Una reflexión en la crisis

Por muchas razones, el "tema judío" está en el tapete en estos días. Como no es un tema que yo maneje, es probable que en lo que digo sea impreciso, y no me molesta -por el contrario, agradezco- que me hagan notar mis incorrecciones, errores o imprecisiones[1]. Pero no soy insensible a la gravedad de la situación. Y creo que algo debemos decir.

a) El martes se cumplió un nuevo aniversario del ingreso de las tropas soviéticas a Auschwitz, lugar emblemático del llamado "Holocausto", esto es, los 6.000.000 de judíos exterminados en los campos de Concentración nazis como "solución final" ante el "problema judío". Fui invitado al acto en la Cancillería, y me pareció que debía concurrir. Repudio las manifestaciones anti-judías de ayer, de hoy y las que -lamentablemente con seguridad- vendrán.

b) Eso no me impide ser totalmente sensible, y repudiar también, las masacres de niños, civiles, y bombardeos de escuelas y hospitales por tropas del Estado de Israel en Gaza. Y este repudio de ninguna manera -creo- debe dirigirse a "los judíos", sino a una situación que lleva milenios -y en lo más actual, décadas- y no parece tener vías de solución. Es verdad que las reacciones de Israel ante bombas, misiles, cohetes o la intifada son con mucha frecuencia excesivas, y a veces se parecen a las que los nazis aplicaron contra los judíos, como el 10 x 1 de las fosas ardeatinas.

c) Creo que el sentimiento de culpa ante el genocidio nazi impide muchas veces al llamado 'Occidente' levantar la voz; pero también que muchos -en nombre del antisemitismo- no aceptan ningún cuestionamiento o crítica a Israel. Sumemos a esto la complicidad manifiesta de los EEUU, y se entenderá el por qué de la dificultad de encontrar una solución justa y pacífica al conflicto.

d) Creo que la actitud presente ha permitido a desequilibrados de diferentes partes, aprovechar para cuestionar a uno u otro bando sin tener en cuenta que muchas veces eso implicaba aceptar barbarie o crímenes aberrantes del otro bando. Creo que reconocer el dolor de las víctimas es indispensable (como es indispensable no olvidarlo), pero eso no autoriza a la víctima a transformarse él a su vez en victimario. Pero esto, a su vez, no nos debe hacer olvidar su tiempo de víctimas; porque es indispensable que no se repita. En lo personal creo evidente que es nuestra tarea quedar del lado de las víctimas, de las de ayer, las de hoy y las de mañana. No se trata de una "bandera", sino precisamente quedar del lado de las víctimas, tengan estas la bandera que tengan.

e) En medio de este contexto, confirmando una vez más la 'poca calle' que se le reconoce al papa Benito XVI, levantó la excomunión a obispos ordenados por M. Léfebvre justo en estos momentos. Los MCS lo titularon de un modo confuso. El obispo inglés -que vive en el Gran Buenos Aires- no había sido excomulgado por negar el Genocidio, ni -por supuesto- se le levantó la excomunión por haberlo hecho. La excomunión, en este caso 'automática' fue por haber ordenado, y haber sido ordenado, sin la aprobación del Papa. En este caso, uno (hoy vemos que otro obispo lefebvriano más lo ha hecho) ha negado las cámaras de gas (sus declaraciones pueden verse en https://www.youtube.com/watch?v=cSTqYSW6yTU). Dejemos de lado las preguntas que surgen de todo esto, que no es el caso, como preguntarnos si se puede decir con tanta liviandad 200.000=300.000 judíos (como si eso solo no fuera de por sí algo aberrante y digno de levantar el grito como clamor que llega hasta Dios). Obviamente el problema con este obispo no es uno, sino que son dos: no sólo su actitud ante el Holocausto, aberrante de por sí, sino también su actitud como supuesto miembro "en comunión" de la Iglesia, frente al mundo, y toda la renovación que el Concilio Vaticano II ha traído: hacia adentro de la Iglesia, y hacia fuera en su relación con el mundo, las ciencias, el judaísmo, las diferentes iglesias cristianas, demás religiones, el ateismo, etc. Reconocer en la comunión a estos grupos, es un signo más del "invierno eclesial", y un nuevo paso atrás en una estructura eclesial que parece querer encerrarse en catacumbas hasta que pase el tsunami de los nuevos tiempos que se vienen; un nuevo signo de temor a la intemperie, y -sobre todo- de poca o nula confianza en el Espíritu Santo que es el único que conduce y guía la Iglesia.

