He notado, no sin algo parecido al pavor, que muchos de nuestros conciudadanos valoran mucho y bien el hecho que un dirigente de cualquier palo tenga una poderosa labia, y tanto más si es político. Ok, convengamos que es una condición ponderable, porque la capacidad de comunicarnos (de la cual la calidad oratoria es parte importante) hace a la vida misma, ni más ni menos, y a la posibilidad o no de relacionarnos e interactuar. Hasta ahí, todo bien.
Pero también digamos que (como suelen manifestar los economistas) es una condición necesaria pero no suficiente. Además de hablar, hay que hacer otras cosas, y hacerlas bien. Muchos ex gobernantes argentinos confundían su función (gobernar, precisamente; o sea, administrar lo público) con viajar y decir discursos, y hacían lo primero con el entusiasmo de quien juntando 10 millas más se gana un crucero de un mes por el caribe con todo incluido y lo segundo como si les dieran un dólar por cada palabra pronunciada. Después, a la hora de los bifes y la acción, poco y nada. Ahí empezaba a tallar otra de las características argentas: dejar que las cosas se pudran y empiecen a apestar, y recién entonces le metemos mano. Esto último no siempre puede decirse del actual gobierno K, ya que las transformaciones son muchas, evidentes y distan de estar concluidas. Además, y haciendo algunas escasas salvedades que podemos encontrar en los pocos meses que pasaron desde las últimas elecciones hasta hoy, ha manejado la “agenda social” con mano férrea y con “una pequeña ayudita de mis amigos” (Beatles dixit, aunque yo prefiero la insuperable y deforme versión de Joe Coker en Woodstock): la flagrante inutilidad de la oposición político-partidaria para imponer temas y desarrollarlos en el debate público. En eso (y no solo) los políticos profesionales anti K son unos perfectos inservibles, y pareciera que les gusta serlo.
Pero no nos vayamos por las ramas, como le dijo Tarzán a Chita un día que él no quería ir a laburar: Si es por discursear tupido, nadie como estos. Y ÉSTA en particular, la Presidenta de todos y todas los argentinos, argentinas y por qué no argentinitos. Se habla la vida, y cómo. Veníamos de escucharla todos los días pares y los impares también en la cadena oficial o la cadena oficiosa (los medios amigos) para hablar de todo, pero este último jueves llegó al summum del colmo de tope del no va más...por ahora. Como sabemos muy bien, en la apertura de las sesiones ordinarias (por no decir berretas) del Parlamento se clavó un discursito de 3 horas y cuarto, apenas. ¿Será que, con Chavez en boxes, quiere matarle el punto y superar esos sobrehumanos records discursivos del boludivariano? Qué se yo, soy un pobre pelagatos del montón, a mi no me pregunten. Pero que lo hizo, lo hizo. Y no dejó tema por tocar...bueno, es una manera de decir, porque algunas cositas espinosas no fueron mencionadas: inseguridad, inflación, Boudou-gate, los cerrojos comerciales que pone Moreno y pueden paralizar varias actividades muy sensibles, el largamente denunciado reparto de la publicidad oficial, la represión en varias provincias gobernadas por amigotes, etc. Bueno, tampoco le vamos a pedir que hable absolutamente de todo lo creado, porque si no todavía estaría ahí.
