La nota titulada “El “fariseísmo” del papa Francisco” de autoría del Dr. Federico Pithod - en respuesta a una columna de opinión de quien escribe estas líneas - abrió la puerta al debate de ideas en un medio digital de amplia cobertura como MDZ online.
Debo expresar mi agradecimiento al colega por haberse tomado el trabajo de leer la referida nota y expresar cierta alegría porque - al fin - miembros de la religión con pretensiones de ser mayoritaria se animan a cumplir con lo que sus jefes eclesiásticos les ordenan: dialogar con integrantes de sectores sociales y culturales no católicos (Gaudium et Spes, 53-62).
El primer punto que mi adversario plantea - aunque de modo pasajero, pero que me obliga a aclarar - es la condición de “experto en derecho canónico”, asignada por el medio y que aclaro abajo, en la nota correspondiente (1).
La lectura general de la nota de Pithod arroja un resultado un poco desalentador. Se apoya en un solo eje: la doctrina de la iglesia católica es una sola, no se puede objetar ni modificar, y el papa no tiene facultades para hacerlo. Este argumento es la matriz de los otros que luego desarrolla. Dicho eje no pasa de ser el tradicional discurso clerical, sostenido por los grupos católicos sectarios que integran la institución.
Los problemas del autor son varios: primero, no refuta con evidencias ninguno de los argumentos sostenidos en mi nota que justifican la demagogia del papa católico; segundo, aquel eje argumental refuerza la referida demagogia del pontífice, que dice una cosa y piensa otra; tercero, incorpora el debate cuestiones no tratadas en mi artículo.
Sin perjuicio de ello, replicaré aquellos párrafos que contienen errores de interpretación por parte de Pithod, como también otros que introduce unilateralmente pero no fueron incluidos en mi nota.
1.“el Dr. Lombardi no ha medrado en acusar al Sumo Pontífice de farisaico y demagogo”.
Falso. Fariseo, no. Demagogo, sí, y populista. El calificativo “fariseo” les cabe a todos aquellos que se pavonean de su religiosidad tal cual la cita bíblica (Lc 18, 10-12), y que por estas épocas pululan, colgándosele de la sotana.
Decir que Francisco es un demagogo puede interpretárselo tal como lo define el diccionario RAE en su primera acepción: “1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular”, definición que le cae como “anillo al dedo” al actual papa. Basta con recurrir a fuentes de información periodísticas y analizar brevemente su gestión.
2.“En la misma inteligencia que muchos asignaron a sus palabras, el autor apenas oculta su enojo por lo que sería una inexcusable demora en derogar las históricas formas de trato discriminatorio…”
Falso. No hay enojo alguno. Hay datos y evidencias sobre las que se opina. La nota no rebatida por el oponente reviste la característica de un ensayo que los especialistas definen como “una opiniónsobre la parte de un tema que se sostiene por medio de evidencias” (2).
El oponente cae en el mismo error de todos aquellos foristas que pretenden rebatir hechos y datos achacando sentimientos o emociones al autor que se rebate (enojos, resentimientos, furias, odios).
Fácil es advertir que en ninguna parte de la nota el Dr. Pithod rebate los datos que demuestran la política discriminatoria y demagógica de Francisco hacia el colectivo gay en tres planos: doctrina, política internacional y persecución interna.
3. “Dejo de lado de momento la cuestión relativa a si las esperanzas del Dr. Lombardi sean razonables o si la suya sea la interpretación más sensata de las palabras del Papa…”
Falso. ¿De dónde saca el autor que tengo “esperanzas” que el papa cambie la doctrina sobre los homosexuales? La nota que escribí tiene como objetivo demostrar con evidencias (no con enojos, rabias, resentimientos, ni sentimentalismo), cómo Bergoglio sigue la misma línea conservadora y discriminatoria de los dos papas que le precedieron y cómo de ello surge su demagogia.
Ninguna esperanza tengo del catolicismo romano porque no pertenezco a sus filas, ni adhiero a su violenta doctrina. Considero, asimismo, que nada tiene que ver con el cristianismo originario; es antievangélico hasta la médula.
