Las “lecturas” que en general se hacen sobre la opinión de los votantes una vez terminados los distintos actos eleccionarios, suelen mostrar que el ganador de la contienda en cuestión varía de acuerdo al humor que la sociedad muestre en ese momento con respecto a los distintos postulantes, o a los “referentes” de las distintas listas. Así, al ritmo de la aprobación o deseos de castigo de la población hacia esas personas que traccionan a sus candidatos, los que desean ser elegidos llegan algunas veces al estrellato, y muchas otras simplemente a estrellarse contra una realidad mas cruel que placentera.
Pero en nuestra provincia, hace ya cuatro elecciones que en las fotos del día después vemos siempre sonriendo, entre papelitos de colores que caen, a la misma persona. Este político, que ha llegado a romper los vaivenes de los votantes logrando un avasallador apoyo a su persona, se muestra casualmente como el menos político de los políticos. En el 2003 fue electo Gobernador, en el 2005 arrastró a “su gente” a uno de los triunfos más contundentes de los que se tenía memoria en su partido, en el 2007 fue electo Vicepresidente, y en estas recientes elecciones de hace ya algo más de un mes, volvió a arrastrar a la 503 hacia un nuevo record.
El contexto ha sido distinto en cada una de estas elecciones. Cuando fue electo Gobernador, no fue él quien “traccionó” a aquella lista 3, sino su antecesor en el cargo, que le sacó de las manos al justicialismo una elección que a todas luces parecía tener ganada, y cuyos dirigentes (que ya se estaban probando los trajes de Ministro) de repente se encontraron estrellados.
En el 2005 la cosa había cambiado. Su estilo estaba ya arraigándose entre los mendocinos, y a pesar de que su nombre no aparecía en las boletas, su partido político “arrasó” en casi todo los departamentos de Mendoza colgado de su buena imagen, llegando a ganar en departamentos históricamente peronistas como Maipú o Las Heras, y hasta en el reducto “ganso” de Luján, sitios en los que sus correligionarios se habrían conformado con solo no perder por mucho.
Pero en las elecciones presidenciales del 2007, la situación se puso vidriosa para su gente ya que (al estar su nombre como candidato a Vicepresidente en las boletas tanto del justicialismo como de sus seguidores directos) los mendocinos tuvieron la chance de optar por las palabras grandilocuentes de quien prometía gobernar la provincia cumpliendo deseos con más facilidad que el genio de Aladino, sin la necesidad de abandonar su figura. Así, y aunque al poder K le cueste reconocerlo, su nombre traccionó hacia arriba la fórmula presidencial en Mendoza (entre las dos listas en las que participaba) hasta un nuevo techo.
La historia del 2009, por reciente, no merece ser reiterada. Bastante se ha escrito ya sobre el casi 50% de votos que obtuvo la 503 en la provincia.
Lo realmente indudable a esta altura es que, como aquel Rey Midas que convertía en oro todo lo que tocaba, este político mendocino convierte en votos todo lo que se le acerca. Cierto dirigente concertador de Las Heras, me dijo por estos días lo que creo que es una gran verdad, en referencia a las elecciones de su departamento: “ahora parece que este año ganamos porque íbamos con tal o cual persona, pero en el 2005 estábamos los radicales solos, e igual ganamos…el que no acepte que el que gana las elecciones es él, se equivoca”.
Quienes no lo quieren, lo acusan de ponerse siempre del lado del sol. Quienes lo apoyan, sostienen que ya son varios los políticos de carrera que lo sumaron porque iba a ser fácil de manejar, y terminaron enredados en una realidad esquiva. El estilo Cleto prende en la gente, o él tiene el estilo de la gente, al menos desde hace ya largos ocho años en Mendoza.