En las tardecitas mendocinas siempre junto a mi esposa Elina, tomamos unos mates amargos, con el toque de sabor chaqueño, y aprovechamos para dialogar sobre distintos temas, desde lo cotidiano hasta lo que pasa en nuestro país, desde mi visión de militante social y la de ella, como docente militante. El mate es la excusa para la charla.
Hace unos días, mientras disfrutábamos de ese tiempo libre, analizábamos el cuento "Casa Tomada", de Julio Cortázar y de repente desde "el más allá" escuchábamos una voz que nos hacía sentir que retrocedíamos en el tiempo, que decía que se adelantaban las elecciones para enfrentar la crisis y otras realidades, como los resultados de algunas elecciones. El miedo en esa voz, se apoderaba de la realidad, de la televisión, de los defensores y de los detractores. Las imágenes del relato de Cortázar tomaban forma.
Quizás la casa del autor, esta vez sea la casa rosada, porque nos imaginamos y asociamos cada recinto que tiene Balcarce 50, son los espacios que representan a cada partido político y a cada organización social que contribuyen a la construcción de la República. Los ruidos que escuchaban los hermanos son ellos, que levantan su voz. Como en el cuento, a los hermanos los invadía el miedo e iban tapiando pieza por pieza, y los protagonistas cambiaron de roles, en nuestra charla, es un matrimonio que ve enemigos por todos lados, sienten temor a escuchar los reclamos que ellos confunden con los aplausos. Ya no distinguen unos de otros. Cada vez le quedan menos piezas para tapiar y las voces son cada vez más fuertes y frente a eso vuelven al pasado a buscar los fantasmas que ellos reviven para enfrentar la realidad. Personajes que nunca se fueron y siempre se adaptaron.
Para terminar, el efecto Catamarca fue la gota que rebalsó el vaso, como habíamos escrito con mi compañera de lucha, las minorías tienen la palabra en el 2009, y se hacen escuchar. Esperamos que la Rosada no termine como el cuento de Cortázar.
ANTONIO ROMEO ELINA GIFFONI
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