La apertura de la 69° sesión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dejó menos de lo que prometía.
Sólo algunos discursos, entre los que podemos contar el de Cristina Fernández de Kirchner y el de Barack Obama, dejaron tela para cortar. El resto, más del mismo aburrimiento de cada año. Presidentes leyendo un speech y así y todo, sin decir nada.
Sólo se puede destacar a algunos mandatarios de Sudamérica, la única región del mundo que parece viva. Las otras se debaten frente a la muerte y por cuestiones todas menos importantes para sus pueblos que las que ocurren en nuestra región.
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, debutaba como presidente en el estrado de la ONU, y no pareció pesarle la sombra de Hugo Chávez que en ese mismo estrado había vapuleado a George W. Busch durante tantos años primero, y al propio Obama después. Maduro fue enfático en condenar el terrorismo del Estado Islámico, pero también dejó en claro que los bombardeos unilaterales de Estados Unidos no son la solución, sino que cualquier lucha contra el terrorismo debería estar enmarcada en la legalidad internacional, y uno de sus primeros postulados es el respeto a la soberanía de los países. Y es justamente lo que está violando Obama al bombardear territorios sirios sin la anuencia de Damasco.
Evo Morales puso el acento en el nuevo fiasco que representó la cumbre de la ONU sobre el calentamiento global. El presidente del Estado Plurinacional de Bolivia dejó en claro que no habrá una verdadera política de respeto a la Madre Tierra y contra la destrucción del Medio Ambiente dentro del actual sistema capitalista.
En tanto, Dilma Rousseff también tuvo una participación destacada. Por un lado, prácticamente cerró su campaña electoral repasando los logros sociales de su gobierno y del de su antecesor Lula da Silva. Por otro lado, fue dura al afirmar que si el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no dan mayor poder y decisión a los países emergentes, perderán su legitimidad y eficiencia.
En contraposición, el presidente de los Estados Unidos batió sus propios records y cruzó la línea del ridículo. George W. Bush por lo menos era la encarnación del poderío bélico de una potencia imperialista, como lo recordó el propio Chávez cuando dijo que el estrado olía a azufre. Pero Obama ni siquiera es eso, sino una caricatura de presidente, más parecido al cadete de los mandados del verdadero poder: el financiero y el completo tecnológico militar industrial.
Obama llegó a decir que estamos en el mejor momento de la historia de la Humanidad, en una deleznable falta de respeto a los miles de muertos de Ucrania, Irak y Siria. Olvidando por ejemplo, que más allá de su Premio Nóbel de la Paz, en menos de seis años ha ordenado el ataque a siete países. Llegó a decir que está mal que países grandes amedrenten a países menores, en elíptica alusión a Rusia, pero ocultando que él mismo ordenó hace un mes la renovación del bloqueo a Cuba que lleva ya más de medio siglo. El colmo fue cuando dijo que Estados Unidos sigue siendo “una potencia pacífica” y a renglón seguido se despachó con que “hay gente que el único idioma que entiende es el de la violencia”. Un compendio de despropósitos que lo sitúan en un ridículo del que difícilmente pueda volver.
Por último, y sin ningún atisbo de chauvinismo, creo que lo más destacado fue la intervención de la presidenta argentina, por las formas (sin leer una línea de su discurso) pero sobre todo por el contenido de su alocusión. Fue contundente en condenar a los fondos buitres que están acosando a nuestro país. Eso ya se sabía y ya lo venía haciendo desde antes. Pero en esta oportunidad lo hizo en el corazón del poder mundial y prácticamente les endilgó en la cara a los países centrales su complicidad con los fondos buitres. “No son sólo terroristas los que ponen bombas, sino también los que desestabilizan países y generan pobreza y sufrimiento en sus pueblos”, sostuvo Cristina en la ONU. Y prácticamente le estaba diciendo eso a Obama y sus amigos, ya que hoy por hoy, el poder financiero y el poder político en los centros neurálgicos está fundido.
Más tarde volvió a la carga en la reunión del Consejo de Seguridad que había convocado el propio Obama para abordar el tema de la nueva guerra santa de Estados Unidos. Cristina fue bastante directa cuando tomó la palabra y dijo: “Deberíamos preguntarnos quién le está comprando el petróleo al Estado Islámico, y sobre todo quién le está vendiendo armas”. Una alusión directa a Estados Unidos y a la Unión Europea, que desde un inicio inventaron, armaron y potenciaron a un grupo de mercenarios y de terroristas que pertenecían a distintas células de Al Qaeda y principalmente al Frente Al Nusra, y que luego se independizaron y estructuraron como Estado Islámico.
Argentina, hoy por hoy, es el único Estado que viene proponiendo algo novedoso en el seno de la ONU. Y es el proyecto de lograr una convención para estructurar un orden jurídico para las reestructuraciones de deudas soberanas, algo que se debatirá en el seno de esta misma Asamblea General.
El resto, fue más cháchara y más del lenguaje guerrero e imperialista que ha llevado a nuestro mundo a ser lo que es hoy. Más allá de que Obama siga queriendo hacernos creer que éste es “el mejor momento de la historia de la Humanidad”.
Mariano Saravia.