Hoy es un día tristísimo para los que fuimos conocidos, amigos o familiares de José Luis. Aquellos que guardaban una mínima esperanza en los ojos de esta justicia lenta, corrupta e imparcial que se hizo cargo del caso, hoy la perdieron. Y los que teníamos pronósticos oscuros y dudábamos de su accionar debido a los cuantiosos antecedentes de casos que han quedado impunes de la misma manera, confirmamos la certeza de que vivimos en un país injusto, sin garantías de ningún tipo, en manos de quienes detentan el poder.
Qué más se puede decir. No hay palabras que describan la desilusión y el desaliento de una familia destruida por la pérdida de un hijo. No hay palabras que expliquen qué fue lo que sucedió hoy, un día que quedará guardado en nuestra memoria histórica como el día en que se confirmó la victoria del descaro, del dinero y de la hipocresía.
Y fue por goleada, en el caso de que se tratara de un bizarro partido de fútbol. El equipo de la defensa contaba con “la estrella” que les aseguraba la victoria: un par de mangos y matones que asustaron a varios. Los árbitros, dieron lástima. Decididamente entregados a demorar el juicio 7 años, a cambiar la carátula del caso para que los prófugos pudieran regresar de su “exilio”, y a hacerle saber a todo un pueblo que con su poder pueden hacer y deshacer a su antojo, contribuyeron a acrecentar la no pequeña lista de crímenes impunes que va dejando el sistema judicial a su paso.
Y qué decir de los espectadores. De aquellos que estuvieron trabajando a metros del lugar donde hallaron el cuerpo del Kote y que callaron la boca. De aquellos policías que esa misma madrugada ocultaron pistas claves y se encargaron de borrar cualquier evidencia existente con su vergonzoso accionar. Y de aquellos que simplemente callaron la boca o mintieron, por miedo, por hipocresía, o por falta de escrúpulos.
Ya no se puede decir nada. La bronca contenida durante tantos años no tuvo salida. El dolor provocado hizo estragos con las esperanzas de la gente que humildemente aguardaba que por una vez, siquiera, se hiciera justicia. Nos cortaron las piernas.
A los arrogantes, a los cagones, a los corruptos, a los inoperantes, a los hipócritas que rodearon este caso: disfruten de esta falsa “victoria” mientras puedan y sus consciencias se lo permitan. Porque el día que verdaderamente tengan que rendir cuentas, ya no va a haber “padrino” que los cubra con el manto de verdes con el que los cobijó hasta ahora.
Y al victorioso: aunque tengamos que acostumbrarnos a seguir viendote sentadito “tomando la leche” todos los sábados por la tarde en ese reconocido café de San Martín, o los fines de semana en ese bar con paradójico nombre de continente pobre donde te reunís con tus amigos de esa pseudo élite que te rodea y adula sólo por tu abultada billetera: no te confíes demasiado. La impunidad no es eterna y las cuentas en algún momento se rinden, y no precisamente frente a un juez inútil y débil como el que te hoy te salvó el pellejo.
Mientras tanto, y a la espera que eso suceda, seguiremos luchando y no vamos a bajar los brazos. Porque nosotros sí podemos dormir de noche, y es por eso que tenemos fuerzas para seguir adelante todos los días.