Creo que los momentos de crisis como los que estamos viviendo, son momentos de oportunidades y desafíos. Hay grupos o personas donde la intolerancia es "señora" de sus actos, y con los que el diálogo se vuelve difícil, si no imposible. Pongo dos ejemplos recientes ambos del diario Crítica Digital, en sus titulares de esta semana.

1- El martes 27 de enero: "TRAS LOS CORTES A COBOS EN JESÚS MARÍA. Cosquín lo bajó al mellizo. Atilio De Angeli iba a cantar junto a Antonio Tarragó Ros, pero no se lo permitieron. El músico denunció censura y se bajó del festival. Comunicado del municipio". Comparar lo de De Angeli con lo de Cobos es un poco extraño. No sabíamos de las cualidades musicales del mellizo, pero conociendo el pasado menemista de Tarragó Ros, no parece muy censor invitarlo al festival, pero en cambio sí parece una provocación llevar en este contexto a De Angeli al más importante festival de música folclórica como si fuera un eximio músico. Y -de parte de Crítica de la Argentina- encabezar esto como si fuera un acto de censura, resulta muy poco equilibrado y justo.

2- El 24 de enero la noticia era: "EN MAR DEL PLATA. El chofer de Flor K. pasó el control de alcoholemia. El conductor fue controlado luego de retirar a la hija del matrimonio presidencial del boliche Sobremonte. Dio negativo". "pasó el control. dio negativo", es una invitación a sospechar del chofer, y una lectura desatenta del titular parece decir que fue encontrado en estado alcohólico, cuando la noticia dice exactamente lo contrario. ¿Cuál es la noticia de que uno no pase un semáforo en rojo, o que un avión no caiga? Nuevamente los titulares de crítica parecen querer echar carbón en el fuego, en lugar de aprovechar la situación para que el país salga fuerte de la crisis mundial.

Claro que estas actitudes contribuyen no poco a que tanto el ex-presidente como la presidenta manifiesten una clara actitud de intolerancia frente a la prensa. Sea la compra de medios, el pago a periodistas (algo habitual en la democracia, parece), la utilización de ciertos mercenarios de los Medios, el uso de la publicidad oficial, no parece guiarse por la actitud del diálogo y la tolerancia. Se afirma que Nelson Castro sería censurado, y le he manifestado personalmente mi solidaridad. Supongo que no estaré de acuerdo con él en muchos temas, ¿y?, ¿cuál es el problema? Entre personas serias, lo importante es el diálogo y el debate, y responder los argumentos del otro con otros argumentos, no silenciando al que piensa diferente. Lamentablemente, pienso que es posible que la sociedad no levante la voz frente a esta intolerancia; al fin y al cabo Liliana López Foresi sigue silenciada en los medios desde la época menemista (y no porque no quiera ni sepa trabajar; quizá por ser "indomable"). Parece que no es conveniente enfrentarse con los/as poderosos/as, sea de la política, los sindicatos, los medios, o la Iglesia en nuestro país.

En este contexto, y en el marco del bi-centenario, vuelve a sonar la voz de los Obispos argentinos invitando al diálogo. "Diálogo" es palabra ciertamente confusa. ¿Quiénes dialogan?, ¿cuándo y dónde? Los obispos pretendieron ser "garantes" del diálogo, aunque para mucha gente, su posición no era imparcial. Sospechados de estar siempre cerca de los poderosos, militares, políticos, empresarios, no parece que sea "garantía" para los débiles, las víctimas. Quizás si la jerarquía hubiera sido indudablemente "voz de los que no tienen voz", como se decía en un tiempo, hoy podría aparecer reclamando un diálogo que, muchas veces, no parece estar preparada para llevar ni siquiera en el interior de sus comunidades. A lo mejor sea bueno sí invitar a un diálogo, y participar en él solamente si los pobres nos invitan.

La crisis es económica, pero es también mucho más intensa que eso. Y si es crisis es desafío. Muchas crisis nos encontraron divididos y peleando entre nosotros, algo en lo que parece que la Alianza rediviva, bajo el espíritu de Braden parece preparada para volver a insistir. Sería tan indispensable y urgente que la crisis nos encuentre debatiendo y buscando denodadamente un país de hermanas y hermanos donde todos se sientan parte, judios, musulmanes, cristianos católicos o no, ateos y agnósticos, pero todos los que pretenden que la verdad, la justicia y la paz nos permitan soñar un mañana mejor donde quepan todos y todas.


[1] .- Reconozco que mi información sobre el tema es poca. Recientemente he leído el excelente "El último chiste del Gran Jacobi", novela histórica de Eduardo Goldman, Buenos Aires 2008.