4. “me permitiré tener por cierto que si el Papa hubiese declarado, por ejemplo, “juzgaré con máxima dureza a los homosexuales”, el Dr. Lombardi no habría encomiado su coherencia y sinceridad”.
No sé si hubiera encomiado su coherencia. Seguramente, no habría escrito un artículo sobre la demagogia de un papa que dice una cosa pero piensa otra. Él mismo ha dicho que es “hijo de la iglesia”, por lo tanto, adhiere a su doctrina discriminatoria.
5. “Lo que el Dr. Lombardi objeta, en rigor, es la doctrina misma de la Iglesia Católica que, como bien sospecha, el Papa Francisco no puede cambiar, sin importar el tenor de sus declaraciones públicas o cuán contrastantes se muestren con aquélla. Cualquiera sea el poder que detente, el Papa carece de potestad para modificar sustancialmente la doctrina de la Iglesia”.
Acá surge un grave error de interpretación del Dr. Pithod en cuanto al objeto del artículo de mi autoría. El mismo no es objetar la doctrina católica sobre los homosexuales (que obviamente no comparto por violenta, discriminatoria y contraria a derechos humanos básicos), sino demostrar con pruebas concretas la demagogia del pontífice que dice una cosa y piensa otra porque – una vez más – él es “hijo de la iglesia”, ergo, piensa como la iglesia.
Además, lo que el Dr. Pithod afirma - el papa Francisco no puede cambiar la doctrina porque carece de poder – es otra prueba más de su demagogia y del carácter falso de su declaración (“quién soy yo para juzgar un gay”). Le agradezco por recordármelo porque omití decirlo en mi nota.
Si el jefe de la iglesia no puede cambiar la doctrina de la institución, ni tiene poder para ello, pues no salga a decir públicamente lo contrario para ganar reconocimiento. Así de sencillo.Marketing y mentiras clericales en estado puro.
6. “Supóngase por un momento que hubiera un cúmulo de cosas que fuera menester creer y, aun, algunas otras que imperiosamente hubiese que practicar como condición para lograr la máxima felicidad asequible al ser humano. Pues bien: el dogma de la infaliblez papal –como lo denominaba Castellani- implica que cualquier novedad que dijere un Papa en tales asuntos no será sino sólo aparente…”
La referencia a un sacerdote miembro de la ultraderecha católica, cómplice del pensamiento golpista de nuestro país, no hace otra cosa que demostrar desde qué perspectiva ideológica responde el autor. No hago mayores comentarios para no descentrar el intercambio de ideas.
En cuanto al dogma de la infalibilidad, no fue objeto de mi nota. Permítaseme cuestionar - y dudar - de ese dogma.
7. “Difícilmente logre yo convencer al Dr. Lombardi de la eficacia de la fórmula católica para proveer a la felicidad. Antes bien, concedo que aquel cúmulo de verdades y prescripciones morales, al que la Iglesia asigna una suerte de eficacia causal con relación a la felicidad humana, pueda haber sido relativamente cruel con los homosexuales”.
Estimado Dr. Pithod, no tiene por qué convencerme de nada, ni “convertirme” (usando términos clericales), por la sencilla razón que en mi artículo (y en todos los que escribo), tampoco pretendo convencer a nadie. Planteo una opinión basada en evidencias, que no pretende agotar el tema. Eso fue un ensayoque sólo busca intercambiar ideas, opiniones, generar debate. Así de sencillo. Esto es lo que todavía no entienden los furiosos foristas que siguen cometiendo la torpeza de utilizar la falacia ad hominem (atacar al autor), sin darse cuenta que mientras más insultan, más refuerzan mis argumentos. Hacen lo contrario a lo que les pide el papa y su catecismo, y ponen al descubierto la extrema debilidad de su fe.
En cuanto a la fórmula católica para “proveer a la felicidad”, pues es un rotundo fracaso, basta con observar la masa de bautizados que no creen en dogmas, no aceptan doctrinas, ni cumplen ritos. Este fracaso de la fórmula es uno de los motivos del Sínodo sobre la familia (que también fue un fracaso), a pesar de los alcahuetes que “marketinearon” otra cosa. Finalmente, la fórmula de la felicidad es sólo un punto de vista, el del clero. No hay participación del laicado en la elaboración de aquella. Respetuosamente, si hay una religión triste, esa es la católica. No hace falta poner ejemplos. Este punto no fue tratado en mi artículo.
