Lagoa do Coelho es un humedal situado a unos 80 Km. de Natal, capital del Estado de Rio Grande do Norte, Brasil. Es una laguna apartada, solitaria, separada del mar por una extensión de dunas y sin infraestructura turística ni urbanística cercana. En este alejado lugar, un empresario español tuvo el sueño de construir uno de los mayores resorts turísticos de Brasil con varias decenas de miles de lujosas viviendas, hoteles de cinco estrellas, campos de golf, campos de fútbol, centros comerciales, etc. Diseñó todo lo necesario para satisfacer los sueños neomaterialistas de miles de futuros compradores europeos, que encontrarían en Lagoa do Coelho el lugar perfecto para descansar en el periodo vacacional, residir durante su bien ganada y asegurada jubilación o, muy especialmente, invertir en una apuesta inmobiliaria segura y altamente rentable, tal y como prometía el proyecto.
A través deInternet los futuros compradores e inversores podían ver la realidad de su proyecto. Estaba allí, tan cerca, en la pantalla de su ordenador, levantado por un programa informático que mostraba un paraíso, hermoso, seguro, y aceptablemente exótico en primera línea de playa en donde satisfarían sus sueños de felicidad inmediata otorgados por una extraordinaria calidad de vida o, mejor aún, en donde invertir para conseguir un alto y rápido rendimiento. El proyecto se presentó en las principales ferias turísticas e inmobiliarias del mundo. Era el año 2006, año en el que la burbuja inmobiliaria internacional alcanzó su altitud máxima, y en el que cualquier proyecto inmobiliario parecía tener el éxito asegurado.
Dos años más tarde, en 2008, el proyecto supuso un fracaso total. La empresa no había construido ningún hotel, ninguna casa, nada. Las viviendas que se mostraban en la realidad virtual de Internet habían desaparecido de la otra realidad. El promotor dio con sus huesos en la cárcel por estafa y los inversores se tuvieron que asociar para intentar recuperar el dinero que habían adelantado al promotor para que construyeran su soñada inversión.
¿Qué es lo que ocurrió para que cientos de personas creyeran en promesas virtuales? ¿Qué capacidad de convicción tuvo el promotor para ilusionar a los propios representantes del gobierno de Rio Grande do Norte, jefes de una burocracia que iba a denegar, poco más tarde, los permisos necesarios para llevar a cabo este megaproyecto turístico residencial? ¿Cómo fue posible que cientos de inversores apostaran por una realidad virtual a 6.000 km de España cuando la otra realidad era un humedal rodeado de dunas y con un mar distante, oscuro y siempre ventoso? ¿Todo fue una estafa, un engaño, o Lagoa de Coelho representa algo más? ¿Un ejemplo de l'air du temps que nos ha tocado vivir?
A nuestro entender el caso de Lagoa de Coelho es una expresión de lo que podríamos denominar turismo de ficción. Vicente Verdú en su libro El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) apunta que estamos ante un nuevo capitalismo, el capitalismo de ficción que supone una nueva etapa tras el capitalismo de producción y el capitalismo de consumo, característicos respectivamente de la primera y segunda mitades del siglo pasado. Siguiendo a Verdú podemos afirmar que como parte fundamental del capitalismo de ficción aparece el turismo de ficción, un turismo que no vende productos, ni destinos, ni consumos de los mismos, sino una realidad ficcional con la que se puede negociar, especular, hacerse rico rápidamente sin la necesidad de que existan unas estructuras materiales para sostenerlas física o financieramente.