A un año de la muerte de Lagiglia

Elegía a Tito

Cómo levantarme poco antes del sol

si la noche de él es párpado de tinta que comba el alma…

Como sentir frío por patear el rocío dormido en los pastos

si la ceniza inhábil lo rodea con su mutismo y allí cercena su canto

Con qué manos rodear la jarilla que quema el incienso callado de esta tierra

si esos pasos no la llevan por delante, no la mecen nunca más

ni piden perdón por arrancarla entre diarios convencionales

y ser secada con un raro mensaje al paisaje del futuro:

                                    éstos, tus frutales desérticos.

Cómo pretender enseñar los argots de las ciencias a los nuevos infantes

cuando su herencia reapropiada vuelve su impudicia política

contra quien abriera horizontes y le devoran, antiCronos desatado,

                                         caníbales académicos sueltos por la tierra.

La educación popular llora estas hazaña innobles, homicidas del ancestro

que se proponen estudiar al pretérito y darnos más humanidad milenaria,

cómo? sí, ellos, que le niegan el ultimo mendrugo de sueños al que camina lento

enfurecido contra los límites de su propia vida contemplando los despojos

                                              de una mano abierta demasiado tiempo

a los cuervos que se ocultan en sus chozas electrónicas.

No descanses en paz, no podrías.

Esta tierra está inquita, y nosotros también.