El gobernador de Mendoza no puede ser un pelele de la Casa Rosada.
Después del 11-S, cuando el presidente de EEUU, George Bush, solicitó apoyo a Europa para invadir Irak, se encontró con una muralla. Sólo lo respaldaron las potencias decadentes (UK y España); pero prevaleció la resistencia de la "vieja Europa", como despectivamente la llamaron en Washington.
Los estadistas del continente, sobre todo de Alemania y Francia, miraban la realidad nacional e internacional con otro espesor. Sabían que Bush, Aznar y Blair manipularían la guerra para alcanzar réditos políticos en el corto plazo. Pero ellos tenía una mirada más larga, más profunda. Tenían mayor espesor cultural. Y en el largo plazo, la historia les dio la razón.
Hablar de política con un estadista europeo, requiere sensibilidad con su mayor espesor cultural. Con los criterios que esos pueblos han acumulado a lo largo de su historia, y que tiene raíces profundas. Como, simbólicamente, se puede apreciar en los valores de la Canción de los Nibelungos, poema germano del siglo XIII. En cierta forma, la cultura europea está apoyada en un humus cultural, oculto bajo la tierra, asimilable metafóricamente al fabuloso "Tesoro de los Nibelungos".
Esta reflexión tiene su correlato con Mendoza porque, dentro de la actual Argentina, es la provincia con mayor espesor cultural. En los siglos XVII y XVIII, mientras en la Patagonia reinaba el viento, y en las pampas rioplatenses, los gauchos cazaban vacas, la capital cuyana elaboraba sofisticados vinos y aguardientes, mandaba todos los años uno de sus hijos a estudiar a universidades del exterior, y modelaba un modelo de pequeñas propiedades, fuerte movilidad social, ahorro, constancia, disciplina y cultura del trabajo. Prudencia y criterio. Calidad institucional. Dignidad.
Esas historias, esos pequeños y medianos empresarios, esos viticultores y exportadores de los siglos XVII y XVIII formaron un tesoro cultural mendocino que equivale, en términos europeos, al Tesoro de los Nibelungos.
Ese tesoro cultural fue la prudencia con la cual, los lideres mendocinos de los siglos XIX y XX, se movieron. Esta tierra no engendró líderes nacionales de guerras civiles, terrorismo y represion. Esos salieron del espacio pampeano rioplatense. Sí hubo en Cuyo, líderes de la cultura del trabajo disciplinado, como Tomás Godoy Cruz, José de San Martín, José Albino Gutierrez, Domingo Faustino Sarmiento, Tiburcio Benegas, Emilio Civit, Valentin Bianchi y Benito Marianetti.
El caso de San Martín es notable. Mendoza lo apoyó con su cultura de la disciplina y el trabajo, para levantar el Ejercito Libertador de America. Y logró lo que Buenos Aires no fue capaz de hacer en sus reiteradas expediciones por el norte: construir la libertad. Y lo más patético fue que en medio de su tarea, el gobierno nacional con asiento en Buenos Aires, liderado por el director supremo José Rondeau, le ordenó a San Martín abandonar la causa de la libertad y volver con su ejército para meterse en las guerras civiles. San Martín se plantó. Apoyado en los mendocinos, supo decirle que no al disparatado reclamo porteño. Los mendocinos y San Martin, construimos la historia universal, mientras los porteños se empantanaban en su patética lucha por el poder, haciendo el ridículo a los ojos del mundo.
En los últimos años, esta tradición se logró preservar. En los 90, el peronismo de Mendoza reivindicó el "estilo de los mendocinos". Muy pocos peronistas locales buscaron el atajo mediante el populismo conservador de Menem. El PJ de Mendoza logró realizar gobiernos buenos, en comparación con el desastre de la administracion nacional de esos años, sobre todo los gobernadores José Octavio Bordón y Arturo Lafalla. Poco después fue el turno de los radicales; y el gobernador Roberto Iglesias demostró que era mucho más que el lider porteño, Fernando De la Rúa. Estaba bien parado en sus bases culturales.
Después fue el tiempo de inexperto Cobos, el cual se equivocó al entregarse en manos del populismo K. Tal vez actuó de buena fe; pero erró el camino. Renegó de la identidad y los valores profundos de Mendoza, al romper instituciones que había costado tantos años crear, desarrollar y mantener.
Y llegamos a Jaque. En su gestión como intendente de Malargüe, fue un fiel intérprete de la honda tradición cultural e institucional de Mendoza. Gestionó el municipio con estándares internacionales. Apostó a la excelencia y alcanzó objetivos notables (Pierre Auger, Thesaurus). Su gestión municipal se encuadró perfectamente en la tradición de excelencia de Godoy Cruz y Emilio Civit.
Luego fue por más y se jugó la candidatura a gobernador, defendiendo la identidad del PJ. De todos modos, Jaque hizo concesiones. Para llegar al poder, asumió estilos y se enlazó excesivamente con el populismo K. Tal vez eso sea comprensible, porque su adversario Cobos, lo había hecho y de una forma mucho más abierta y descontrolada. Pero dejemos esos aspectos de las campañas y vamos al corazón del problema.
