@robertomagno2
Estamos en épocas políticas revueltas, que duda cabe. Y el revoltijo central se origina con, en y por el Peronismo, para variar. Ciertamente, no es nada nuevo, especialmente cuando eso que funge ahora como oposición (por llamarla de alguna manera decorosa) no alcanza ni a dar risa. Ese partido (o movimiento, o patología política, como lo quieran denominar) tiene la alucinante cualidad de ser oficialismo, oposición y aún bisagra entre ambos al mismo tiempo. Algo extraordinario. Del mismo modo contiene en sus entretelas a izquierdas, derechas y centros con total naturalidad, habiendo llegado a tener (allá por los meneados años setenta) hasta una ultraizquierda y una ultraderecha, que supieron enroscarse a tiros y bombazos con todo entusiasmo a cada rato. Y eran todos peronistas, eh...guarda con acusar a alguno de no serlo, que se pudría todo. Más recientemente, vimos en dos elecciones generales consecutivas que había tres candidatos, a cual más peronista (pero completamente distintos entre sí) a la Presidencia de la Nación. Fue como que toda la sociedad le resolvió la interna al peronismo en elecciones abiertas, de voto obligatorio y con costos a cargo del erario público, o sea de todos nosotros, peronistas o no.
Estas proteicas características han derivado en un conjunto de creencias de esas que ya de tan arraigadas ni se discuten. Por ejemplo, que no se puede gobernar sin el peronismo o con el peronismo en contra; que cuando uno los escucha gritar no es que se están peleando sino reproduciéndose, como los gatos; que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista que no se atreva a armarle una interna; que cada soldado peronista lleva en su mochila el bastón de mariscal (frase de Napoleón tomada por Perón sin citar la fuente, obvio); que los únicos que pueden gobernar el país son los peronistas porque tienen la ventaja de venir con oposición incorporada como accesorio de fábrica, etc. Es abundante la fraseología respecto al movimiento fundado por el General Perón, y toda ella tiende a lo mismo: instalar o reforzar la idea de que es imbatible, que sin ellos nada puede hacerse, que son ellos o el caos. Sin duda, es una construcción que se ha dado en el tiempo, con el correr de las décadas, y no puede atribuirse a nadie en particular. Pero es una genialidad, no me digan que no. Obedece escrupulosamente a un paradigma tan legendario como cierto: La mitad de tener poder consiste en hacerle creer a otros que se lo tiene. Tal vez, el único problema consiste en que durante su formación política muchos dirigentes del mencionado palo leyeron demasiado a Hobbes (el que postuló el poder del Estado como una unidad indisoluble y superior a todo) y a Maquiavello (ese que ya sabemos) pero pasaron por alto al Marqués de Montesquieu, un preclaro pensador que presentó y casi inventó la división de poderes tal como la conocemos hoy: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Nuestros indispensables peronistas tienden a formar una sola bocha con los tres poderes, y le adosan partido, familia y amigos, llegando así a una síntesis solo concebible como PODER, a secas. Puro, duro y tan simple que hasta yo he podido deducir esto. Pero bueno, siempre se lo ganaron en buena ley y con el apoyo de las mayorías populares, conste. Eso no se discute y los legitima de acá a la China; entonces, la pelota queda en el campo contrario, el de los que no quieren saber nada con el peronismo en cualquiera de sus formas. Y por el momento, se autodestruyen en cinco segundos, como la famosa grabación de “Misión Imposible”.
Así las cosas, en el ancho y profundo mar que es el peronismo, son muchos los navegantes que quieren llegar a buen puerto (el del poder) a bordo de sus propias embarcaciones, construidas por ellos mismos, afrontando toda clase de tormentas y aún embates de otros que buscan completar el mismo derrotero. Esos navíos son las incontables agrupaciones políticas que surgen a cada rato, cuyos nombres son cuanto menos curiosos y evocan figuras o momentos de la historia nacional que se supone deben perdurar en la memoria del pueblo, si bien estoy convencido que muchos desean sepultarlos en el más amargo y profundo de los olvidos.
El primer ejemplo que a uno le llega a la aturdida cabeza es “La Cámpora”, presentada por propios y ajenos como un monstruo grande que pisa fuerte, con insaciables apetitos presupuestívoros y conquistadores...no sé si es para tanto. Ayer nomás le salió una contra bonaerense, “La Juan Domingo”, destinada a blindar a Daniel Scioli contra los embates que estaría sufriendo por parte de los soldados ultra Kristinistas salidos del vientre mismo de ese caballo de Troya humano llamado Gabriel Mariotto (a la sazón Vice gobernador de Buenos Aires y teóricamente segundo del mismo Danielito...¡Glup!).
Y hace mucho que vemos pintadas, locales, panfletos, remeras, bombos con inscripciones, gorro-bandera- y- vincha con una loca variedad de denominaciones. Está “La Bicentenario”, “Colina” (O sea “Corriente de Liberación Nacional”, que responde a Alicia K y por lo tanto también puede inicializarse con esa letra y no con C), la vieja y querida JP (Juventud Peronista) que a decir verdad viene bastante devaluada hasta que alguien demuestre lo contrario; la Juventud Sindical animada por los Moyanitos (también con acciones en baja luego de la pelea de capo Cegetista con la Gran Jefa Gran); anda por ahí la “John William Cook”, in memoriam de un grandisímo rebelde del peronismo; y se habla de “La Jauretche”, que recuerda a otro que de obediente no tenía nada. No ha faltado un cáustico analista político de pasado bien peronio y presente indefinible que habló desde su cueva digital de un fantasmal “Grupo Mausoleo”, dedicado a reivindicar (como si hiciera falta) la memoria del Gran Nestor para contraponer su añorado pragmatismo al “integrismo” Kristinista...O eso entendí yo. Y siguen las firmas. No pretendo ni puedo mencionarlos a todos, que me disculpen si me olvido de algunas docenas de agrupaciones, pero no es mi culpa. Y al parecer, esto recién empieza.
Hasta aquí, solo un vistazo al panorama nacional; si nos vamos a provincias que no sean la omnipresente Buenos Aires, empiezan a tallar otras características: Por ejemplo, los clásicos “Azules” y ciertos “Neo-naranjas” en Mendoza, los pro y los antimineros en La Rioja (tan identificados con una u otra posición que se desdibuja la evidencia de que todos son peronistas); y más al sur de la nación no faltan los RadiKales bien K que por ahí agarran una gobernación o varios municipios y se vuelven más Krichneristas que los más peronistas necesitados de caja que hubiere; o los agrupamientos sociales también urgidos de fondos o directamente creados con plata estatal para mayor gloria del movimiento Nac & Pop que suman alegremente sus marchas, siglas, piquetes, subsidios y otras yerbas de beber o fumar. Y lo que venga.
Para terminar, me permito sugerir algunos nombres para futuras agrupaciones de esas que se multiplican y parece que dividen pero en realidad suman sin restar (si no lo entendieron, que venga Paenza y lo explique). A ver: “La Evita con Rodete”; “La Pocho en Motoneta”; “Juventudes Peronistas Empastilladas”; “La Perón con los Caniches”; “La Isabelita Pateando a Lopez Rega”; “Agrupación Más gorila Será tu Hermana”; o bien “Clarín Tomá de Acá”. Los dejó a la distinguida consideración de los militantes de turno.
Y de paso me despido hasta la semana que viene.