La semana pasada MDZ tenía en su sección Vox Populi, Vox Dei la siguiente propuesta de debate para los lectores: “La iglesia ha vuelto a criticar la homosexualidad. ¿Qué pensás, en Mendoza se discrimina a las personas homosexuales?”. Me iba a prender en los comentarios de los foristas al toque, pero a pesar del cosquilleo en los dedos, decidí “guardarme” la intervención para mi columna, donde tengo más espacio y puedo poner eñes, acentos y signos de toda laya. Pero sigo en onda forista (¿qué es un columnista sino un forista con mucho espacio?) y en la nota de hoy me agarro de algunas opiniones de los lectores de la semana pasada. Los nombro en mayúsculas para evitarme el engorroso “el/la forista sutano/mengana...” y para darles el correspondiente crédito y las muchas gracias.
No sé a ciencia cierta si en Mendoza se discrimina actualmente a los homosexuales o no, porque hace mucho que no vivo en Mendoza. Pero cuando yo vivía allá, sí se los discriminaba y después de haber leído algunas respuestas a la pregunta que tiró MDZ, supongo que todavía se los discrimina. Y no sólo se los discrimina, sino que también se los injuria (muy buena la intervención de MICHAVIRA para definir y deslindar esos dos términos). Hasta donde yo he podido comprobar, cuando MARGARITA dice que se discrimina en Mendoza, en Argentina y en el resto del mundo, tiene razón. Yo he visto discriminación en Mendoza y no sólo hacia los homosexuales: también hacia las mujeres y hacia los discapacitados y hacia los obesos; yo he visto discriminación en Perú y no sólo hacia los homosexuales: también hacia las mujeres y hacia los pobres y hacia los indios; yo he visto discriminación en Estados Unidos y no sólo hacia los homosexuales (menos que en Latinoamérica tengo que admitir): también hacia los negros. ¡Y no quiero ni pensar en todas las discriminaciones que no me constan pero sin duda existen!
CARLOS cuenta que hasta la iglesia discrimina a los homosexuales sosteniendo que los curas heterosexuales son más propensos a la castidad que los homosexuales... ¿Sííí? ¿Realmente? Esa apreciación eclesiástica me parece muy sospechosa desde el punto de vista científico. ¿Podría la iglesia comprobarlo? Porque convengamos, la iglesia ha sostenido caaada cosa a lo largo de la historia... Para la iglesia es contra la naturaleza la relación homosexual, pero de lo más natural la castidad de sus varones en sotana y su mujeres en hábito. ¿Y esta castidad es según la iglesia más probable en los heterosexuales que en los homosexuales? No sé che, habría que ver.
Las “críticas” nuevas o viejas de la iglesia a la homosexualidad no me interesan mucho. ¿Por qué iba a interesarme lo que dice la iglesia sobre la homosexualidad o sobre la heterosexualidad o sobre la sexualidad en general o sobre la vida matrimonial siquiera? ¿Iglesia y sexualidad? ¿Iglesia y matrimonio? Oxímoron total. Yo preferiría como ESTALA que la iglesia se ocupe de la pobreza, de la ignorancia, de la salud y del desarme, que son problemas más graves y urgentes que la orientación sexual de las personas. Ah, cuando digo “la iglesia” me refiero a la institución, no a los fieles. Aunque no comparta las creencias de éstos, respeto su fe y lo que han elegido hacer con su vida.
Un fenómeno muy interesante es que la discriminación no existe solamente exógena, de unos grupos hacia otros, sino que existe también endógena, hacia adentro de los grupos mismos. Como bien nota PADILLA en su columna del domingo 15 de marzo (“Vendimia gay: glamour y negocios en clave de guetto”), hay discriminación aún entre los homosexuales. Y debo agregar por más que me pese: hay discriminación aún entre los pobres y aún entre las mujeres y aún entre los indios y aún entre los negros.
