Gobernador en crisis

El historiador Pablo Lacoste analiza la consideración pública que tiene el gobernador Jaque. Da cuenta que pocas veces en la historia un mandatario sufrió una relación mala con la ciudadanía mientras ocupaba el cargo.

Los dirigentes del PJ observan, desorientados, cómo el gobernador Jaque los excluye, los ignora y los desaprovecha.

Parece una persona distinta a la que habían conocido y admirado en sus gloriosas jornadas de intendente de Malargüe. No entienden por qué se deja dominar por una fundacion de Buenos Aires, y se deja arrastrar por el declinante poder del populismo K.

La popularidad de Jaque está en caida libre, lo mismo que la de Cristina. Y esto es preocupante porque un país necesita que la investidura de sus instituciones tenga prestigio para hacer posible la gobernabilidad.

Grandes esfuerzos hizo Sarmiento para construir la investidura presidencial. Y uno de los grandes aportes de Kirchner, en su gobierno, fue precisamente, reconstruir el prestigio de la investidura presidencial, deluido durante la gestión gris de De la Rua. Paradójicamente, el mismo K se ha encargado de borrar con el codo lo que escribió con la mano, al empecinarse en mantener el poder durante la presidencia de su esposa.

Ahora, la investidura está nuevamente en crisis. Y esa ola se ha derramado sobre  Mendoza.

El gobernador de Mendoza, mientras está en el cargo, tiene una popularidad muy alta. Sin ir más lejos, en los años 80 y 90, nunca bajaba del 70%. Ese era el nivel de aceptación de José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli, Arturo Pedro Lafalla y Roberto Iglesias. También  Cobos estuvo en ese Olimpo. Algunos lograron mantenerse en buenas posiciones después de dejar el cargo. Otros declinaron rápido. Pero mientras estuvieron en la gestión, fueron respetados. Y eso facilitó el normal funcionamiento de las instituciones y la gobernabilidad de la provincia.

Es que la investidura del gobernador de Mendoza es muy alta. Mayor incluso que la del presidente de la Nación. La causa es fácil: por lo general, el gobernador de Mendoza ha sido mejor que el presidente.

Veamos los orígenes: el gobernador de Mendoza ocupa el sillón de San Martín; el presidente se sienta en el sillón de Rivadavia. Menuda diferencia. Sigamos. En Mendoza tuvimos a Gocoy Cruz,  un viticultor y estadista, con cinco generaciones en la Universidad, cuando en Buenos Aires mandaba un carnicero patrón de estancia llamado Rosas. Luego hemos mantenido la superioridad de Tiburcio Benegas sobre Juarez Celman, de Emilio Civit sobre Victorino de la Plaza, de Francisco Gabrielli sobre Arturo Illia, de Llaver sobre Alfonsín, de Bordón sobre Menem, de Iglesias sobre De la Rúa, entre otros.

Frente a la incapacidad de manejar la economía y las tendencias a la corrupción y autoritarismo que usualmente exhiben los lideres de la Casa Rosada, en Mendoza el gobernador goza de mayor  prestigio institucional. Por eso, el solo hecho de ser gobernador, genera un respecto notable.

Sin embargo, el actual titular del ejecutivo, se encuentra en un piso muy bajo de popularidad. Ha perdido credibilidad; no le creen. Lo chiflan en los actos públicos y lo denostan en las páginas de internet. Basta mirar los comentarios de los lectores a sus últimas acciones (como el caso de la señora a la que denominó "enferma") para advertir una notable pérdida de consenso. Y nadie sale en su apoyo. Claro, ¿quién lo va a respaldar, si ha excluido a sus propios compañeros del PJ y gobierna con lejanos consejeros situados en Buenos Aires?

Una de las claves que explican el problema, tiene que ver con la forma de llegar al poder. Los políticos suelen buscar la rentabilidad de corto plazo. Quieren ganar elecciones y pierden de vista los objetivos de largo plazo.

Hace dos años, se produjo una tensión dialéctica entre el ex gobernador Iglesias y el entonces gobernador Cobos. Al no resolverse esa tensión, pasó por el medio Jaque, y se quedó con la gobernación de Mendoza. Los radicales, a pesar de hacer un buen gobierno, perdieron el poder por exactamente el mismo motivo de 1987: la división del radicalismo. Este fue el principal motivo de la victoria del PJ tanto entonces como en 2007. En este último caso, era tan evidente la superioridad radical antes de las elecciones, que el candidato del PJ Celso Jaque hizo promesas irresponsables porque, en el fondo, pensaba  que no iba a ganar. Se cumplió una vez más el teorema de Baglini: mientras mayor es la distancia al poder, más irresponsable es la propuesta.

Jaque pensó: "como no voy a ganar, puedo prometer cualquier cosa, total, después nadie se va a acordar, y esto me ayuda para obtener un mejor resultado ahora, lo cual me dará más legisladores y me posiciona para el futuro". Ese fue el fundamento de la famosa promesa con el mapa de la seguridad de Jaque. Pero la fatal interna radical debilitó a sus adversarios y Jaque  ganó; llegó al poder, y no supo qué hacer allí.

 Mendoza marchaba naturalmente hacia un nuevo gobierno radical, pero lo perdió de manera insólita. Algunos recuerdan el partido de River con San Lorenzo en la última Copa Libertadores...

Volviendo al punto: la división radical generó el actual gobierno de Jaque, para el cual, no estaba preparado. Y los resultados están a la vista: Jaque está haciendo un mal gobierno, está pulverizando las instituciones, y está dejando que Mendoza se debilite día a día, justo cuando más hace falta un liderazgo que genere confianza ante la crisis que se avecina.
Es necesario que el gobernador relance su gobierno, a partir de la convocatoria a todos los talentos que el PJ logró crear y fue perdiendo por el camino. Se necesitan cirujanos del más alto nivel.

Se nos viene la despiadada crisis,  y el gobernador no se puede dar el lujo de seguir jugando con el equipo de emergencia: ya es hora de poner a los titulares. Como buen DT, Jaque necesita ahora formar el equipo con todas las figuras.