"La orden de Zannini fue perentoria: "Venite ya a Olivos. Te espera la señora". Sentí al mismo tiempo emoción, nervios y miedo. Hacía mucho que no hablaba con ella, y los pocos que la frecuentan me venían comentando que últimamente se ha puesto difícil. No le gustan cómo están saliendo las cosas, se enoja más de lo que se desenoja, dice que está rodeada de inútiles, se pasa el día entero urdiendo maniobras contra Clarín, ve conspiraciones en todos lados y no para de pedir que le organicen actos para poder hablar".
La columna completa en La Nación