8.“Es un hecho fácil de demostrar, sin embargo, que si la Iglesia ha sido dura con los homosexuales, no lo ha sido menos con ningún heterosexual. La Iglesia manda al homosexual irredento al Infierno, es cierto. Pero lo hace en compañía de la más candorosa de las niñitas que voluntariamente haya faltado a la Misa dominical. La Iglesia, por tanto, bien puede ser tenida por cruel, pero no sin reconocer que ha sido igualmente cruel con todos” […] “A ambos se les manda lo mismo: vivir en castidad. Esta ha sido siempre la doctrina de la Iglesia, cuya impopularidad en este punto ha ido creciendo…”
El autor concede que la iglesia siempre ha sido exigente con todos para probar que “esa” es la doctrina y no se podrá cambiar. Ya se le contestó que quien escribe no pretende cambiar nada del catolicismo sino destacar la demagogia y mentiras de un pontífice que piensa una cosa y dice otra.
Respecto al infierno al que hace mención, no fue tema de mi artículo. No obstante, surge del párrafo la perspectiva conservadora del autor, rebatida por otras dentro de la teología católica y que conforman el amplio espectro que los sociólogos de la religión llaman “catolicismos”.No hay una sola perspectiva, hay varias. No adhiero a ninguna porque no creo en el/los infierno/s (tampoco la masa de bautizados).
9. “… la Iglesia siempre ha considerado que el sexo es, eminentemente, un acto oblativo, que gana sentido trascendente en la intimidad de la unión matrimonial exclusiva y en tanto esté abierto a la procreación. Una locura que no me propongo defender en este momento, pero que ha sido constante y que alcanza a todas las personas, cualesquiera sean sus gustos, preferencias o situación. Una locura, por tanto, que el Papa Francisco no puede modificar”.
Otro argumento para decir que “esa” es la doctrina de la iglesia; otro argumento que refuerza la demagogia de Francisco.
Sigue hablando el Dr. Pithod desde la perspectiva conservadora. Para él “la iglesia” son los obispos, y estos elaboran una ideología que concibe al sexo como oblativo, es decir, una ofrenda y sacrificio que se hace a su dios. Está muy bien para quienes crean eso. Hay que recordarle que la masa de bautizados hace tiempo abandonó tamaño anacronismo que sólo puede ser elaborado por mentes reprimidas y manipuladoras como el alto clero.
Características del matrimonio según el clero: sexo oblativo y con sentido trascendente; unión matrimonial exclusiva abierta a la procreación ¡Pero si el catecismo repetido de memoria! Nada de eso puede ser modificado por Francisco, cuestión no analizada en mi artículo, y sí la demagogia de un papa que, sabiendo que no podrá cambiar absolutamente nada deja entrever que sí podría. Demagogia pura.
10. “Al uno y al otro los considera máximamente dignos y, por ello, sin desmedro de su dignidad, condena en ellos el acto contrario a la moral. No al homosexual, llamado como cualquier otro hombre a un mismo Cielo, sino, como bien cita el Dr. Lombardi, al “acto homosexual”. “¡Ah, pero aquí hay una trampa! ¡Al heterosexual se le ofrece la salida del matrimonio, en tanto que al homosexual, nada!”, me replicará Lombardi. Es verdad. Al homosexual no se le ofrece ninguna salida “sexual”; pero, bien visto, tampoco se le ofrece al heterosexual. Si el matrimonio fuera sólo esto, una escapatoria sexual, mal haría nadie en casarse. Cuanto hay de sexual en el matrimonio lo hay de unitivo y procreador, por lo que no es casual que la Iglesia designe al acto matrimonial como un “débito”, para destacar su esencial sujeción al metro de la conyugalidad”.
Otro argumento para decir que “esa” es la doctrina de la iglesia y que no se puede cambiar; otro argumento que refuerza la demagogia de Francisco. Respecto a la ideología relativa al matrimonio (unitivo, procreador), remito a la refutación en el punto 9.
