Otra vez la muerte

La autora es abogada en el fuero local mendocino y habla sobre la muerte del ex presidente Hugo Chávez.

Acabo de escuchar por radio la muerte de nuestro compatriota latinoamericano, me sorprenden mis propias lágrimas, como hace poco más de dos años. Otra vez. Descubro cuánta tristeza podía sentir con la noticia, siento, una vez más, que la muerte puede ser cien veces injusta.

Por eso quizás, tan triste, pues así es la muerte de los “imprescindibles”, así.

Comparto lo que escribí aquel 27 de octubre de 2010, hoy mucho más comprometida que en aquel entonces, resuenan como palabras tristemente vigentes, aunque también de esperanza, de que la unidad posterior valió la pena y sigue valiéndola, porque ya lo aprendimos una vez, la fuerza del muchos sobrevive a la muerte.

“ NO MERECEMOS ESTA MUERTE

Nacimos en los setenta, nos criaron con el temor a las marchas, con la consigna del “no te metas”.

Fuimos jóvenes en los 90 con el pregoneo del “fin de la historia”, el hombre light y
el “triunfo del neoliberalismo por sobre cualquier otra idea.

Hoy somos adultos y algunos, sin ser militantes activos, simpatizamos con un
proyecto de país nacional y popular, con una mirada más social y latinoamericana.

En esta primera década del siglo XXI la discusión política volvió a la mesa familiar,
el debate de ideas regresó al café, al espacio de trabajo, a la escuela secundaria.

Y llego esta muerte y nos mató un poco a todos, a quienes están comprometidos
con el proyecto, a quienes sólo simpatizan, a quienes miran desde la periferia, a quienes están en contra, porque este proceso nos había devuelto la discusión, la posibilidad de pensar y reflexionar, de tomar postura a favor o en contra, de dejar la anestesia noventista.

Y en eso andábamos cuando apareció la muerte, la jodida re jodida muerte y nos
despertó a los remolones, a los que coqueteábamos pero sin terminar de definirnos…

Tengo la sensación que desde ayer tuvimos que madurar de golpe, no lo merecíamos, nuestro país, mi generación no merecía esta muerte, pero es…

…y desde ayer el tiempo de optar se acortó, ya no hay espacio para la duda

y desde hoy la voz que era de uno gritó desde la voz de muchos en la plaza

la mirada que era distante se transformó en vigilia atenta y alerta

los pies que vacilaban se pararon con firmeza

la simpatía se tornó en necesidad de compromiso activo

lo dicho entre pocos se grita a los cuatro vientos,

hay deseo de que se vea y de que nos vean,

hay pulsión, hay ganas, hay vida,

…y la muerte inmerecida tuvo sentido al traer con ella a muchos a la vida”