La serpiente de los huevos

Dicen algunos que ya la vieron reptando por ahí, y anda molestando más o menos desde 2003; no me consta. Otros afirman, muy orondos, que hace muchas décadas que se instaló entre nosotros y es un viborón machazo en plan  anaconda que apenas se la evoca aparece revoleando los cascabeles de la cola, que a ellos les suenan con un estruendo metálico (tipo cacerolas) y presenta una tonalidad verde oliva o como de camuflaje. Pero eso lo veo muy discutible. Otros pocos (y cuando digo pocos es que son MUY pocos, lamentablemente) no ven ni serpiente ni huevo alguno. Solo encuentran los muchos disensos posibles en una democracia que se precie. Aún bisoña pese a cumplir ya 30 años, con cientos de imperfecciones y cuentas pendientes, con más furia de la aconsejable y demasiado ruido a la macana la mayoría de las veces, pero democracia al fin. Esos pocos son conscientes que aunque no exista la famosa serpiente, al menos hay una sombra larga y oscura quizás imaginaria que se arrastra porque le conviene a quienes sí creen que tan espantoso ofidio está presente. Pero son puras pavadas, y vamos a pasar esto en limpio de una buena vez.  

A ver: los más memoriosos, cultos o cinéfilos (y aclaro que el que suscribe no entra en ninguna de las tres calificaciones) recordarán una brillante pero oscura película alemana de los años 70 u 80 (más o menos) que relataba la gestación del nazismo  y se llamaba “El huevo de la serpiente”. Esas referencias también pueden hallarse en las adaptaciones contemporáneas del “Fausto” de Goethe y en la mucho más conocida y accesible “Cabaret”, con Liza Minelli y Joel Grey. Para los pochocleros como yo, las dos primeras de “Indiana Jones” no son mezquinas en mostrar esas tendencias. Véanlas si quieren.

Hasta acá lo que les puedo ofrecer como “contexto” artístico para lo que pretendo decirles hoy, amigos. Y no es más que declarar a los cuatro vientos (y si hubiera más también) que estoy harto hasta niveles microcelulares de que a cada idiotez con la que alguien no está de acuerdo se la califique como: “FASCISMO”...o “NAZISMO”...o “TOTALITARISMO” en acto o potencia. ¿Saben qué? ¡Me hincharon las que te dije! ¡Esto no puede seguir así! (y lo digo aún a riesgo de sonar como los de uno de los dos bandos que actualmente se disputan vaya a saber qué) Si me dejan ponerlo en letras, creo que estamos usando palabras enormes, inmensas, trágicamente desproporcionadas y de tristísima memoria para referirnos a pequeñeces. El llenamiento total de mis grandes y hermosas paciencias se produjo con motivo del reciente cacelorazo del jueves 13/09, cuando vi que algunos deschavetados desfilaban con altas pancartas que mostraban cruces svásticas. Ahí canté mi propio y personal “¡NO VA MÁS...!”. Ciertos periodistas tan despistados como apresurados supusieron que en esas manifestaciones se habían metido nazis trasnochados, hasta que las cámaras hicieron ver que se trataba de una clara asimilación gráfica de ELLA y los intentos reeleccionistas con el Nacional-Socialismo que enlutó al mundo a mediados del siglo pasado. Me calenté mal, que quieren que les diga. Al comentar esto en la mesa del lastimoso cafetín que suelo frecuentar, recibí una andanada de...”observaciones”, por decirlo de modo elegante. Y en ningún caso pude estar completamente de acuerdo con alguno de los opinadores, afortunadamente.

