La semana pasada decíamos que lo que está ocurriendo en Gaza es una masacre contra el pueblo palestino, y que se empezaba a discutir si no configura un genocidio. Creo que a esta altura hay cada vez menos dudas de que hay en curso un verdadero genocidio, por parte del gobierno del Estado de Israel contra la población civil de Gaza.
Esta semana Israel no dejó ninguna norma de la Convención de Ginebra sin violar. Bombardeó mezquitas, campos de refugiados, escuelas-refugios de la ONU y hasta hospitales. Es decir, hoy no hay ningún lugar seguro para las madres, los ancianos o los niños palestinos. Esto pone más en evidencia el cinismo y la perversión de los gobernantes israelíes que siguen justificándose con el hecho de que “avisan” antes de bombardear, ya sea con panfletos o con llamados telefónicos. ¿De qué sirve avisar si los palestinos no tienen adónde ir y si los israelíes no respetan ni siquiera un hospital?
Luego de 23 días de ataques indiscriminados, el resultado actual es de 1.400 palestinos muertos, más del 80 por ciento de los cuales son civiles, entre ellos al menos 300 niños asesinados. Del lado israelí, 56 soldados y 3 civiles, todos luego de que Israel lanzara la invasión terrestre de la Franja de Gaza.
Pero más allá de los muertos, hay unos 7.000 heridos, 200.000 refugiados, 5.000 casas destruidas y 30.000 casas dañadas. Además, no hay ni agua ni electricidad porque la única central eléctrica también fue destruida por un bombardeo israelí esta semana.
El último de los crímenes de lesa humanidad fue ayer cuando Israel bombardeó un mercado lleno de civiles, lo que recuerda el bombardeo de Guernica, el 26 de abril de 1937, cuando la aviación nazi aliada del franquismo bombardeó la capital espiritual de los vascos un martes de mercado, ocasionando la masacre que luego inmortalizara magistralmente Pablo Picasso.
Como en el Gernika, Gaza hoy es el infierno, y los culpables son los criminales que dirigen el Estado de Israel, empezando por el primer ministro Benjamín Netanyahu y el ministro de exteriores Avigdor Lieberman. La ilegalidad en la que se coloca hoy el gobierno de Israel llega al punto de que su canciller neofascista vive en una colonia en los territorios ocupados de Cisjordania.
Siempre hemos dejado bien en claro que los responsables de este genocidio son los gobernantes israelíes, que una cosa es el gobierno, otra cosa el Estado de Israel y otra muy distinta el pueblo judío. Sin embargo, también hay que decir ahora que este gobierno fue votado por el pueblo israelí y que con el genocidio en curso, Netanyahu ha visto aumentar su popularidad. Según una encuesta que publica el diario español El País, el 90 por ciento de los israelíes apoyan la masacre de civiles palestinos (https://internacional.elpais.com/internacional/2014/07/30/actualidad/1406749074_455891.html). Esto es quizá lo más preocupante.
Porque cuando uno habla de genocidios, atribuye automáticamente estas aberraciones a monstruos inhumanos, a un Hitler, un Pinochet, un Videla. Y si bien hay un debate profundo sobre las complicidades y omisiones de las sociedades que permitieron esos hechos, uno no se imagina una encuesta con el 90 por ciento de apoyo a esos genocidas.
Esta semana también circuló por internet un video en el que un grupo de jóvenes israelíes festejaba un ataque contra civiles palestinos mientras gritaban: “Mañana no hay escuela, ya no quedan niños en Gaza” (https://www.youtube.com/watch?v=j7LIkz8Estk).
La diputada Ayelet Shaked, del partido La casa judía, que comanda el también fascita Naftalí Bennett, llegó a decir esta semana que había que matar a las madres palestinas “para que no engendren más serpientes”.
Y el soldado israelí David Ovadia llegó al límite de subir una foto a la red social Instagram y comentar: “Hoy he matado a 13 niños palestinos” (https://actualidad.rt.com/actualidad/view/135577-soldado-israeli-presume-matado-ninos-palestinos-twitter).
Por todo esto, lo que más preocupa no es ni siquiera que existan criminales de guerra, violadores de los derechos humanos o genocidas, sino que una buena parte de esa sociedad se esté contagiando y se mimetice con esa aberración humana.
La semana pasada concluíamos diciendo que un niño palestino de seis años ya está viviendo su tercer masacre, ¿qué le espera cuando tenga 18 o 20 años sino estar lleno de odio contra sus vecinos? Lo mismo se puede decir que ya sucede con muchos israelíes.