Vivimos en un país al que cada día le cuesta más y más el ser tal, porque el sistema y su funcionamiento no es serio, por que sus instituciones no son respetadas, por que sus Gobernantes no son creíbles, y eso impide se conforme un Estado y una Nación donde se merezca vivir, donde existan proyectos de vida sustentables en una economía medianamente estable, en un enfoque con solución social, en un plan de salud, educación, seguridad y ordenamiento jurídico serio.
Pero la realidad convierte a estos deseos en que esa Argentina con dichos sustentos es “utópica” y esa realidad cruda nos dice que “Acá todo vale: que ser corrupto es lo mismo que ser honesto, que respetar las leyes es lo mismo que no acatarlas, que trabajar no es necesario, que los gobernantes desprestigian las instituciones y nadie dice nada, es más, un ex presidente gobierna y un presidente viaja y, ostenta lujos y placeres descaradamente, los gobernadores son palos blancos, siendo todo ello lo que se desarrolla en nuestras vidas cotidianas que se convierte en una selva donde el lema es: que cada uno se salve como pueda, que el que se atreve a decir las verdades es perseguido y/o despiadadamente cuestionado”, que el presente es una pasado de treinta años y el futuro imprevisible y ante esto nos preguntamos ¿qué generación podrá revertir a esta Nación para que los argentinos merezcan vivir en un verdadero país?