Cristina, el dolor de cabeza y las velas aromáticas

Considerando la profunda molestia que le deben causar a la señora Presidenta las patinadas de su señor vicepresidente, que amenazan con ir de mal en peor, a lo mejor haya preferido las velas con perfume de cedro, que inspira optimismo y, sobre todo, calma la agresividad. Aunque viendo cómo viene el caso Boudou, es probable que no haya vela que alcance. Julio Blanck en Diario Clarín.

La señora Presidenta suele recordar que, aunque nacida en La Plata, su lugar en el mundo es El Calafate. Ella venía de unos días con un humor de perros y esta semana quedó claro que el Sur le sienta bien.

Se la vio espléndida, abrumadoramente elegante en Ushuaia, en el acto por los treinta años de Malvinas. Habló desde allí, con sensatez y sentimiento.

Nada que ver con Sense and sensibility , la conmovedora novela de la británica Jane Austen que describe el duelo entre lo que hoy llamaríamos el “deber ser” y las emociones.

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