En el vértigo nada florece

El análisis del dirigente sindical y político en torno a las jugarretas electorales del gobierno. "El asunto es aventajar al adversario, sorprenderlo, paralizarlo y así poder vencerlo", sostiene.

En la Argentina, desde hace un par de años, el discurso político viene cayendo casi ininterrumpidamente, al vacío.

Tanto en su versión oficialista como opositora, la grosera contradicción que exhibe con relación a la realidad y a la demanda concreta de la sociedad, vuelve a poner a la política en la inflexible picota social.

Otra vez, como en tiempos que creíamos y deseábamos definitivamente superados, el concepto de la política como instrumento idóneo por excelencia para la construcción del orden social, económico y cultural, vuelve a ser bastardeado por acción de los que en su nombre, la corrompen.

Cuando ya nos ilusionábamos con haber dejado atrás el precipicio al que asomamos aterrorizados al comienzo del siglo, nuevamente hemos comenzado a avanzar o mejor a retroceder hacia él.

Antes por la estupidez, la improvisación y la incapacidad y hoy por la ambición ciega, el delirio  y otra forma peligrosa de la incapacidad: la incomprensión.

Lo cierto es que estos últimos elementos, asociados y potenciados, precipitan a nuestra sociedad, a nuestro pueblo con su profuso y contradictorio acervo histórico y cultural, a una suerte de vorágine en que la incertidumbre y el vértigo no anuncian nada bueno.

Con su reconocida lucidez, Ernesto Sábato ha escrito: “..en el vértigo nada florece”.

Más allá de la síntesis literaria perfecta que la expresión conlleva, rescata la necesidad del ritmo adecuado, de la serenidad y de la reflexión que debe seguir el hombre para que sus actos sean fructíferos.

Nuestra política argentina actual y más precisamente la gran mayoría de la dirigencia que la representa, está expresando precisamente lo contrario, la imposición del vértigo, de la urgencia, de la inmediatez.

El asunto es aventajar al adversario, sorprenderlo, paralizarlo y así poder vencerlo.

Para colmo, no están muy claramente definidos ni  el perfil ni la sustancia de los proyectos opuestos o supuestamente opuestos, en esta lucha que no parece tener más lógica ordenadora, que un ventajoso resultado electoral.

Porque no es una lucha que se haya desatado para superar al otro en el combate frontal y prioritario contra la pobreza, por la eliminación de la marginalidad o para garantizar a cada niño argentino la cuota necesaria de alimento y cuidados que reclama.

No son planteos opuestos sobre la mejor manera de garantizar la felicidad de nuestro pueblo atendiendo a todos sus derechos sociales hoy pendientes de satisfacción.

Son  límites más aparentes que reales, que además se muestran borrosos a fuerza de ser cruzados rauda y sorpresivamente , en una y otra dirección, por protagonistas que desertan, transitan dubitativos, retornan, se enemistan, se amigan, se odian y se aman con entusiasmos mediáticos similares.

Las últimas noticias conducen casi al paroxismo.

Las denominadas “candidaturas testimoniales” materializan tristemente, una afirmación irónica y severa que el Gral. Perón hacía sobre estas actitudes rayanas en lo demencial: “En la Argentina todos los problemas se solucionan si se encuentran las palabras adecuadas para designarlos”  

Con este ingrediente que demuestra más desesperación que astucia,  se pretende montar , en una simple y casi rutinaria elección legislativa, un escenario épico de batalla final entre el bien y el mal, sin que se sepa muy bien donde está uno y otro.

Esta desmesura no nos conduce, nos precipita de cabeza, a los tumbos, hacia la incertidumbre, hacia la reacción desmedida, hacia la confusión.

Es necesario recobrar la cordura, hacer la pausa necesaria, meditar sobre el futuro de nuestro país que es el futuro de nuestro pueblo.

Ya tuvimos el “voto cuota” del menemismo y así nos fue.

No se debiera reiterar la apelación a la fórmula del “todo o nada” si no queremos en verdad reiterar un pasado que lamentamos y en el fondo nos avergüenza por las responsabilidades que todos compartimos al construirlo.

Sólo basta recuperar la política en su verdadera acepción y desechar la politiquería electoral barata instalada, mediante el respeto a la Constitución y a las leyes y la urgente reforma política que el país viene reclamando hasta hoy sin respuestas válidas.

Y por sobre lo jurídico institucional, recuperemos la cuota de sana humanidad que nos ponga a salvo de las  indeseables consecuencias de este vértigo malsano en que nos está sumiendo nuestra dirigencia política, que necesita, cuanto antes, recuperar el rumbo extraviado.