Concurrente asiduo al centro mendocino puedo concluir sin temor a equivocarme que uno de los dramas del tránsito es el estacionamiento, parada, “un ratito ya sigo”, en doble fila.
Esa pésima costumbre mendocina de “entrar” con el auto inclusive al banco, a la escuela del nene, al negocio. Y los que vienen atrás: que me importa, no existen, que sufran: yo y solo yo
En esto la Municipalidad a pesar de su sana intención de mejorar, es cómplice al no actuar como corresponde.
Vamos a imaginarnos este drama cotidiano del que todos somos actores:
Vengo por calle San Juan, 9 de Julio, España a las 11:30 de la mañana y observo a este imaginario actor con su auto. Viene con un acompañante dispuesto a saltar con una factura en mano. Pone las luces de stop y listo. Luces benditas que le otorgan el derecho internacional e inalienable de parar, caiga quien caiga y trastornar a cualquiera a cualquier precio. La maniobra le llevará 15 minutos. Suficiente para protagonizar un atolladero de aquellos. No importa; tiene las luces de stop que le dan el derecho de parar. El acompañante baja, y pone cara de pocker. El chofer se queda en el auto, todos le tocan bocina, señales de luces. Mira y les dice: no ven las luces de stop, pedazos de ciegos…Y toma su celular para disimular
Mira el retrovisor para ojear a algún policía de tránsito. No viene nadie.
Hasta que el milagro sucede y aparece a 100 metros la imagen descollante del agente.
Lentamente se acerca. Los 100 metros lo hará en media hora, suficiente para ganar tiempo. El acompañante que se bajó probablemente le diga al cajero del banco que está apurado porque dejó el auto en doble fila. Ya se había colado en la fila. Toda una filosofía de vida.
A todo esto afuera pasan micros, troles, camiones, el atolladero es colosal: le importe un bledo. Todo sigue según lo planeado. El agente se acerca y le comenta que está en condición de ser sancionado: crimen de lesa humanidad
¡Hay que miedo! El conductor le explica la situación. Todo esto para ganar tiempo. Cualquier semejanza con un partido de futbol que ganando 1 a 0 de visitante faltan 2 minutos. Eso es lo que falta para que salga el acompañante y el chofer le diga: Vio don, ya me voy. Todo esto durante el tiempo suficiente para hacer el trámite y joderle la vida al resto de los mortales: ética de comportamiento muy común en estos días.
Estimado intendente o a quien corresponda: esto es factor humano: la única manera que lo entendamos es que impiadosamente al estacionado en doble fila le caiga la multa sin más. Nada de preguntar qué esta haciendo, que sería conveniente que se retire, que está molestando y bla bla bla.
Ese mismo chofer en Chile es señorito inglés (perdón por la histórica comparación) no se para en doble fila ni ebrio. Sabe cual es el proceder del Estado.
Esto es para los cientos de desacomodados que día tras días joden sin cesar al resto. Incluyo párrafo aparte a los repartidores de gaseosas a quioscos que con el stop paran y descargan a cualquier hora en cualquier lugar. Y allí aparece “terminator” en moto municipal y le pide que se vaya. No señores: la multa, sin más.
Señor intendente: sin piedad. Los mortales que sufrimos se lo vamos agradecer, reconocer, apoyar. Y sabe porqué: por que somos mayoría y legales. Además solucionará en un 80% sin temor a equivocarme este infierno que se ha convertido el tránsito en la ciudad.