor, y se mantiene con Cristina. Y la década ganada ya se ganó. Es una oportunidad la que tienen: armar el gran sector o la pata firme para construir, o la nada.
Marcelo Padilla