El 8 de diciembre ha pasado a ser un hito político y legal, tanto para el Gobierno como para el Grupo Clarín y su, ahora enfrentado, grupo Vila-Manzano. Aunque no es posible esperar que ese día se desate un "Armagedón".
Sucede que, según la última acordada de la Corte Suprema en el caso del famoso artículo 161 (y sus implicados 45 y 51), antes del "8-D" el mayor conglomerado de medios de la Argentina debería haber informado acerca de si tiene activos que superen la cantidad estipulada por la llamada Ley de Medios, lo que lo obligaría a venderlos o a establecer otros tipos de acuerdos societarios.
La Corte estableció que la medida cautelar interpuesta por los dos grupos no podía ser eterna y que ya caducaron “todos los plazos”, por lo cual se abre un abismo legal que, particularmente en el caso del grupo que conduce Héctor Magneto, busca sortearse con el anunciado desconocimiento a las futuras resoluciones de la Autoridad Federal de Servicios Audiovisuales (AFSCA) por no contar su directorio con los representantes de la oposición.
Este “manotazo”, sólo una forma de comprar tiempo de Clarín, hace caso omiso al hecho de que con esta misma composición, la que tuvo desde el comienzo de su vigencia como sucesor del COMFER, el organismo tomó resoluciones que Clarín aceptó sin cuestionar su legitimidad.
De cualquier modo, el 8 de diciembre se abren nuevas instancias legales. Hasta ese día, el Grupo Clarín tendrá tiempo de informar a la AFSCA sobre si, según prohíbe la norma, dispone de más licencias de las que debe. Si, como es previsible, la negativa a informar continúa, el organismo podrá aplicar las sanciones previstas, las que, de máxima, incluyen el cese de las licencias. Pero a partir del 7 de diciembre, Clarín deberá empezar a dar cumplimiento a la norma y ya no podrá excusarse.
Según le aseguraron agacetamercantil.com al menos dos fuentes vinculadas al mercado de medios, los movimientos en el Grupo son incesantes. Un sobrino de Magnetto, el también contador de Chivilcoy Pablo Cassey, viene teniendo un rol importante en algunas cuestiones, pero no lleva las riendas de las negociaciones secretas para que el grupo se desprenda de algunos activos importantes como Canal 13. Ahora, ¿quién tendrá la espalda suficiente y la posibilidad de encarar y, sobre todo, justificar tamaña operación? ¿O una mayor, como la del traspaso a terceros de al menos parte de Cablevisión, con 2,5 millones de clientes, una operación de varios miles de millones de dólares?
* Director de gacetamercantil.com