Diciembre, ¡bendito mes!

Diciembre suele ser un mes complicado y removedor. ¿Por qué? ¿Se acaba el mundo?

Aunque soy una persona que detesta los balances, es inevitable llegar a fin de año y no hacer uno. Pareciera que diciembre es el mes que nos queda para hacer todo: terminar la casa, casarnos, cancelar los préstamos, irnos de vacaciones, reunirnos con cada una de las personas que compartimos el año, terminar proyectos o empezar otros, perdonar, finalizar relaciones, hacer grandes gastos y sobre todo convencernos una y otra vez de que “el año que viene será mejor”.

Quizá por eso, el 44% de la población afirma que la Navidad es el momento del año que le produce mayor estrés. Y este resultado me parece lógico, ¿por qué? Porque cuando ya estamos agotados, decidimos poner “quinta” como si se acabara el mundo.

Y lamento decirles que aunque así parezca, porque todos se arrebatan para llenar una agenda en 30 días, esta ansiedad que vivimos es tan solo una construcción social.

Arbitrariamente todos tenemos que brindar el 31 de diciembre por un año que se va y por uno nuevo que vendrá. Y obligadamente, debemos sentirnos súper satisfechos por la cantidad de cosas que hicimos en este 2014, ¿y qué pasa si no pudimos? Nos frustramos y lo anotamos en la agenda del 2015 como una asignatura pendiente.

Pero, lo cierto es que no hay determinaciones científicas, ni médicas, ni psicológicas que indiquen que esto tenga que ser así y para todos por iguales. Simplemente, el calendario empieza el 1 de enero y termina el último día de diciembre porque tiene un origen bélico, más de dos milenios atrás. Y el protagonista fue un pueblo celtíbero, Segeda, antecedente de lo que hoy es la pequeña localidad zaragozana de Mara, en la comarca de Calatayud. Si así lo determinaron nuestros antecesores, ¡así será! Pero nada más. Se trata de una imposición cultural que no debe y no tiene porque afectar el orden que le queremos dar a nuestra vida.

Creo que es muy importante ser conscientes de que no hay que generar grandes expectativas alrededor de las Fiestas, porque la vida no se termina el 31 de diciembre, ¡gracias a Dios! Y si no pudimos finalizar algo, brindar con algún ser querido, cancelar algún proyecto o irnos a ese lugar tan deseado; enero, junio, agosto, septiembre, también pueden ser meses para hacer lo que nos gusta y lo mejor posible, siempre con objetivos reales.

En nuestra vida, todos los días empiezan y terminan, por eso me gusta enfocar la energía positiva en cosas simples. Vivir el aquí y el ahora, puede ser mucho más gratificante que este mes lleno de exigencias.

Cada persona tiene sus tiempos para realizar sus proyectos personales y culminarlos, pero de ninguna manera está relacionado con la llegada de un nuevo año. ¡Sería genial si pudiéramos ser críticos ante esto!

No nos estandaricemos, busquemos momentos mágicos a cada instante y les puede asegurar que ni la angustia, ni el estrés, ni la ansiedad volverán a perturbar este “bendito mes”.