Hace alrededor de 30 días que Francisco Paco Pérez se hizo cargo de la gobernación de Mendoza y no hay indicadores firmes, más allá del propio afán del Gobernador, de lo que será su gestión al frente de la provincia.
Pérez asumió con ganas: en la primera semana se reunió una vez con la Presidenta y recibió su visita en San Rafael; estrechó vínculos con la Nación y quedó mejor expectado en ese contexto que cualquier otro gobernador del Frente para la Victoria, con vistas a quién sabe qué cosas que depare el futuro, pero, por sobre todas las cosas, para tener línea directa con el poder central a la hora de la captación de fondos federales.
Un gobierno, sin embargo, no lo compone una sola persona. Un liderazgo, tampoco se mide por las cualidades que ese solo ser pueda demostrar, sino por la capacidad de movilizar, conducir y provocar resultados.
Pérez cuenta con un gabinete que está formado por funcionarios que están entre los cultores de la inercia de la gestión que acaba de terminar, los que vienen entusiasmados pero sin conocer en qué se han metido y aquellos que representan una incógnita absoluta. Podemos decir a favor, que se ve la intención de Pérez de producir una renovación, indispensable en las filas del Justicialismo.
Hilando fino, podemos decir que el primer traspié del Gobernador fue el discurso de asunción: mucho entusiasmo y poca realidad. No tuvo el equipo listo para arrancar y, por lo tanto, algunas ideas quedaron solo en ese discurso, rellenaron el espacio inicial de su tiempo en la historia de Mendoza, sin más. Eso sucedió con el "seguro de salud" que el propio ministro se tuvo que encargar de desdecir a poco de desembarcar en los pasillos y despachos de la Casa de Gobierno, proveniente de la actividad privada.
Pero en líneas generales debemos aceptar que es Pérez y nadie más quien le pone dinámica al Gobierno. Desde la decisión de apelar al recurso estético, hasta la iniciativa de viajar a Washington a presentar Mendoza como un lugar mejor calificado que la Argentina en sí misma para recibir créditos, es el primer mandatario provincial el autor e intérprete del guión gubernamental.
Estáticos, por el momento, sus ministros no dan un paso sin consultarle al Gobernador. O bien sucede lo contrario: no dan ningún paso hasta que éste los empuja hacia determinada dirección. Lo que sucede es que Pérez también es nuevo en la política y no tiene todas las respuestas -ni puede tenerlas-, para echar a rodar la maquinaria del Estado. La inercia, en su caso, lo paraliza. Y es por eso que hoy aparece actuando más rápido que su propio gobierno que se queda atrás explicando el pasado, disfrutando un triunfo que muchos creyeron imposible después de lo que pasaron durante los últimos cuatro años, compatibilizando heterogéneos equipos e, inclusive, vacacionando, a pesar de la advertencia inicial del propio Pérez en sentido contrario.
Así como están planteadas las cosas, hay que definir con rapidez que Mendoza necesita una fuerza de gestión con capacidad inédita. Un héroe solitario resultaría un fracaso en el panorama poco alentador que dejan sobre la mesa un modelo productivo que no alcanza para todos los mendocinos, el estado de las finanzas y la "sintonía fina" nacional que hace prever una temporada de problemas a la hora de querer hacer algo más que equilibrar las cuentas.
Paco Pérez, más rápido que su Gobierno
"(...) en líneas generales debemos aceptar que es Pérez y nadie más quien le pone dinámica al Gobierno. Desde la decisión de apelar al recurso estético, hasta la iniciativa de viajar a Washington a presentar Mendoza como un lugar mejor calificado que la Argentina en sí misma para recibir créditos, es el primer mandatario provincial el autor e intérprete del guión gubernamental".