Les cuento rápido, a modo de ejemplo, una escenita de terror que presencié en Lima, de lejos y sin sonido pero clara como un cartel. Yo había llevado a mi hija a jugar a un parque público de zona acomodada. Este parque estaba “cercado” por edificios pero tenía dos entradas accesibles desde la vereda. La gente que vivía en los edificios había puesto juegos en el parque “para sus hijos” (trampolín –o saltarín creo que le dicen en Mendoza-, columpios y casita) y había procedido –con la complicidad de la municipalidad- a cerrar con llave las entradas desde la vía pública (dejando las llaves en custodia de los porteros de los edificios), de manera que los únicos que podían acceder al parque eran los que vivían en los departamentos usando la “salida de atrás” de sus respectivos edificios. ¿Qué tal la privatización? No se gastaron ni un papel (el mismo tipo de “cercado” ilegal se utiliza en otros parques y en muchas playas limeñas). Bueno, mientras yo jugaba con mi hija en una esquina del parque, tres niños “pobres”, tres “cholitos” como les dicen en Perú, pasaron por la vereda, vieron la puerta del parque abierta, evaluaron los juegos vacíos esperándolos y se metieron a jugar como si ellos fueran chicos y el parque fuera público. De repente, de uno de los edificios, salieron dos “nanas” (empleadas domésticas o niñeras) de guardapolvo blanco y patroncita rubia de la mano. Cuando las nanas vieron a los tres saltadores se pararon en seco, se miraron entre ellas con cara de disgusto y, sin decirse nada, sin que fuera necesario ni ponerse de acuerdo, se dirigieron al trampolín y echaron a los invasores moviendo los brazos y señalando la calle. Éstos dieron un saltito más cada uno, se bajaron del trampolín y se fueron calladitos y de cabeza gacha. Acto seguido las mujeres trajeron al portero culpable de haber dejado la puerta abierta y lo pusieron de vuelta y media moviendo los brazos y señalando el candado. Todavía me dan ganas de llorar cuando me acuerdo de los cinco. Las dos, que eran tan pobres como los tres, hubieran echado hasta a sus propios hijos del lindo parque. Las dos eran “nosotras dos” que estaban “adentro”, los tres eran “ellos tres” que pertenecían a “afuera”.
Este “nosotras” y “ellos” es la trampa ideológica que permite la existencia del otro, como señala PADILLA en la columna que mencioné antes, pero la permite hasta ahí nomás, y por eso es tramposa. Este discurso que “permite” la existencia de “los otros”, de “ellos”, es de movida autoritario y discriminador. Los “deja” existir, pero los diferencia y los pone aparte: son “los otros”, son “ellos” y no “nosotros”. Una señora negra que conocí hace poco, me dijo lo siguiente: “estoy harta de que me inviten a integrarme: siempre me recuerdan que estoy fuera. La integración está hecha desde el punto de vista de los blancos”. Y tiene razón la señora. Así como la historia la escriben los que ganan, el lenguaje lo hacen los que discriminan. Fíjense: ¿alguna vez han escuchado a alguien hacer el siguiente comentario: “mmm, me parece que es heterosexual”? No, les apuesto que no. ¿Y cuántas veces en cambio han escuchado “mmm, me parece que es homosexual”? Es así porque el lenguaje es “nuestro”, lo hicimos “nosotros” los heterosexuales y no “ellos” los homosexuales, lo hicimos nosotros que somos “como se debe ser” y no ellos que son “mmm”.
La expresión “salir del closet”, carísima a la temática homosexual, es también hecha desde el punto de vista heterosexual dominante, que describe a “los otros” “saliendo” poco menos que de un escondite. Los homosexuales no necesitan esconderse ni salir de ningún lado. Los homosexuales deben empezar a cambiar el lenguaje, a usarlo mejor, porque el lenguaje es un arma de doble filo: puede servir para discriminar pero también puede servir para dar batalla e igualar. Yo les recomendaría a los homosexuales que en vez de decir y/o dejar decir que “salen del closet”, empiecen a decir que “entran al closet”: al closet grande de los heterosexuales, al closet grande de las mayorías, al closet grande de las nenas con los nenes, al closet grande de los que viven pendientes de la moral de los demás y la juzgan según algo tan privado y personal como la sexualidad de cada uno. ¿Qué heterosexual se ve obligado a salir de su closet grande para publicar su inclinación sexual? Nooo, ninguno, esas cosas son privadas para “nosotros”. “Ellos” son los que tienen que dar explicaciones.
Existe el prejuicio de sospechar a los homosexuales como si fueran proclives a crímenes que todavía no han cometido pero podrían cometer. Son como un cuco latente que no se sabe en qué momento ataca. Se relaciona homosexual con violador y homosexual con pedófilo. La violación es el acceso carnal a una persona sin su consentimiento, por lo tanto lo que hace a la violación no es la orientación sexual del violador sino el no consentimiento del violado. En cuanto a la pedofilia, ésta es la atracción sexual de un adulto por un niño o un adolescente, por lo tanto lo que hace a la pedofilia no es la orientación sexual del interesado sino la edad del interesante. Pucha, no tengo números a mano, de esos que siempre resultan tan convincentes, pero estoy casi segura de que hay más heterosexuales violadores y pedófilos que homosexuales violadores y pedófilos. Digo esto no porque crea que los homosexuales son todos buenos y los heterosexuales son todos malos (eso sería una pavada), sino considerando simplemente que hay más heterosexuales que homosexuales, calculando a ojo que cabe más gente en el closet grande que en el closet chico.
