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¿Han visto "The Newsroom"? Es una serie de reciente estreno que puede seguirse por HBO. La historia central pasa por un pesimista Will McAvoy, el principal rostro de una cadena de noticias. Las tramas profundas nos llevan, tan ágilmente que cuesta seguirlas para quien no está informado sobre la coyuntura norteamericana, sobre los principales conflictos político-económicos de la Era Obama.
Los guionistas de la serie producida por Aaron Sorkin no temen incluir en una trama compleja que envuelve al periodismo en EEUU y las presiones de las corporaciones, de la Casa Blanca y de la misma cadena televisiva. Tanto McAvoy -encarnado por Jeff Daniels- como su productora, Mackenzie Mc Hale -interpretada por Emily Mortimer-, intentan revalorizar el rol del periodista en medio de pujas por el rating, la imposición de videos de gatitos en YouTube o el recurso de Wikipedia como fuente informativa, en un contexto donde el último momento tiene una marca 2.0. Para ello, propician un modelo de investigación basado en, por los menos, dos principios: que toda información esté basada en el contexto y en hechos.
El último capítulo, visto el domingo pasado a partir de las 21, marcó no sólo un tempo narrativo muy dinámico -uno de los puntos álgidos de una serie dramática-, sino que también puso sobre relieve las condiciones en que puede hacerse periodismo en la actualidad en una potencia en crisis financiera y decadencia cultural. Allí cobra relevancia la figura de la dueña de la cadena Leona Lansing, interpretada en este caso por la mítica Jane Fonda, que conoce de manera íntima cómo se ejercita el poder en la cúpula mediática. Fonda ha sido la esposa de Ted Turner, el dueño de la CNN, la agencia que cambió el periodismo global en los años 90 a partir de la invasión de Kuwait.
Mientras que el director periodístico de la cadena, el veterano Sam Waterston -oficia de Charlie Skinner- defiende la cobertura política de las elecciones -que reflejaron el avasallante paso del sector más conservador de los republicanos al Congreso, en medio de la crisis financiera de Estados Unidos-, la CEO se pregunta: "¿Qué pasó con las historias humanas y toda esa basura?"
En el corazón de este conflicto ético se encuentra el modelo periodístico tan propio del mito norteamericano sobre la democracia y el principio de la libertad de expresión: la información es aquel valor que permite tomar mejores decisiones al ciudadano en calidad de votante.
En Argentina, asistimos a una descomunal pelea entre el Gobierno nacional y una corporación mediática. Una guerra atravesada por intereses políticos y económicos.
Una puja que tiene complejos niveles de trama y que se hace visible a través de medios y de redes sociales. Tramas que ponen en discusión -una vez más y van- el rol del periodismo. Si en los 90, las denuncias sobre corrupción que pesaron sobre el menemismo posicionaron a los medios en un lugar incómodo -la Justicia, en medio del declinar de la institución judicial con una Corte Suprema adicta a los dictámenes del entonces gobierno-, el kirchnerismo ha optado por colocar a determinados periodistas en el rol de la oposición.
Los principales partidos políticos que conforman el arco opositor actúan por reacción al Gobierno nacional. La misma debilidad política de la oposición favorece este posición adoptada por el periodismo o por ciertos periodistas, un lugar que tal vez no esté pedido pero sí que es otorgado.
En el fondo, este Jorge Lanata "opositor" de hoy lo encontramos lejos de aquel Lanata que cuestionaba la manipulación de Clarín, tal como puede verse en este video. Este Lanata de la "opo" finalmente es funcional al kirchnerismo, a una de las principales virtudes políticas del oficialismo: la capacidad para construir rivales. El Jorge Lanata "opositor" es funcional porque responde a la lógica sin grises del enfrentamiento entre el Gobierno nacional y el Multimedios Clarín. Una operación política de abstracción de cualquier contexto.
A la multiplicidad de medios de comunicación que ofrece Clarín, el Gobierno le contrapone una batería de recursos con todo el peso del Estado y de sus inversiones en grupos económicos aliados.
Desde la deconstrucción del discurso opositor en los programas de Diego Gvirtz -entre 678 y Duro de Domar-; la reducción de la principal agencia de noticias estatal, Telam, a los intereses partidarios; la utilización de la publicidad del Fútbol para Todos y la puesta en escena de la cadena nacional; hasta el nivel máximo de cohesión partidaria que pueden lograr los llamados "twiteros K" en imponer hastags en la red social de microblogging en menos de una hora.
A nivel local, el sitio web "Kirchneristas de Mendoza" -denunciado por Lanata y ya borrado del sitio por sus propios hacedores- pone en juego una versión moderna y nac & pop -o zas & plop- del macartismo ilustrado: una lista donde se puede delatar a todo aquel que sea "enemigo" o "traidor" al oficialismo, lo que incluye no sólo periodistas de pantalla caliente, sino también "compañeros" que critican alguna medida de gobierno.
Lo que se dice, la más genuina muestra de kirchnerismo torpe -porque, sí, hay un kirchnerismo inteligente- y que actúa en consecuencia a los escraches a periodistas, principalmente, los de Clarín.
El aval político que otorgó el gobernador Francisco Pérez y el Partido Justicialista al cuestionado Fiscal de Estado, Joaquín de Rosas, marca un aspecto de este conflicto. El polémico fiscal es acusado por no defender los intereses de la provincia y favorecer con sus fallos los intereses comerciales del Grupo Vila-Manzano. Precisamente, este grupo que en un pasado reciente cuestionó la sanción de la Ley de Medios, se muestra ahora como aliado al Gobierno nacional y mantiene la mira puesta en Cablevisión, como botín de guerra.
¿Habrá habido alguna indicación del Gobierno nacional hacia el peronismo mendocino para haber quedado tan pegado a esta defensa?
Lo paradójico es que en su lucha contra la "corpo mediática", el Gobierno nacional alienta y estimula a otras corporaciones mediáticas.
No hay información objetiva, recordando al maestro Omar Gais -vía Daniel Bougnoux- en las aulas de Ciencias Políticas de la UNCuyo. La Leona Lansing de Jane Fonda nos recuerda en el último capítulo de "The Newsroom" una lección brutal, el límite con el que chocan de bruces -perdón por la licencia- la información y la democracia: que la industria mediática y la clase política se necesitan mutuamente, porque comparten intereses económicos.
En el medio de esta pugna entre el Gobierno nacional y el multimedios Clarín, hay dos variables de ajuste.
La información y el ciudadano.