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El anunciado cisma se produjo. Habrá al menos dos CGT, una conducida previsiblemente por el metalúrgico Antonio Caló, y otra liderada por el ahora combativo Hugo Moyano. La primera tendrá una impronta oficialista y la segunda, un tono opositor.
Como ocurre históricamente en el sindicalismo argentino, la división se da por razones bien específicas, vinculadas con la lucha por el poder dentro de ese amplio espectro que culturalmente se conoce como peronismo, de ningún modo porque se sustenten valores o ideas antagónicas.
Los opositores al actual líder de la central sindical, Hugo Moyano, impugnarán el llamado a las elecciones del 12 de junio, según se supo este martes. Lo confirmó Carlos West Ocampo, uno de los principales referentes del antimoyanismo. Y como la viceministra de Trabajo, Noemí Rial, ya había adelantado que la cartera laboral intervendría si se producía un pedido en ese sentido, el quiebre de la CGT está garantizado.
West Ocampo, titular de la Federación Argentina de Trabajadores de la Sanidad (FATSA), indicó: "Vamos a seguir todos los pasos formales, pero no puede haber congreso para renovar a las autoridades de la central obrera si no se ha cumplido con todas las normas estatutarias".
El apoyo de la presidente Cristina Kirchner a la facción de Caló y su enfrentamiento con Moyano son un mensaje hacia el fituro: de ahora en más el “neokirchnerismo” (o el “cristinismo”, si se quiere) pondrá el acento en los sectores “industriales” del gremialismo local y dejará de lado a un sindicato de “servicios” como es el de los camioneros. Blanco sobre negro ésta fue la opción, pero desde el punto de vista político puede decirse que solo un Gobierno culturalmente peronista podía “adaptar” a sus interlocutores sindicales a sus necesidades como lo está haciendo Cristina. “Moyano se salió de madre y la Presidente no podía tolerar un desafío semejante”, interpreta un ministro sin cartera que la asesora.
Cerca del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, han buscado darle una interpretación económica a esta nueva opción: “Cuando Néstor (Kirchner) asumió (en 2003), se eligió una alianza con los sectores más primarios. Hoy, después de diez años de crecimiento, la alianza es con los sectores industriales”.
West Ocampo confirmó que hoy, miércoles, a las 17, en la sede de la Unión Personal Civil de la Nación, se reunirán todos los referentes de los gremios que se oponen a que Moyano renueve su mandato en el Congreso convocado en el microestadio de Ferro.
Y no descartó la celebración de un encuentro propio antes del 12 de julio o la de un confederal previo.
La lista de invitados para la reunión de hoy incluye a West Ocampo y a Andrés Rodríguez, Antonio Caló, José Luis Lingeri, Armando Cavalieri, Oscar Lescano, Jorge Omar Viviani, Alberto Roberti, Roberto Fernández, Luis Barrionuevo y representantes de Gerardo Martínez, que está en Suiza en la reunión de la OIT, y de Ricardo Pignanelli, que está en Japón.
Moyano ratificó este lunes, en el Congreso de renovación de autoridades de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), que irá por un nuevo mandato al frente de la central obrera.
Sobre el futuro de la conducción, el titular del gremio gastronómico, Luis Barrionuevo, continúa insistiendo en la constitución de un triunvirato, como se hizo en 2004, cuando compartieron la conducción de la CGT el propio Moyano, Lingeri y Susana Rueda.
La mayoría de los dirigentes antimoyanistas prefieren que se mantenga el actual esquema de un consejo directivo de 35 miembros, que funcione colegiadamente, lo que implica que haya consenso para las decisiones que debe adoptar la central obrera.
Este grupo de dirigentes apoya casi de manera unánime al titular de la UOM para que acceda a la titularidad de la CGT.
Dos dudas subsisten sobre los futuros realineamientos: una es si la CTA que conduce Pablo Micheli, dirigente declaradamente antikirchnerista, terminará aliándose a la que constituya Moyano; y la otra es si la que lidera Hugo Yasky terminará por sumarse a la central sindical oficialista que muy probablemente conducirá el líder del gremio de los camioneros. No pasarán muchos días hasta que estos dos interrogantes se despejen.
De cara al futuro, entonces, el Gobierno imagina dos centrales gremiales: una “moderada” y otra “combativa”. Parece difícil que, solo un año atrás, Moyano haya imaginado semejante escenario y semejante rol para él. “Hasta hace poco creía que Cristina se iba a bajar (de la pelea)”, admitió un dirigente sindical ligado al moyanismo.
No obstante, para quienes se preguntan si el cálculo de la Presidente no ha sido errado, en particular por el enemigo que ahora tiene enfrente, debe decirse que Moyano deberá dosificar muy bien su oposición al Gobierno si no quiere terminar con los pies fuera del plato.
La interna sindical sirve de telón de fondo del clima enrarecido de las últimas semanas. Un grueso error del Gobierno, el de quitarle la posibilidad a algunos miles de ciudadanos de adquirir dólares en el mercado legal, se ha ido convirtiendo en una plataforma ideal para una nueva ofensiva de la oposición mediática. Las restricciones para adquirir la moneda norteamericana vienen de antes pero esta medida, la de “secar” el mercado de divisas impidiendo la compra de algunos cientos de dólares, aceleró la espiral psicológica de las expectativas y le dio carne quienes sostienen que el problema del dólar responde a otra serie de razones macroeconómicas de fondo. Si se escucha a Miguel Ángel Broda puede coincidirse en que la actual minicrisis es fruto de la “mala praxis” del Gobierno. Pero el consultor empresario avanzó aún más y sostuvo, con una didáctica típica de la ortodoxia, que si hasta ahora estábamos, en términos del manejo de la economía, en la sala de guardia en manos de un practicante, las últimas decisiones nos han dejado en manos de un carnicero.
No cabe duda de que no existe un conductor de la economía como lo fue Roberto Lavagna. Y que la Presidente se reserva la última decisión de un “menú” de opciones que le acercan varios de sus colaboradores como Juan Carlos Pezoa, Mercedes Marcó del Pont o Débora Giorgi, entre otros. También es evidente que algunos de sus funcionarios de confianza no ayudan con algunos gestos y opiniones que se derraman como aceite entre los empresarios, con mucho de mito pero bastante de cierto. Pero a la hora de analizar con alguna mesura lo que ocurre habrá que buscar algún punto entre la presunta absoluta incapacidad del Gobierno para administrar y la sucesión de brillantes estadísticas que derrama la Presidente cada vez que habla en público.
La intervención en el mercado de divisas, ahora, huele a una fuga hacia delante, a la profundización en un proceso que se inició, como dijimos, con un manejo como mínimo torpe de las expectativas económicas y que hoy sólo resta ratificar porque un paso atrás sería todavía mucho más gravoso. La Argentina y los argentinos están dolarizados y destrabar esta patología social puede requerir de un esfuerzo soberano y de varias generaciones. Para lograr que baje algunos centavos el dólar “blue” parece mucha artillería advertirnos que, de aquí en más, vamos a tener que pensar en pesos (¿Remember Sigaut?).
Néstor Kirchner era su propio y obsesivo secretario de Hacienda pero contaba con el respaldo de un sólido ministro como Roberto Lavagna. Casi diez años más tarde, no se da ninguna de estas dos condiciones.
Julio Villalonga, Director de www.gacetamercantil.com