He vuelto hace solo 45 días de España (estuve siete años) y cuando comparo la fresca vivencia con la realidad mendocina me aparece la perplejidad.
Soy el encadenado en la caverna de Platon, que sale a la luz de un país organizado, previsible, y que al volver a la cueva, no puede explicarle a sus compañeros lo que es un mundo organizado, sensato, razonable, con sentido común y prefiere callar, no darles la primicia, ¿para qué? Es como decirle a un loco que no es sensato.
Los argentinos han convivido tanto tiempo con su locura, que esta es normal; algo así como un sanatorio de insanos mentales, donde enfermeros y siquiatras han terminado compartiendo la misma visión del mundo; eso del síndrome de Estocolmo.
Hay demasiados anticuerpos, para que el cuerpo reciba una dosis letal de realidad. Sé que para todo lo que pueda decir, habrá siempre una respuesta que obviará la reflexión.
Dirán, ya sé, que soy un colonizado o, para qué retorné. Sin esperanza de ser escuchado, elijo, como el replicante de Blade Runner, solo decirles: he visto tantas cosas mas allá del manicomio argentino, que realmente si ustedes las vieran, compartirían mi sensación de estar en un lugar donde locos y sanos comparten la misma visión del mundo.