Otra cosa que se les achaca a “ellos”, a los homosexuales, es la promiscuidad. No pienso ponerme a discurrir aquí sobre lo pecaminoso de lo promiscuo, pero pregunto: ¿no tendrá que ver la supuesta “promiscuidad” de los homosexuales con la dificultad para establecerse como pareja que les ocasiona la discriminación social? ¿Acaso se juzga por igual la promiscuidad de los heterosexuales? Nooo, los heterosexuales no somos promiscuos. Seremos conquistadores, seremos insaciables, seremos machazos, seremos ojo alegre, seremos picaflores dirían los viejos, pero nunca promiscuos. Eso queda para “ellos” y para “ellas”, para los homosexuales y para las mujeres (a quienes también suele aplicarse un corto y contundente calificativo relacionado con el cobro en divisas).
ADRIBEAT considera que hay discriminación no sólo porque a los homosexuales se los considera promiscuos, sino también enfermos y ÁLVARO está de acuerdo en que ser homosexual no es una patología: recomienda leer más y mirar menos programas mediocres. Aplauso para Álvaro. Se ha discutido extensamente sobre si los homosexuales “son así” o “eligen ser así”, sobre si la homosexualidad es una enfermedad o un deseo perverso, sobre si deben “tratar de curarse” o “arrepentirse y cambiar”. Pero esa discusión no es válida ni viene al caso, porque la verdad pura y simple es que los homosexuales tienen tanto derecho a “ser así” como derecho a “elegir ser así”. ¿Acaso nos examinamos los heterosexuales para saber si “somos heterosexuales” o si “elegimos ser heterosexuales”? Nooo, “nosotros” estamos bien y sanitos muchas gracias, los que tienen que responder a esta pregunta son “ellos”.
ALEXANDRA trae a colación la discriminación de los homosexuales en las fuerzas armadas. Las fuerzas armadas también discriminan a los homosexuales, igual que la iglesia, qué coincidencia, las dos organizaciones más antiguas y verticales que se conocen. En Estados Unidos, durante el gobierno de Bill Clinton, se aprobó una política llamada “don’t ask, don’t tell” (“no preguntes, no digas”), por la cual los superiores no podían interrogar a los subordinados sobre su orientación sexual ni éstos podían declararse homosexuales mientras fueran parte de las fuerzas armadas estadounidenses (previamente los homosexuales no eran siquiera admitidos en las fuerzas armadas). Obama se propone derogar el “don’t ask, don’t tell” de manera que los homosexuales puedan declararse tales y aún así pertenecer a las fuerzas armadas. Y me parece muy bien, la mayoría son gente muy valiente que le conviene a cualquier ejército, armada o fuerza aérea.
Porque díganme si no hay que ser valiente para animarse a decir que se es homosexual sabiendo las consecuencias de admitirlo, díganme si no hay que ser valiente para enfrentarse a la intolerancia que acecha en el closet grande, díganme si no hay que ser valiente para hacer ojos ciegos y oídos sordos a las miradas y a los comentarios, díganme si no hay que ser valiente para entrar a un restaurant sin saber si te van a echar, díganme si no hay que ser valiente para bancarse ser siempre “ellos” y nunca “nosotros”. SANRAFAEL está en lo cierto cuando opina que ser homosexual es muy difícil.
Las personas deben juzgarse por sus actos buenos o malos como personas. Si son hombres o son mujeres, si son heterosexuales u homosexuales, si son pobres o ricos, si son indios o criollos, si andan en silla de ruedas o caminando, si son gordos o flacos, si son negros o blancos, no es pertinente. El mundo es ancho y de todos y todos tenemos los mismos exactísimos derechos, sin distinción de “nosotros” y “ellos”. Discriminar es un atropello y una vergüenza, nos hace peores y no mejores.
Salir del closet, entrar al closet
Nuestra columnista escribió en sus "notas al margen", en torno a los debates en los que se entusiasman los lectores de MDZ. Aquí, una reflexión en torno a la homosexualidad y la discriminación de la que son objeto en Mendoza.