Lo que no se ve de Nigeria

El columnista Mariano Saravia analiza la situación en el país africano, donde 200 adolescentes fueron secuestradas por un grupo extremo musulmán.

El secuestro de más de 200 niñas de una escuela del norte de Nigeria tiene al mundo en vilo por lo espectacular de la noticia, no sin una cuota de hipocresía, cual es la característica de las grandes corporaciones de prensa.

En realidad lo que llama la atención es el número, y ni siquiera eso, sino más bien el morbo que despertó el líder del grupo islamista Boko Haram, cuando el lunes pasado apareció en un video asumiendo el secuestro y anunciando que va a vender a las 223 niñas como esclavas.

Esto sucede todos los días en Nigeria y en otros países del Sahel, esa franja que sirve de transición entre los países del Magreb y los del África Subsahariana. Lo que pasa es que nunca sucede en números tan escandalosos como estos. Pero entonces uno se pregunta con cierta lógica: ¿cuáles son los parámetros que tenemos de lo escandaloso y lo no escandaloso? ¿Hasta dónde nos han podrido la cabeza los grandes medios hegemónicos como para imponernos a partir de qué número nos debemos escandalizar? ¿Qué nos imponen como noticiable o no noticiable los traficantes de la información?

Lo que más les gustó en su morbo es el circo de Abubakar Shekau, el jefe del grupo terrorista, que apareció frente a cámaras delante de un blindado y varias ametralladoras y diciendo que iba a casarse con niñas de 9 o 12 años para que dejen la escuela, algo que su visión del Islam considera pecaminoso.

Lo cierto es que Nigeria vive varias guerras al mismo tiempo, y si no hubiera sido por este secuestro masivo, sería noticia recién cuando empezara el mundial de fútbol, ya que juega en el mismo grupo de Argentina.

Los ingleses dominaron Nigeria entre 1903 y 1960 y cuando abandonaron su colonia, dejaron un desastre, como hizo en general el imperialismo europeo en toda África. Hoy cohexisten en este país unos 470 grupos étnicos que intentan convivir en una república federal cuyas autoridades siguen siendo títeres al servicio de la corrupción de Estados Unidos y Europa.

Estamos hablando del 13º productor de petróleo del mundo y el 1º del África. Pero la población está cada vez peor. En la última década pasó del 54 al 64 por ciento de pobreza. La nafta cuesta un dólar por litro y la mayoría de sus 170 millones de habitantes vive con menos de dos dólares por día.

Produce dos millones de barriles de petróleo por día, pero el robo de petróleo llega a 1.200 millones de dólares por mes. ¿Cómo se puede robar petróleo? , se estará preguntando usted. Bueno, es un robo industrializado, ejecutado por grupos mafiosos que agujerean los oleoductos y los depósitos en el Delta del río Níger y bombean ese petróleo hacia barcazas que lo exportan al mercado negro de Estados Unidos, Brasil y Europa. De paso, ese robo clandestino provoca frecuentes derrames que sumen a las poblaciones del lugar en la contaminación y la inmundicia.

Pero ese robo industrializado no se podría hacer tan fácilmente sin una red de complicidades que incluye al propio gobierno con sus funcionarios, a los militares, a los ejecutivos de las empresas multinacionales que operan en la zona (Shell, Esso, Texaco, Chevron, entre otras) y a los gobiernos occidentales que hacen la vista gorda.

Y ese gran mercado negro de petróleo que a veces llega a 15 mil millones de dólares por año es una de las explicaciones no sólo del secuestro de las más de 200 niñas sino de las distintas guerras que desangran a Nigeria. Guerras entre grupos étnicos, entre mafias y gobierno, entre el norte islámico y el sur cristiano y animista.

Es fácil escandalizarse con el secuestro de las 200 niñas, y más fácil todavía mirar a Nigeria o a cualquier país africano con una mirada paternalista, cuando no abiertamente discriminadora y racista. Es fácil condenar el terrorismo y la corrupción cuando explota la noticia espectacularizada. Pero cuando pase esta novela (ojalá con un final no tan trágico), Nigeria volverá a desangrarse de a poquito y todos los días, ante la indiferencia del mundo.

Es uno de los países más corruptos del mundo. Un ejemplo futbolero acorde con los tiempos mundialistas: el año pasado se jugaba el ascenso de la tercera a la segunda división. Dirimían el Plateau Feeder y el Police Machine, que tenían respectivos compromisos con equipos más débiles. Los dos que peleaban estaban igualados en puntos, por lo que los goles a favor eran determinantes. Se jugaron los dos partidos a la misma hora. El primer tiempo terminó con el Plateau Feeder ganando su juego por 7 a 0 y el Police Machine ganando el suyo por 6 a 0. En el segundo tiempo el Plateau Feeder hizo 72 goles más y el Police Machine 61 goles más. Otra vez estalló el escándalo, pero la corrupción es algo de todos los días y en todos los ámbitos, desde el fútbol hasta el petróleo, pasando por la universidad y la salud.

Eso sí, para que haya corrupción, tiene que haber uno que corrompe y otro que se deja corromper. Para que Nigeria sea uno de los países más corruptos del mundo, tiene que haber un poder corruptor poderosísimo como el del sector público y privado de Estados Unidos y Europa. En definitiva, tan corruptos como su contracara.




Mariano Saravia.