Que la muerte no nos sea indiferente

La editorial de Santiago Montiveros en el programa "Queda mucho por decir" (lunes a viernes de 19 a 20), por MDZ Radio.

Otra muerte llena de suspicacias la memoria Argentina. En este caso, la de un empresario. La falta de resolución judicial de otros fallecimientos hace que los argentinos resolvamos por mano propia: todo el mundo ya hace especulaciones en torno a la "oportuna" desaparición física de Horacio Guillermo Quiroga, el exsocio de Lázaro Báez.

Es así porque se trata de la persona que lo delató. En 2013, habló con Elisa Carrió para pedirle apoyo y ventiló ante la revista Noticias y Jorge Lanata lo que decía saber y quería contar: que Báez, su socio, le respondía directamente a Néstor Kirchner.

Pudo haber sido despecho porque lo dejaron en la calle, o no. ¿Cómo saberlo si la Justicia nunca dijo nada tampoco de eso?

Este martes, después de la de Alberto Nisman, enormemente dramática por lo que representa la muerte de un fiscal de la República a días de denunciar a la presidenta en ejercicio de traicionar a la patria, la muerte de Quiroga vuelve a ser un tema que queda a criterio del público porque la Justicia no estuvo o, al menos, no estuvo a tiempo. Y la Justicia que llega tarde no es justicia. En muchos casos, puede representar la muerte, aunque no sepamos a ciencia cierta si es éste el caso.

Volvemos a un tema recurrente en los análisis de MDZ: la Justicia debe dejar de ser un reality show que funciona según el termómetro de los medios de comunicación y cuyas decisiones quedan en el control remoto de los telespectadores.

Por Lourdes Di Natale, la exsecretaria de Emir Yoma que envió a la cárcel a su exjefe y al expresidente Carlos Menem por el tráfico de armas y que murió tras caer de un décimo piso; por Rodolfo Echegoyen, el brigadier que desde su puesto en la Aduana investigaba contrabando y lavado de dinero cuando fue "suicidado" en 1990; por Alberto Nisman y por Horacio Quiroga, queda mucho por decir.

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