La señora Presidenta suele recordar que, aunque nacida en La Plata, su lugar en el mundo es El Calafate. Ella venía de unos días con un humor de perros y esta semana quedó claro que el Sur le sienta bien.
Se la vio espléndida, abrumadoramente elegante en Ushuaia, en el acto por los treinta años de Malvinas. Habló desde allí, con sensatez y sentimiento.
Nada que ver con Sense and sensibility , la conmovedora novela de la británica Jane Austen que describe el duelo entre lo que hoy llamaríamos el “deber ser” y las emociones.