Demandas salariales sin límites vs la salud pública

El ministro de Salud plantea su óptica respecto del conflicto salarial con los gremios de ATE y AMPROSS.

Foto: MDZ
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Mientras en las empresas privadas los trabajadores deben constantemente acreditar capacidad y productividad para conservar el empleo, y preservar la fuente laboral junto a accionistas, propietarios y los propios compañeros de trabajo; en el Estado provincial existe oferta de empleo "resguardado" prácticamente para siempre, sin riesgos, pago puntual a salvo de los vaivenes de la economía excepto en contadas oportunidades a causa de alguna crisis, y sin más obligaciones que la propia responsabilidad para trabajar con un nivel adecuado de excelencia, algo que en buena parte de las reparticiones públicas no ocurre.

Es lógico pretender que las pujas salariales tengan un límite razonable, y que respecto de prestaciones esenciales para la población, los salarios no compitan contra los bienes y servicios que la misma gente necesita.

La negociación salarial debería ser honesta. Solicitar ingresos que sobrepasen el límite de lo posible y que atenten contra las condiciones de trabajo de los empleados y la calidad del servicio que debe prestarse a la población, no es razonable cuando hay en pie una de las mejores ofertas salariales del país. No resulta sano ni para los empleados ni para el sistema de salud de la provincia, ni para los ciudadanos que necesitan de la Salud para curarse.

Esta realidad genera una primera reflexión: “Los árboles tampoco crecen hasta el cielo: las necesidades pueden ser infinitas; los recursos son finitos”.

El aumento desproporcionado del gasto en personal tendría como consecuencia directa la caída de la obra pública en salud, ya que conducirá a una disminución en la inversión. La paradoja es que así se atentará contra la salud misma de la población que se dice defender.

El límite del gasto en personal es el patrimonio más la capacidad de endeudamiento. Es un límite tangible y concreto, que de ser violado puede derivar en la caída de prestaciones y servicios, seguida de la quiebra y la pérdida del empleo para los asalariados si se tratase de una empresa privada, o de fuertes ajustes en el sector público.

Es natural del ser humano buscar ganancias mayores. Y seguramente “suena bien” el pedido de aumentos que la provincia no puede pagar. Pero debe saberse que esa demanda ilimitada es tan demagógica como irresponsable.