El presidente de Estados Unidos, Barak Obama, anunció en cadena mundial su nueva aventura bélica, justo en coincidencia con un nuevo aniversario del 11S. Esta vez va a bombardear Siria e Irak para resolver un problema que él creó, es decir para derrotar a los terroristas del Estado Islámico que él inventó, financió y armó.
El anuncio fue justo a un año de su marcha atrás con la guerra directa contra Siria, por miedo a Rusia y también porque la mayoría de los estadounidenses se oponía en ese momento. Pero ese mapa político interno en Estados Unidos ha cambiado, y los factores de poder han hecho su trabajo, a partir de la presión de los medios hegemónicos. Según encuestas difundidas esta semana por ese mismo poder mediático, el 71 por ciento de los estadounidenses apoyan un ataque inminente contra el Estado Islámico. Y eso también influye en el sistema político, ya que no sólo el conservador Partido Republicano, sino también el propio Partido Demócrata empujó a Obama a esta nueva guerra, para una nueva mancha en su Premio Nóbel de la Paz.
Ahora, emulando a George Bush padre, Obama se asienta en una coalición de países que intenta disimular su política imperialista.
Pero es una decisión absolutamente ilegal, en política interna y en política internacional.
En política interna es ilegal porque la ley de 1973 impone al presidente de Estados Unidos el acuerdo del Congreso antes de enviar tropas al exterior. Y actualmente eso no existe. Y no existe ese aval porque el sistema bipartidista está dejando solo al presidente, por las dudas de que esta nueva aventura militar salga mal. Y esta es una novedad, porque más allá de que Estados Unidos viene fracasando en Afganistan e Irak, por primera vez se instala en los círculos políticos de Washington la sensación de que el país más poderoso del mundo puede perder una guerra.
Por otro lado, en política internacional, la decisión de Obama es ilegal porque no tiene autorización de Siria para bombardear su territorio, hoy controlado por el EI. El propio presidente estadounidense dijo en su mensaje al mundo: “El Estado Islámico no es un Estado, sino un grupo terrorista, y no es islámico, porque ninguna religión manda asesinar inocentes”. Si fuera coherente consigo mismo, Obama debería coordinar sus ataques al EI con el gobierno de Damasco, ya que se apresta a atacar al EI en suelo sirio.
En definitiva, Obama es igual de criminal que Bush, pero más cobarde. Porque en esta ocasión no va a invadir por tierra, por miedo a enfrentarse cara a cara con su propio Frankestein, el EI. En cambio, y al mejor estilo Clinton en la ex Yugoslavia, va a bombardear desde 10 mil metros de altura y va a dejar el trabajo sucio y las previsibles miles de muertes a las fuerzas armadas y al pueblo de Irak.
Esta semana, Obama repitió lo peor de la tradición estadounidense, apelar a una guerra para disimular sus defecciones internas, porque no ha hecho nada de lo que se esperaba de él dentro de este país. Ni la reforma de salud, ni la reforma migratoria, ni le ha mejorado la vida a sus ciudadanos, ni ha encarado una política progresista en ningún área.
Se lo dijo de la forma más cruda este miércoles el cineasta Michael Moore: “Obama, dentro de 100 años vas a ser recordado sólo por ser el primer presidente afroamericano de Estados Unidos. Nada más que eso. Conociéndote, creo que desearías ser recordado por algunas otras cosas, pero no tuviste el valor de hacerlas”.
A mí me parece que Obama no será recordado sólo por ser el primer afroamericano en llegar a la Casa Blanca y que no hizo nada en ocho años como presidente del país más poderoso del mundo. También será recordado como el presidente de los drones (aviones no tripulados), de los misiles hipersónicos, de la privatización de la guerra a través de mercenarios como los del EI y, en definitiva, el presidente de la guerra permanente al servicio del complejo tecnológico militar industrial.
Será difícil para él mirarse al espejo dentro de unos años, porque se defraudó a sí mismo y defraudó a todos. Hoy por hoy, lo aborrecen los de derecha y los belicistas porque lo ven como un tibio, y también los progresistas y pacifistas, por lo que está haciendo.
Mariano Saravia.