El punto de vista sobre la sexualidad mencionada por el autor corresponde a la ideología clerical, como toda ideología, desactualizada por los cambios sociales y culturales.
11. “De allí que la Iglesia no pueda limitar la observancia de las normas morales a sus fieles, individualmente, pues el sujeto último de las perfecciones mayores es, en este sentido, la sociedad toda. Por lo demás, se hace evidente que de nada valdría que la Iglesia prohibiese el asesinato a sus fieles, si igualmente podrían ser muertos por un infiel, entre quienes estuviera permitido. Pues bien, algo similar ocurre con el acto homosexual, que repercute en el todo social”.
Falso. La sociedad toda será sujeto último de las perfecciones morales si así lo deciden autónomamente las mujeres y varones que la integran, no porque lo diga un dios o una religión, mucho menos una iglesia cuya moral no sirve para fundar el acto moral (¿o hay que dar ejemplos?); no porque haya que cumplir una ley moral externa cuyo resultado inmediato es infantilizar a las personas, sino cumpliendo el deber por el deber mismo ya que es el hombre fuente de la moralidad.
Decir que “la Iglesia no pueda limitar la observancia de las normas morales a sus fieles”, deja ver la posición integrista del autor que diariamente la sociedad observa cuando sectores clericales utilizan al Estado para que se gobierne, legisle y dicten fallos con el catecismo católico en la mano. Totalitarismo puro.Punto no tratado en mi artículo.
12. “En este punto, sin embargo, seguiré el ejemplo del Dr. Lombardi, que no se detiene en explicar por qué el “proyecto de vida gay” sería tan bueno como cualquier otro, de modo que yo tampoco intentaré demostrar lo contrario”.
Es que el D. Pithod no puede demostrar lo contrario porque expresamente caería en un acto de discriminación hacia las parejas homosexuales.
No me detuve a explicar por qué el “proyecto de vida gay” es tan bueno como cualquier otro, primero, porque no me corresponde, sería un acto invasivo de la intimidad de las personas (que su iglesia sí se cansa de invadir); segundo, porque no hace falta explicarlo. Las personas buscan la felicidad a su modo y de ahí arman sus proyectos de vida. Y los que estamos fuera de ese proyecto tendremos que acompañar, ¿no? ¿O habrá que juzgar las conductas, con categorías absolutas como hace el catolicismo? ¿No fue el propio papa el que dijo que no juzga, pero lo piensa?
13. “…destaca que un gran número de homosexuales integran la jerarquía de la misma Iglesia que los execra, donde habrían llegado incluso a ser Papas; de modo que no se entiende bien si la Iglesia los combate o los prohíja”.
El ejemplo fue puesto como otra evidencia de la demagogia de Bergoglio. La iglesia combate al clero gay en teoría, “pour la galerie; y también los prohija. Y va más allá: cínicamente permite la doble vida de curas, obispos, cardenales y papas homosexuales, siempre y cuando no se entere el rebaño porque se “escandaliza”. No hay posición errática alguna de mi parte. Hay oscurantismo clerical e hipocresía.
14. “Sólo me interesa destacar que, si se es pluralista –como se enorgullece en ser el Dr. Lombardi -, mal puede objetarse la doctrina de la Iglesia, que exige a los católicos en general, y al Papa en especial, postular en forma absoluta y universal lo que es bueno para el hombre y proscribir, en iguales términos, lo que es moralmente malo”.
Nuevamente: se da por descontado que objeto la doctrina de la iglesia, pero ese no es tema de discusión, es algo obvio. También es una obviedad que si se es pluralista hay que respetar las distintas cosmovisiones e ideologías (en nuestro caso, clerical), sin perjuicio que se las puede criticar. El artículo que rebate Pithod tuvo como tema central la demagogia de Bergoglio, no la objeción de la doctrina de la iglesia que está implícita.
“Postular en forma absoluta y universal lo que es bueno para el hombre” refleja la posición maniquea y extrema del autor. Será así sólo para los católicos. Para el resto de la humanidad, evidentemente, no lo es. La perspectiva es propia de los totalitarismos que pretenden tener fórmulas para la felicidad. Es también un punto de vista propio de los grupos sectarios que “larvan” en el catolicismo como el Opus Dei o Legionarios de Cristo, por ejemplo. Desconozco si el autor forma parte de esas sectas.
