Una historia de terror

El médico Miguel Lisanti reflexiona sobre el aborto no punible.

Hace unos días fui al Teatro Independencia, debo confesar que yo soy de esos sujetos que no puede permanecer sentado mucho tiempo, aquella noche tocaba Altertango y El Astillero.

Yo apenas llego al teatro me entretengo mirando a las personas, observo como se visten, huelo el olor a naftalina de los tapados de zorro que llevan algunas damas, a veces huelen a hojas de laurel.

Durante el espectáculo me levanto varias veces de puro inquieto no más: voy a mirar la bandeja de sonido, voy al baño, vuelvo a la sala, escucho desde el pasillo y siempre termino conversando con alguien de la entrada. Aquella noche había un señor mayor, (que yo) bastante entrado en años, trabaja desde hace mucho tiempo en ese sitio, a mí me llamó la atención su palidez, él me contó que cierra el teatro cuando todos se han retirado, y me dijo algo que nadie sabe, si Ud. lo está leyendo?, ya sabe, chito la boca, shhhhh. Parece ser que a esa hora se escuchan gritos que vienen de la nada, estruendos del silencio, ruidos de cadenas, y alaridos inentendibles, sólo una que otra vez se escucha claramente la palabra: guardia!!!!. De allí me fui pensando... Antes de partir, saludé al hombre de tez pálida, su mano estaba fría, fría como el mármol. (Estoy creando un clima Poe).

Presuroso y aterrado recorrí las calles hasta el estacionamiento, parecía no llegar nunca, es en esos momentos en los cuales el tiempo parece relativo, es allí cuando todo se hace eterno.

Pasó el tiempo... hoy leo en el MDZ una nota, en ella cuenta que allí estaba la penitenciaría a principios de siglo y que, por decisión del Gobierno de Carlos W. Lencinas, allí se construiría el Teatro Independencia, el Hotel Plaza y el Casino de Mendoza, entonces en mis circuvoluciones las sinápsis neuronales unieron todo el proceso de pensamiento y descubrieron el origen de los gritos, de esos gritos que aún hoy viven en el aire. La nota decía que Lencinas ordena en 1.922 la construcción de los edificios y al cabo de un par de años la obra estaba terminada.

En Buenos Aires, en el mismo año de 1922, la legislación penaliza el aborto, con las excepciones que trata el artículo 86 del Código Penal, incisos 1 y 2. Ese artículo habla de la despenalización del aborto en el caso de que corra peligro la vida de una mujer.

Llamativamente, las obras de Lencinas estuvieron listas en un par de años, en cambio, en la Patria Grande pasaron casi 100 años para que la Suprema Corte de Justicia se expidiera en lo referente al Aborto no punible, siempre se discutió y se demoró todo por la interpretación del artículo 86.

La última Corte que logró atajar todos los penales del Código fue la Corte Suprema Neoliberal Clerical Menemista, hasta que la nueva Corte, tomando como guía lo sugerido por la Organización Mundial de la Salud y bajo pena de Naciones Unidas de sancionar a los países que no acaten esa sugerencia, sanciona en el año 2011 el Protocolo de Aborto no Punible: ya hay 12 provincias que han ordenado su acatamiento, algunas con modificaciones, como Salta. ¿Nosotros en Mendoza?, agua. Una legisladora  me contó que se trató en la Cámara de Diputados y de allí partió hacia el Partenón, y de allí nunca más se supo nada, tan solo la Dra. Sara Papa se ha expedido al respecto favorablemente, cosa que celebro y cerebro.
 
El expediente del Protocolo permanece escondido en algún cajón, es como Wally, cuesta encontrarlo, pero mientras tanto, el hecho de no acatar su cumplimiento en nuestra provincia es un hecho de Violencia de Género.

Ud. va a pensar:  ¿qué tiene que ver el chancho con el dulce de leche no?, ¿que no tiene nada que ver el comienzo con el final? bueno, yo pienso que es una sola historia, una historia de terror que todavía no termina...

Miguel Lisanti