Yo quiero ser como Aníbal

En declaraciones a radio Continental, el senador Aníbal Fernández  dijo: "Tengo dólares porque se me antoja; hago lo que quiero con mi plata". Yo en el café le dije a un amigo: ¡Yo quiero ser como Aníbal! También me gustaría poder hacer lo que quiera con mi plata, lástima que la AFIP no me deja.

Si tuviera la posibilidad de preguntarle algunas cosas al Senador lo primero que se me ocurre es:

¿Cómo explica el hecho de llegar a tener que imponer medidas de control de importaciones y de control de cambios, que están produciendo enormes dificultades en la marcha de la economía al punto de comprometer la importación de insumos básicos de la industria y otras actividades, cuando el país durante una década ha tenido saldos positivos de la balanza comercial y de la cuenta corriente de la balanza de pagos de una magnitud excepcional?. Es decir, ¿cómo después de tantos años buenos y de un contexto internacional favorable, y que lo sigue siendo, se llega a esta situación?

Otra cosa que se me ocurre es ¿Cómo explica la fuga de capitales habida en un país que ha tenido, como nuestros vecinos, un crecimiento sostenido en un contexto internacional excepcional para nuestras economías que abre enormes oportunidades para la inversión y la diversificación económica?

Cuando, como economista, intento buscar alguna explicación a las recientes medidas de trabar las importaciones y de limitar (actualmente “anular”) la compra de dólares, todos los análisis me llevan a 2 respuestas: inflación y desconfianza en un gobierno que, debido a su soberbia y su vocación autoritaria, ha perdido el respeto a toda norma, compromiso o coherencia.

El país sigue favorecido por un contexto internacional de demanda sostenida y precios elevados para las materias primas. Esto permitió en los últimos 10 años un ingreso de dólares desde el exterior sin precedentes que se mantiene en el tiempo y que, por razones estructurales, no es previsible que cambie.

Pero algo debe haber cambiado en estos últimos años que justifique estas medidas. Al respecto sería importante prestar atención a hechos evidentes, en vez de encerrarse en negaciones voluntaristas para ocultar la realidad.

Así por ejemplo,  el tipo de cambio desde el 2007 hasta ahora se ha depreciado poco menos del 45% y la inflación real alcanzó en el mismo período 150%. El resultado: aumento de los costos en dólares para las empresas y una consiguiente pérdida de competitividad en el extranjero. Esto llevó a que las exportaciones crecieran cada vez menos y las importaciones cada vez más achicando el superávit comercial. Cuando se percibió que el tan deseado superávit podía desaparecer: medida para limitar las importaciones y forzar un resultado positivo de la balanza comercial.

El otro problema es la pérdida de reservas. Desde el 2003 la economía argentina acumula reservas año tras año pero en el 2011 se perdieron 6.100 millones de dólares (en realidad fueron 11.000 MM pero el BCRA recibió préstamos del exterior por 5.000 MM). El principal motivo: los ahorristas quieren ahorrar en dólares, y si es posible, fuera del país (fuga de capitales).

Y es que es lógico. Como no puede ser de otro modo, la inflación erosiona la capacidad adquisitiva de la moneda y por lo tanto ésta pierde una de sus principales funciones, la de “depósito de valor”, lo que hace a las personas huir de ella y refugiarse en activos que lo preserven, entre los que tiene un papel relevante el dólar.

Además, la gente que ha percibido el atraso cambiario y la negativa necia del problema de la inflación, mira con preocupación el  avasallamiento a las instituciones y la inseguridad jurídica que provoca. Todo esto hace que tanto los pequeños, medianos y grandes ahorristas comiencen a volcarse al dólar para resguardar sus ahorros, y en algunos casos, los que tienen posibilidades, los sacan del país.

Esto ocasionó una hemorragia mensual creciente de dólares durante todo el 2011, llegando a más de 3.000 millones de dólares mensuales. Situación insostenible que tuvo como respuesta, no la corrección de las causas que la producen, sino el absurdo económico del  cepo cambiario. No se permite atesorar dólares porque no se permite comprarlos.

Cuando se analizan las medidas tomadas lo primero que sale a la luz es que ninguna de ellas soluciona los problemas de fondo ni sus causas. Ni la inflación es atacada (ni siquiera es aceptada) ni se trabaja en post de la confianza y la certidumbre (más bien con estas medidas se va en el camino contrario). La cuestión es si estos parches pueden resistir y a qué costos.

En efecto, la traba a las importaciones empieza a limitar a la producción debido a que el 80% de ellas son bienes de capital, sus repuestos, bienes intermedios y combustibles. Con lo cual, la inversión disminuye y la actividad se desacelera.

Además, el cepo cambiario agrava la situación en el mercado de divisas ya que desaparece la oferta voluntaria de dólares y el dólar blue amplía su brecha con el oficial. A pesar de que el mercado de dólares paralelos es chico, las consecuencias negativas son grandes. Se han desanclado las expectativas inflacionarias y generado una aceleración en la tasa de inflación (los agentes económicos comienzan a ajustar precios con el dólar paralelo) que dificultará que los salarios reales mejoren. La inversión, también dependiente de las expectativas sobre el futuro y de la libertad para pagar dividendos ha sido dañada y las limitaciones para comprar divisas han herido también de gravedad al sector de la construcción, que ha perdido el combustible básico para concretar sus transacciones: los dólares.

Con estas medidas se ha puesto un parche a la pérdida de reservas pero no se ha solucionado ninguna de las causas que la generan. Los costos a medio plazo son enormes, sacrificando empleos, salarios y crecimiento.

Sería bueno que el señor senador Fernández hiciera un esfuerzo por proponernos como salir de esta encrucijada que parece afectar, según sus propias declaraciones, no a los funcionarios oficialistas sino a los ciudadanos de a pie, que como yo, nos vemos sometidos a la arbitrariedad y el autoritarismo. El país que plantea el senador parece ser aquel de que “todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros”
Rodolfo Montero