La muerte de una maestra del alma

El domingo, día de elecciones y de festejo para algunos, falleció Violeta. No fue tan conocida como Cobos o Jaque, pero dejó una terrible lección de vida a aquellos pocos que supimos de su lucha.

Violeta vivía en Lavalle, con sus hijos y su marido, maestra querida, hasta que un día una camioneta la atropelló en la puerta de la escuela cuando iba para su casa. El resultado fue desastroso para su cuerpo, pero no para su voluntad, que se mantuvo intacta. El accidente la postró en una silla de ruedas, lugar desde el que, junto a un grupo de maestras activas y jubiladas, motorizó una biblioteca, clases de apoyo para chicos y madres y todo tipo de actividades culturales en las que participaban los vecinos de la zona. En el medio, las llagas, las escaras, un cáncer contra el que estuvo luchando, nadie sabe cómo desde ese cuerpo que cada día quería menos contra un espíritu que se superaba frente a cada inconveniente. Con tanto esfuerzo, con tanta dedicación, editó su libro de poesías, y vio uno de sus poemas impreso en la agenda de Ediciones Paulinas de este año, un año que parecía promisorio pero que terminó de destruirla: la muerte de uno de sus hijos pareció al fin conseguir lo que no había conseguido su dolorido cuerpo. Violeta se rindió, la mañana del domingo, antes de los festejos, antes de los triunfos de la gente importante.

Yo supe de Violeta por mi mamá, una docente de alma que a pesar de estar jubilada sigue trabajando por la educación silenciosamente y gratis donde haga falta, lejos del asistencialismo y las bullangueras propagandas de cualquier gobierno, y no es la única.

Como sé que es gente que trabaja de corazón y de verdad no voy a dar nombres, porque ellas no lo quieren, pero les dejo la inquietud por si algún día visitan La Pega, Lavalle, y preguntan por “La seño Violeta”. O si pasan por el barrio San Martín y alguien les habla de las psicólogas que atienden gratis. De todas estas mujeres maravillosas no se habló el domingo. De abuelas que podrían quedarse en su casa con frío, con zonda, con calor, para darle apoyo a los niños en lo que más lo necesitan, nunca se habla. De una docente que entregó su vida y su corazón a su vocación, no se sabe nada. No hay tiempo ni plata.