Luis Triviño, con la gran altura de su cuerpo grande y desgarbado, fue una persona afable. Gustoso de sentarse a charlar en el café, de diálogo ameno y afilado, nos faltará también a la hora de la rueda de amigos.
Su cuidado por los derechos humanos se estableció desde esa cordialidad hacia los perseguidos, los humillados y golpeados. A él no le tocó la cárcel o el exilio, pero ello no hizo que -como algunos- se refugiara en el silencio cómplice con la dictadura. Como decano interventor en la Fac. de Ciencias Políticas y como Rector elegido tras reñida decisión en la Univ. Nacional de Cuyo, supo imponer que fuesen reincorporados quienes habían sido expulsados, y tuvo la firmeza para que los "expulsadores" anteriores recibieran alguna medida de sanción institucional.
"Pluralismo" y "tolerancia" son dos palabras que utilizaba a menudo, pero sobre todo dos conceptos que lo definían existencialmente. Había devenido ateo, pero pocos como él cultivaron los actos religiosos ecuménicos, a los que propició cuando su Rectorado. Como humanista convencido se mostró capaz de respeto al prójimo en una medida en que no lo tienen jamás quienes están cegados por el fanatismo, o quienes se imponen el amor como un mandamiento obligatorio.
En la Corriente de Opinión Ciudadana, junto a amigos como Roberto Chediack, Pedro Zalazar o Elsa Pizzi entre varios otros, nos tocó compartir discusiones y pronunciamientos, desde la flexible asunción de que no siempre estaríamos de acuerdo.
Nos faltará su voz aflautada y singular, su paso cansino, esa barba que lo acompañó en los últimos años. Pero sobre todo se ha ido una persona muy especial para una sociedad conservadora como es la nuestra. Una especie de librepensador que surgiera de fines del siglo XIX, que no tenía simpatías directas con el socialismo pero que haría de muchas personas de izquierda sus compañeros de ideas.
Y que tenía una enorme paciencia para con aquellos que pudieran denostar el ateísmo militante que asumió hace ya muchos años. Una paciencia y tolerancia que no todos son capaces de sostener hacia quienes piensan diferente, pero que es la que sin dudas merecen su ejemplo y su
memoria.