Igual, ese banquete oral dejó harta tela para cortar, y pinceladas de color que son muy valoradas por aquellos que gustan encontrarle la sexta pata al gato, no ya la quinta (como quien suscribe). Por ejemplo, el rol de la verdadera heroína de la jornada, la que acaparó todas las miradas y los más enjundiosos comentarios: ¡La traductora para sordomudos! Algunos temían que, por tantos gestos como hacía y con semejante velocidad, en cualquier momento saliera volando cual helicóptero. Otros, más solidarios, pedían para ella un poco de piedad, un vaso de agua o un kinesiólogo que la asistiera cuando todo terminase, porque habrá quedado como Rafael Nadal después de la final de cinco horas cincuenta y tres minutos contra Djokovic en el último Abierto de Australia. Y en el nuevo gran foro argentino, en el ágora digital del país, en ese campo de batalla por excelencia de estos tiempos tan virtualizados (Twitter, obvio) llegó a ser el principal “TT” argentino, con el “hashtack” #Lamuda. Algunos de los comentarios eran desopilantes. Por ejemplo: “He vivido equivocada, dándole a las mancuernas para tonificar los brazos, pero resulta que lo mejor es traducir discursos de CFK”. O “Está haciendo más ejercicio que Stallone en Rocky 4”; también: “Esta noche le van a tener que dar la comida en la boca, porque no podrá ni levantar una cuchara”. Y miles más por el estilo, demostrando algo que siempre supe: los argentos tenemos un humor insuperable, absolutamente único, incomparable, fulminante, increíblemente rico en ironía y capacidad de observación. Lógico; si no fuera así, pobrecitos de nosotros: tendríamos la tasa de suicidios más alta de la galaxia, o directamente no existiríamos ya.
Oooooootro tema, como dice un periodista de “La corpo”: durante más de una semana se especuló con que en esta oportunidad Kristina haría algún anuncio explosivo respecto a YPF, como que sería expropiada, intervenida y cosas así de horribles. No sucedió eso, y apenas aseguró que su gobierno haría hasta lo imposible para que la empresa produzca más y cubra las necesidades nacionales de combustibles. Pero claro: alguno se forró de plata... ¿como?...muy simple: con semejantes rumores en los siete días previos, las acciones de la petrolera cayeron a mínimos históricos, se abarataron muchísimo, y en un par de días anteriores a que ELLA arrojara su mega discurso, algunos vivarachos aprovecharon para comprarlas; luego, no pasó nada de lo augurado y las acciones levantaron sus precios como la espuma en la misma jornada, generando cuantiosa diferencia. ¡Cool! ¡Que capos los que hicieron esa! ¡Yo quiero ser amigo de ellos! Pero claro: sabían lo que la Gran Jefa iba a decir. O lo que no iba a decir, para ser más preciso. Para eso tenés que estar metido en el centro del núcleo del carozo del medio del meollo de la cosa, y son bien pocos los que llegan ahí. Obviamente, hablamos de maniobras que no son ilegales, pero sí muy criticables desde un punto de vista ético, republicano y democrático...aunque, para serles sincero, yo muero de envidia, que quieren que les diga.
Párrafo aparte merecen las toneladas de palabras que le dedicó al Jefe de Gobierno de mi Buenos Aires querido: le dio para que tenga, archive y reparta. Me parece que ni los más memoriosos y longevos recuerdan semejante diatriba de un Presidente contra un rival político en circunstancia institucional de tal solemnidad como es la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Algunos medios hablaron de la “pelea” con Macri, pero este humildísimo escriba piensa que no hubo tal, por que la Presi le pegó como lo hace un experto boxeador a la bolsa de arena con la que entrena: sin esperar ni recibir ninguna clase de respuesta. Con y/o sin razón, lo calzó como jamás se ha visto. Un verdadero descuartizamiento público, que no pocos consideraron como el reconocimiento del hijo de Franco como opositor número uno con vistas a 2015, y por eso la paliza, para que vaya entendiendo como son las cosas en este barrio. Veremos.
También ligaron tupido los maestros, los ingleses, las corporaciones mediáticas (Clarín y sus satélites, bah...), los países centrales o lo que queda de ellos, los organismos internacionales de crédito y algunos otros. Es decir que un discurso sobre “El estado de la nación” (como llaman los norteamericanos a este mismo trámite anual) terminó siendo una repartija de palos en todas direcciones. No creo que por eso estemos desvirtuando nada, porque cada país tiene sus costumbres, cada gobernante su estilo, y no hay manual que diga lo que hay que manifestar en esas señaladas circunstancias. Si, pero lo del jueves pasó algunos límites...no se bien cuales, pero veo que muchos quedaron con la misma sensación que tiene este gil. En fin...
Hasta la semana que viene, si es que viene.