Las acciones de un gobierno, me parece, deberían estar dirigidas a dos grandes objetivos. Por un lado, administrar la cosa pública, mantener (dentro de cierta lógica) lo que se venía haciendo desde gobiernos anteriores, y por el otro, generar políticas estratégicas a mediano y largo plazo las que, en caso de entrar en conflicto con “la herencia recibida” reemplazarán con cierta gradualidad a lo actual, siempre tendiendo a mejorar el bienestar general. Y más allá de que las opiniones cambiantes de la ciudadanía sobre lo que es el bienestar general se ven reflejadas en los cambiantes gobiernos que esta sociedad elige periódicamente, es casi una obviedad aclarar que lo que los candidatos de cualquier color político ofrecen, es siempre tendiente a mejorar lo que cada uno de ellos entiende por “bienestar general”.
Pero a diferencia de la teoría, la práctica suele mostrarnos aristas no tan claras en lo que al accionar de los gobiernos se refiere. Así, la inquietud planteada en el presente escrito surge de un tema que, aunque parezca menor, creo es representativo del accionar del gobierno provincial, y su “política estratégica”. El botón de muestra, en este caso, está referido a la utilización del Auditorio Ángel Bustelo para realizar recitales de rock.
Que ya hemos visto la dificultad del jaquismo para mostrar (y ni hablar de implementar) estrategias de mediano y largo plazo para el desarrollo de Mendoza, pero de ahí a aceptar calladamente que rompan lo ya hecho, hay un trecho. Hay en este sentido, muestras de la incapacidad de los Celso´s Boys para mantener en el área de sus funciones específicas por ejemplo a los helicópteros policiales devenidos en taxis aéreos turísticos, o los aviones de la lucha antigranizo estacionados por falta de repuestos, pero estos “pecados por omisión” a los que ya nos estamos acostumbrando, están teniendo una evolución hacia la acción negativa en el antes citado caso del Auditorio Bustelo.
El Ángel Bustelo, creado para albergar actividades relacionadas con Congresos y Exposiciones, y que supo posicionar a la provincia entre las principales plazas de Congresos del país (con el consecuente ingresos de divisas a Mendoza), se está convirtiendo, de un tiempo a esta parte, en algo así como un rockódromo, reemplazando a lo que supieron ser los estadios Pacífico y Andes Talleres en la realización de este tipo de eventos.
Que quede claro: me encanta el rock, y sobre todo el nacional y el local, pero mi gusto personal no me impide ver que, el accionar que los que participamos de eventos de rock llevamos a cabo en esos espectáculos (actitudes que se desarrollan dentro de los parámetros permitidos en otros sitios) pueden ser heridas de muerte para el Auditorio mayor de la provincia.
En un recital de rock se fuma, se consumen bebidas, se salta, se hace pogo, se genera cierto descontrol que, la verdad, me parece un ingrediente fundamental para gozar del show tal y como le gusta a quienes asisten, pero que requieren para su ejecución un entorno “amigable”. Poco glamour y mucha tribuna son la mejor combinación, y ninguna de estas condiciones pueden generarse en el Bustelo, con el consiguiente “choque” entre la gente y el entorno, lo que solo puede terminar con daños en el Auditorio, en su alfombra, paredes, accesos y estructura en general.
Entiendo que para un empresario pueda ser mejor negocio ese lugar, pero la verdad, así como ellos se ocupan de sus intereses, los mendocinos (con nuestro gobierno al frente) deberíamos ocuparnos de los nuestros. En este sentido, sería bueno pedirle al Ejecutivo no ya que realice grandes políticas, que las peras no salen de olmos, pero sí exigirles que no rompan todo. Hay un postcelsismo en el que deberemos seguir viviendo…