Por lo que ven en la superficie, algunos ultrakirchneristas comienzan a imaginarse un 2013 mejor que el año que se va, tanto en el plano político como en el económico. Como decimos, tal proyección pertenece a aquellos que solo pueden captar lo superficial, y que encima no le ven defectos al programa político del oficialismo.
¿En qué se basan para pensar así? En primer lugar consideran ya ganada la guerra contra el Grupo Clarín, descontando un fallo enteramente favorable de la Corte Suprema; en segundo término, repiten que la economía brasileña comenzó a “rebotar”, lo que indefectiblemente regresará a la Argentina a un sendero de crecimiento que, en los últimos doce meses, fue casi nulo; también consideran que la “estrella” de Hugo Moyano comienza a apagarse y se congratulan de la visión y la valentía de su jefa, Cristina Kirchner, al decidir una confrontación en toda la línea con el líder de los Camioneros; finalmente, creen que obtendrán un resultado en las urnas a finales de 2013 que les permitirá retomar el sueño de la re-reelección de la Presidente.
Claramente, esta facción –es eso– considera que el peronismo es el principal enemigo del “cristinismo”.
Sobre el enfrentamiento entre Clarín y el Gobierno no volveremos a escribir en esta columna hasta tanto una sentencia de fondo defina la constitucionalidad de la tironeada Ley de Medios. Solo resta saber, tal como anticiparnos, la postura del Ejecutivo nacional será la que prime entre los cortesanos. (De igual modo, aunque el Gobierno consiguiera un fallo favorable está demás decir que no acabarían, mágicamente, muchos de los problemas que el kirchnerismo enfrenta, tanto los generados por sí mismo como por otros.)
En cuanto a la eventual reacción económica del principal socio de la Argentina en el Mercosur, la biblioteca se divide. Hay consultores que ya creen ver la luz al final del túnel pero también hay, más inclinados al sector financiero, quienes creen que en la actualidad sólo se escuchan cantos de sirena. O que incluso la suba del PBI brasileño no alcanzará en 2013 para sacar de este sopor económico, por sí solo, a nuestro país. Un capítulo aparte merece el “colchón” del campo con lo que se prevé será una muy buena cosecha, ayuda a la que los ultrakirchneristas le atribuyen poderes casi absolutos para vencer los problemas derivados de la crisis mundial y de los propios condicionantes impuestos por el Gobierno a la economía local.
La pulseada con Moyano es un tema aparte. Es cierto que en su nuevo rol de dirigente político el titular de la CGT-Azopardo ha mostrado una torpeza llamativa, pero el Gobierno debería admitir que hasta él es capaz de aprender y que podría convertirse en un pesado lastre para una Administración “de salida”, después de 2013. O incluso antes con su proyecto de Partido de la Producción y el Trabajo (PPT), un símil apurado de PT brasileño.
Moyano, por otra parte, le aporta a cualquier proyecto opositor una pata sindical que hasta aquí no tenía, más allá de la existencia de la CGT Azul y Blanca del inefable Luis Barrionuevo. Los K de “paladar negro” se solazan marcando que este reagrupamiento oportunista entre el camionero, Barrionuevo y Pablo Micheli, de la CTA disidente, es una “banda de impresentables”, pero un repaso por los aliados –o presos– del kirchnerismo muestra la notable incapacidad que ha tenido para construir una herramienta política que esté a la altura de aquellos sectores que dice representar.
En cuanto a las elecciones de mitad de mandato, poco es lo que se puede aventurar a casi un año vista. Parece consistente que la pérdida de imagen positiva de Cristina se ha venido registrando más en los sectores medios bajos y bajos que en los medios y medios altos, más allá de las presunciones. La importancia de esta medición actual es opinable, de cualquier modo. Al menos en el primer distrito electoral, la provincia de Buenos Aires, si el Gobierno mantiene la economía en un sendero de alto consumo, inflación más moderada y crecimiento aceptable, tal estado de cosas facilitaría la performance de los candidatos del oficialismo. Cualquier caída por debajo de estas perspectivas, o aún peor, un deterioro visible de la economía, echarían por tierra definitivamente con el proyecto político de la Presidente, que siempre fue llegar al 2015 con las fuerzas intactas como para poder “entornar” a Daniel Scioli, el único candidato posible del “modelo”, y avanzar hacia un kirchnerismo sin Cristina Kirchner. O, mejor, con ella pero en las sombras.
No obstante, son evidentes las dificultades que enfrenta la Presidente para darle forma a su instrumento político. Con los sectores “técnicos” de “La Cámpora” ha conseguido ocupar algunos lugares estratégicos de la conducción del Estado, pero en su mayoría son dirigentes jóvenes que están haciendo sus primeras armas en la gestión estatal en segundos y terceros planos. Como desconfía de lo que queda del peronismo, representado hoy más que nada por algunos gobernadores y varios intendentes del Conurbano (cualquiera en su lugar pensaría igual), Cristina se encuentra entre varios fuegos. O encima de ellos. El más mínimo traspié es tenido en cuenta por esos “caciques”, que se muestran nerviosos por la indefinición del futuro poder y proclives a “conversar” con varios de los que quedaron fuera del esquema del oficialismo, que por otra parte son muchos.
Es más desde estos sectores que desde la impávida oposición que se escuchan las advertencias privadas sobre el presunto “autismo” de la Presidente, de la falta de límites y del aislamiento que padece. Son verdaderos “bocatto di candinali” para “Clarín” o “La Nación”.
A diferencia de lo que ocurría con la última etapa de Juan Domingo Perón con quienes lo entornaban, Cristina ha sido la que construyó su propia fortaleza, de la que algunos salen y casi nadie entra. Este modo de ejercer el poder es el verdadero “talón de Aquiles” del “cristinismo”, lanzado hacia un partido a todo o nada que pone en juego al sistema político, ese que Cristina quiere dar vuelta como a una media. A los opositores externos e internos les va la vida en esta etapa y se comprende la reacción. Pero los que acompañan no la tienen fácil, los devora el vértigo.
Julio Villalonga es director de Gacetamercantil.com