Jaque ha visto la trayectoria de Cobos: por echarse en brazos del populismo, se encontró en situaciones complicadas; subió muy rápido a la cumbre del poder, pero a la larga, debió pagar un costo demasiado alto por ello. Se terminó arrepintiendo y buscando casi desesperadamente, la forma de enmendarse y recuperar credibilidad. Finalmente, el huracán de la historia lo volvió a subir a la cubierta del barco con su voto no positivo en el Senado. Pero eso fue una circunstancia excepcional. Ocurre una vez cada 200 años. Cuando San Martin era gobernador de Mendoza, eso le pasó al futuro presidente de Chile, Ramon Freire. Y ahora le pasó a Cobos. Eso sólo ocurre cuando la tempestad es extraordinariamente intensa, y el piloto (o pilota) son notablemente incompetentes. No es recomendable, de ninguna manera, transitar esos derroteros porque el resultado más probable es zozobrar y ahogarse.
En este contexto, el gobernador Celso Jaque se encuentra en una situación dificil. Por un lado, el populismo K lo empuja a jugar con sus cartas y su estilo: falsificar datos estadísticos del INDEC y destruir esta institucion estratégica; realizar golpes mediáticos desde programas frívolos de Buenos Aires; participar en anuncios faraónicos del Estado Nacional, cuando hay muchos programas en marcha y compromisos asumidos que ese mismo Estado no es capaz de honrar. Y promover una reforma constitucional que huele a perpetuaciones en el poder y manipulaciones autoritarias al estilo Chavez, Evo o K.
Mendoza tiene un tesoro. Es la provincia con mejor calidad institucional del país. Aquí no hay reelecciones indefinidas, como gustan los pequeños dictadores y señores feudales, al estilo Rioja, San Luis, Catamarca, Santa Cruz y varios etc. En Mendoza funcionan las instituciones. La constitución no permite la reelección del gobernador, simplemente, porque sabe que la naturaleza humana tiende a desbordarse y a entronizar caudillos autoritarios.
La constitución de Mendoza es un tesoro. Es un producto cultural, que se ha construido durante años. Siglos. Y en la profundidad de ese tesoro se entierran los cimientos de la cultura de Mendoza.
Aquí viene entonces, el dilema de Jaque. El hombre ha realizado, hasta ahora, una gestión gris. No ha logrado articularse bien con su partido (echó del gabinete a su presidente, Marchena) ni con los recursos humanos de excelencia que tiene Mendoza. Muchos de sus funcionarios se perciben como grises y débiles. Jaque evita apoyarse en la gente más talentosa de su propio partido: (¿por que no están los ex rectores de la UNC, Armando Bertranou o Francisco Martin al frente de la Dirección General de Escuelas?). Con escaso liderazgo y pobres resultados, su gestión parece encaminada al fracaso. Ante esta situación, el gobernador tiene dos opciones.
Por un lado, está la tentación del atajo. Los líderes del gobierno nacional lo han invitado a subirse al barco del populismo. Tratan de convencerlo de irse con ellos para ganar en octubre. Entre otros costos, le piden entrar en la lógica de las reformas constitucionales, para seguir la ola populista que recorre América Latina. Y las revocatorias falsas de mandatos, que nunca sirvieron para nada, salvo para perpetuar poderes autoritarios; y el debilitamiento de las instituciones republicanas, entre otras concesiones.
La otra opción de Jaque, es avanzar desde las bases culturales profundas de Mendoza. Es profundizar la mesa de consulta con los ex gobernadores, una verdadera joya lograda por Jaque que marca una notable diferencia con el estilo autoritario e intolerante de los K (¿Se imaginan a los K sentados en la misma mesa con Menem? Imposible e inútil). En esta misma dirección, Jaque tiene gente de alta calidad en su partido, que está ahora desaprovechada: además de Bertranou y Martín, pensemos en Carlos Abihaggle, Claudio Maíz, Javier Ozollo, León Repetur y Roberto Roitman. Y, ¿por qué no? los ex gobernadores Bordón y Lafalla.
¿Qué le pedimos a Jaque? Que asuma su papel de gobernador de esta provincia en el sentido de gobernar a partir de la identidad de Mendoza, con sus talentos y su tradición de alta calidad institucional. Que trate de soportar lo poco que le queda de poder a los K, defendiendo a Mendoza de su estilo autoritario y disparatado. En vez de nuevos anuncios megalómanos, que les exiga el cumplimiento de lo ya comprometido, comenzando por Portezuelo del Viento.
El gobernador de Mendoza no puede ser un pelele de la Casa Rosada.
Le pedimos que se plante, como hizo San Martín con Rondeau, Llaver con Afonsín y Bordón con Menem; que no se entregue, como hizo Cobos. Que se haga fuerte en la adversidad, como hizo Roberto Iglesias.
Le pedimos a Jaque que se ponga firme en el sillón de San Martín, y defienda la dignidad de su cargo. Tiene recursos para ello. Y Mendoza lo va a apoyar.
El autor: El Dr. Pablo Lacoste es historiador, autor de numerosos libros, entre los que se encuentran "La mujer y el vino", "El Radicalismo en Mendoza y en la Argentina" y "La Generación del 80 en Mendoza".