Al parecer, la reforma de la Constitución de Mendoza es para algunos más importante que cambiar el auto. Sabemos que esto no es así para todos, sino, no se entiende que una persona pueda pasarse días y/o semanas revisando clasificados para cambiar el cochecito, y sin embargo se enoje por la sola posibilidad de tener que ir un domingo un ratito a la escuela del barrio a votar por una lista de candidatos a reformadores de la Carta Magna.
Imagínese Ud., que si nos molesta ir a elegir Gobernador o Presidente (que son quienes van a fijar las políticas que más van a influir en el precio de nuestro próximo auto), ¿cómo no nos va a molestar ir a elegir a quienes van a decidir cómo vamos a ir a elegir a ese dirigente?
Así las cosas, de nada vale plantear si la reforma debe ser integral o parcial, si esta reelección sí o no. Mientras los electores no estén interesados, su elección va a ser desganada y el tiro va a salir para cualquier lado. En este contexto, que el resultado sea una buena Constitución es por supuesto una posibilidad, como tantos otros posibles. De todos modos, que quede claro algo: aún una sociedad desganada y desinteresada tiene derecho a elegir a sus dirigentes, y es bueno que así sea, pero no nos rasguemos después las vestiduras cuando los representantes estén a la altura de las circunstancias en las que fueron electos.
En definitiva, y en mi humilde opinión, hay una instancia previa a cualquier reforma, que debe llevarse adelante más temprano que tarde para poder finalmente tener una Constitución modelo siglo XXI: la concientización social, responsabilidad no solo de la clase dirigente, sino también de los medios de difusión y de todos y cada uno de los ciudadanos comprometidos, que deberán contagiar su interés a sus vecinos, amigos, parientes, y a todo el que se les cruce.
La tarea es muy ardua para ser encarada por pocos.