La música sigue y la orquesta tocando, mientras Venezuela se hunde más en el precipicio del populismo. Es una anécdota trágica pero que resume los resultados de las elecciones del domingo 15 de febrero.
Es un día muy particular por dos razones, primero porque era mi cumpleaños. Anteriormente he participado como testigo u observador en las mesas de votación. Extrañamente no hubo unas largas filas para votar como en los procesos anteriores. Así que resultó rápido y sencillo. Las cifras indican que 11 de millones en todo el país, fueron a sufragar pero mi recorrido por Caracas encontré más apatía respecto a las otras elecciones, ni siquiera la televisión mostraba esas extensas colas. Eso me hizo predecir el posible resultado pero había que esperar.
La segunda razón se celebraban 190 años del famoso discurso de Simón Bolívar en el Congreso de Angostura donde entregaba el “terrible y peligroso cargo de Dictador Jefe Supremo de la República ” y advertía del peligro de “dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.
Bajo el contexto del párrafo anterior, comenzó la campaña opositora para enfrentar la intención reeleccionista de Hugo Chávez mediante la aplicación de una enmienda constitucional.
Sin embargo, la campaña opositora inició con una gran desventaja a nivel de recursos económicos y una fragmentación en la estrategia electoral. A pesar de estas dificultades logró sobrepasar la cifra de 5 millones de votantes y disminuir la brecha de la bipolaridad de la relación de poder del (60-40)% a favor del oficialismo a una ecuación de (55-45)%.
Estas cifras confirman y acentúan la realidad política venezolana, que pareciera más un caso clínico de psiquiatría de esquizofrenia a nivel colectivo durante los 10 años de la permanencia de Hugo Chávez en el poder, donde una gran parte de la población sigue conectada con el discurso emocional, de retaliación, mesiánico y hasta de comodidad, por mantener a un líder.
Mientras el otro segmento de la población, que asume la bandera de la libertad y los valores de la democracia alternativa, intenta de limitar o detener las pretensiones del fenómeno Chávez, sólo que sus planteamientos o propuestas políticas parecen quijotescas en cada una de los procesos electivos o refrendarios, que superan la cifra de 14 durante estos 10 años.
La oposición democrática presenta una gran cantidad de remoquetes para explicar su continuo fracaso cada vez que se enfrenta a Chávez en unas elecciones, tales como la falta de un programa de gobierno (propuesta de país) frente a la entelequia del Socialismo del siglo XXI o la ausencia de una figura aglutinadora que haga un contrapeso; como también el canibalismo entre los partidos políticos en la oposición por mantener sus pequeños nichos de poder, así la falta de una red fuerte y amplia que proteja el secreto del voto en las zonas más apartadas del país.
Además hay que añadirle el hándicap que impone el gobierno mediante un manejo ostentoso, abusivo de la publicidad electoral, la poca transparencia de las instituciones públicas, un árbitro electoral sumamente cuestionado, la incitación al chantaje y al miedo.
Por esas razones ganó el fenómeno Chávez; por eso continúa la fiesta financiada con la bonanza petrolera ahora cada vez más limitada, pero el iceberg es un cuchillo hundiéndose en el corazón del Venezuela.
El autor: Francisco Martínez es escritor venezolano. Nacido en Caracas en 1969, Narrador y guionista de cine y tv. Ha cursado estudios de Economía. Ha publicado en Diario El Universal, Diario El Nacional, Diario Economía Hoy, y Revista Veneconomía. Finalista en el II concurso de Relato Revista Almiar (España). Ha formado parte del Comité de Selección del Banco del Libro para las mejores publicaciones de libros infantiles y juveniles. Posee dos libros inéditos de relatos: Antología Caníbal y Una rosa de Sal en Sodoma City.
Producción: Eliana Drajer