Allí, un querido ultra K afirmaba muy suelto de cuerpo que: “Eso indica que los malditos fachonazis son esos caceroleros de la derecha Clarinista, antipopular y destituyente que quieren frenar el proceso transformador encarado por este gobierno elegido democráticamente para devolverle al pueblo lo que el neoliberalismo malparido le quitó de manera espúrea. Esa es la serpiente que pone huevos de totalitarismo, y varias veces los empolló ante la vista de todos y nadie hizo nada. ¡Pero esta vez se terminó la joda. Ahora, el pueblo manda y vamos a descogotar a esa bicha de una vez y para siempre!” Yo lo miraba tiernamente y asentía con la cabeza pero sin demasiado énfasis. De inmediato saltó el anti Kirchnerista feroz y conservador a ultranza que no puede faltar en ninguna juntada cafetinera, para decir: “¡Puras macanas!  ¡Ahí está el huevo de la serpiente y no lo pises porque el bicho de adentro te puede picar! Este gobierno KK es el germen del totalitarismo horrible que acecha al estilo de vida que entre todos deberíamos cuidar más que a nuestro pellejo, porque debemos proteger la república presente pero cada vez menos, el futuro de nuestros hijos y por qué no el pasado de nuestros padres...no me miren así; ya sé que los viejos no se caracterizaron justamente por proteger la democracia, pero ponele que sí...total, un bolazo más que le hace...”.

En una mesa tal, bastante poblada y mejor regada, no estaban ausentes los ortodoxos de  distintas viejas guardias, que de ninguna manera se abstuvieron de opinar (especialmente después del tercer fernet por cabeza). “¡No me hagan reír que se me piantan los dientes!”  -exclamó el veterano marxista de turno- ¡El poder mimético de la alta burguesía argenta es apabullante!. No solo protestan cuando apenas intentan quitarle 10 miligramos de una miguita del bizcochuelo triple que se vienen comiendo hace dos siglos, si no que además convencen a los infelices proletarios de que tienen razón y son todos igual de victimas ante un enemigo que en realidad no existe porque forma de la misma superestructura. ¡Genial! Para peor, enseguida empiezan a acusar de 'Fachos' a esos que les piden permiso en 5 idiomas para sacarles una pelusa del bolsillo. Acá García Marquéz no hubiera pasado de ser un cronista de Tiempo Argentino. Si querés una serpiente, un huevo o lo que sea, ahí los tenés”. De inmediato saltó el peronio a la vieja usanza, uno de esos que se define como “Peronista de Péron y Evita”, y con voz potente aunque algo cascada dijo: “¡Ni ahí! Fachonazistas serán los gorilas que siempre quisieron vender que el Movimiento Nacional Justicialista estaba inspirado por Mussollini y  tonteras así. Somos (o éramos) bien autóctonos, nacionales y latonoamerícanistas. ¡Ni yanquis ni marxistas, peronistas, carajo! Y esto que está no me suena ni parecido al peronismo de paladar negro, por mucho que usen las fotos del General conducción y de Eva Capitana para nombrar hasta a los torneos de fóbal...pero qué le vamos a hacer. Nosotros sabemos y enseñamos que los fachos son los otros y el viborón no lo llevamos nosotros con una correa de perro, justamente...”.

El Radical ad hoc instalado en la mesa tomó inmediatamente la palabra: “Sepan, queridos, que nosotros los radichosos siempre defendimos la democracia como forma de vida y peleamos a brazo partido contra cualquier intento vagamente totalitario desde hace más de cien años. Así que no nos van a venir a contar lo de la serpiente esa. La olemos a la legua, y sabemos pegar el grito oportuno para avisar que viene. Y si alguien lo duda, que revise nuestro largo derrotero histórico...si, ya sé que derrotero suena a 'Conjunto de derrotas...' Bueno, eso...”.


 Así la siguieron una buen rato, ante mi atenta mirada y mis cansados oídos. Lo único que saqué en limpio es que nadie se hace cargo de la pobre serpiente y sus huevitos. De hecho, ni siquiera las personas que llevaban las pancartas nazis en el cacerolazo se dignaron a dar la cara ante las cámaras de TV. Se escondían y apenas lanzaban monosílabos ante las preguntas de los cronistas. Es dedir: todos andan graznando por derecha, centro e izquierda que nos acecha un facho-stalinismo-nazista, pero siempre el otro es el culpable. Y el otro dice: “¿Yo, señor? ¡No señor! ¡Es usted!”. Y así seguimos gastando palabras exorbitantes para cualquier tontería y tirándoselas por la cabeza al prójimo, en un ejercicio bastante lejano a un verdadero debate democrático. Mientras, el ofidio huérfano, si existe, seguro que está muriéndose de risa.

Hasta siempre


Tw: @robertomagno2