Desde mi condición de ciudadana, título que nos ha sido otorgado por el artículo 8 de nuestra Constitución Nacional, y como fundadora y presidente de Fundación PLUS-Crecimiento Ciudadano, deseo plantear, e invitarlos a reflexionar, sobre lo que en estos días sucede en nuestra provincia.
El Sistema Electoral nos obliga a emitir nuestro voto, o sea a tomar una decisión y elegir mandantes, para que desempeñen su rol y se preocupen por legislar, buscando siempre el bien común y calidad de vida de toda nuestra población.
Es así que en cada Departamento elegimos Senadores y Diputados pertenecientes a diferentes partidos, y escuchando sus promesas electorales, creyéndoles a unos u a otros, tomamos nuestra decisión.
Pero lo que ha sucedido en Mendoza en estos últimos días se asemeja mucho a una estafa a nuestra credibilidad.
No se puede creer que un Senador, que ocupa su banca desde un determinado signo político, acceda a estampar su firma en un Acta de Consenso Político y luego a los dos días se desdiga, lo que revela una falta de coherencia y transparencia en sus convicciones.
Su comportamiento lamentable se acerca mucho a lo que ya tristemente conocemos como “borocotización”.
Ante este desprolijo accionar debemos plantearnos algunas dudas:
¿Tendrá claro este Señor lo que significa el término “Ética Pública”?
¿Entendió bien su rol de MANDANTE (empleado de la ciudadanía) otorgado por los CIUDADANOS - MANDATARIOS?
¿Asume en toda su dimensión, el mensaje claro y contundente, que nos envía la Constitución, Nacional o Provincial? Quiero creer que como Legislador, debe haber jurado respeto y acatamiento a su mandato soberano.
Cuando desempeña su tarea, ¿su preocupación será como servir a la sociedad? Tengo mis dudas.
Estas actitudes (por suerte individuales) están indicando que, algunos legisladores, se desempeñan con absoluta prescindencia de valores, y desde un individualismo que solo lleva a producir un agobiamiento del sistema democrático.
La Democracia, y más para una persona que debe representarnos, no significa sólamente “declamarlo” sino, por el contrario, vivirla intensamente, porque de este modo recibimos el aire puro de la libertad, que en un “Estado de Derecho” pertenece a los individuos y no a la autoridad.
Invito a todos a no permitir que se reproduzcan actitudes como éstas, que dañan nuestros valores cívicos: la ética, el respeto total a los mandatos constitucionales y a las leyes, a las normas de convivencia, y el altruismo, como conducta rectora de nuestros actos públicos y privados.
Me permito tomar un pensamiento de José Saramago “ES HORA DE AULLAR, PORQUE SI NOS DEJAMOS LLEVAR POR LOS PODERES QUE NOS GOBIERNAN, Y NO HACEMOS NADA POR CONTRARRESTARLOS, SE PUEDE DECIR QUE NOS MERECEMOS LO QUE TENEMOS”.