15. “Esto es propio de cualquier religión, tanto de la verdadera como de las falsas, según lo ha puesto de resalto el mismo Papa Francisco”.
¿Quién le ha dicho al Dr. Pithod que su religión es la “verdadera”? ¿Se puede ser tan pedante de considerar a las otras perspectivas religiosas como “falsas”? ¿Con qué criterios? ¿Desde qué posición de superioridad, por cierto, antievangélica? ¿Sabe el autor que el catolicismo romano no tiene nada de original y plagió innumerables postulados, liturgias, ornamentos y doctrinas de las religiones orientales preexistentes a él?
Que las religiones formulen postulados absolutos (aún en contra de la vida y felicidad de las personas), no significa que no se las pueda criticar y exponer sus aberraciones ¿O hay que dar ejemplos?
Las religiones tienen que estar al servicio de los hombres, no al revés ¿No es esa la posición del no católico, y no sacerdote Jesús de Galilea?Este tema no fue objeto de análisis del artículo que rebate el oponente.
16. “La ley universal de la tolerancia entraña un intríngulis, pues convierte en ley hacer lo que a cada cual plazca, salvo que le plazca hacer que otros hagan algo que no les plazca. Y así, o bien los tolerantes se ven forzados a tolerar a los “intolerantes” –y, entre ellos, a los católicos-, o bien procuran su proscripción”.
Tema no tratado en mi artículo. No obstante, respondo.
La cuestión de la tolerancia es la “frutilla del postre” que pone al descubierto dónde se coloca Pithod: desde una posición de superioridad. ADN clerical en estado puro y contrario al evangelio que dice seguir.Aquí sí aparece el fariseísmo (pero del autor), cuyas palabras presumen connotar su condición de “justo”. Nada más contrario al pensamiento del Galileo.
“Tolerar es creerse en situación de dominar, de juzgar; consiste en considerarse muy bueno por aceptar al otro a pesar de sus errores”, sostiene Albert Jacquard (3). Y desde ese punto de vista Pithod plantea la falacia del “falso dilema”.
No es cuestión de “tolerar”, lo que nos lleva directamente a la fórmula pre conciliar del “error no tiene derechos”, sino de respeto. Respetar al otro, su proyecto de vida (como es el caso de la comunidad gay), y de respetar las diversas cosmovisiones existentes (incluidas las religiosas).Pero el respeto no elimina la crítica, el cuestionamiento, el juicio crítico y la denuncia social de aquellos pícaros como el papa Francisco que declaran una cosa y piensan otra, a sabiendas que no tienen poder para cambiarlas.
Ese y no otro fue el objeto del artículo “¿Por qué el papa no habla con los gays?”, la denuncia de la demagogia del papa argentino y que el amable Dr. Pithod no pudo rebatir en ninguno de sus tres aspectos.
Notas
(1)Preferí hacerlo de este modo porque el artículo que él rebate no tiene por objeto hablar sobre cuestiones personales. Para que el Dr. Pithod y la fanaticada católica que se enfurece porque se me califica de “experto” se queden tranquilos les comunico que durante 9 años me desempeñé como abogado delos tribunales eclesiásticos de Mendoza, Córdoba y subsidiariamente Buenos Aires, y otros organismos que no hace falta aclarar por no corresponder.
Cabe recordar a estos católicos que el canon1483 dispone: “El procurador y el abogado han de ser mayores de edad y de buena fama; además, el abogado debe ser católico, a no ser que el Obispo diocesano permita otra cosa, y doctor, o, al menos, verdaderamente peritoen derecho canónico, y contar con la aprobación del mismo Obispo”.En la condición destacada es que la mayoría de los profesionales del derecho actúan en aquellos tribunales.
(2) Mounsey, Cris, Ensayos y Tesis, Fondo de Cultura Económica, Bs. As. , 2007, p. 15.
(3) Jacquard, Albert, Pequeña filosofía para no filósofos, Debolsillo, Buenos Aires, 2007, 1° edición, p. 16.