Hace unos días tuve la oportunidad de atravesar la vecina provincia de San Luis. Luego de andar decenas de kilómetros por una segurísima autopista hermosamente iluminada, y habiendo ya arribado a una de las ciudades de esa provincia comprobé, en notebook propia, lo que había leído en mas de una oportunidad: los puntanos tienen internet inalámbrico (wi-fi) gratis, en las ciudades de su provincia. Y más allá de que los quejosos de siempre puedan decir que, con este wi-fi oficialista, el Gobierno de ese lugar podría dejar (si deseara) a todos los habitantes de San Luis sin alguna web que sea crítica al Ejecutivo provincial, a mi me parece que hay que ser muy mal pensado para creer que el Señor Gobernador pudiera usar semejante herramienta para beneficio personal…
Por otro lado, y dejando de lado las tradicionales quejas que estamos acostumbrándonos a realizar al gobierno, me pareció importante recalar en una situación que ya lleva más de tres décadas, y que en mi humilde opinión es la principalísima causa de que nuestros vecinos hacia el Este tengan tantas cosas maravillosas con las que nosotros no contamos. El tema en cuestión no es otro que el de la promoción industrial que posee esa provincia, así como nuestra otra vecina San Juan, entre varios estados provinciales de nuestro país.
Este sistema de promoción, interesantísimo y absolutamente solidario, propone que las industrias que se instalen en provincias “pobres”, tengan menos carga impositiva que la que tienen las empresas de las provincias “ricas” como la nuestra. Y la verdad es que la idea es buena y altamente equitativa, ya que ayuda a que otros argentinos, que no han tenido la suerte de nacer en lugares maravillosos como por ejemplo Mendoza, en donde uno planta una moneda y le sale a la semana un árbol de billetes, puedan tener una vida no tan cruel en sus pobres provincias pobres, sino un pasar por este mundo más como uno.
Esta solidaridad, los mendocinos la pagamos por partida doble. Por un lado, como miembros del club de las provincias ricas (únicas aportantes de esta carga impositiva de la que se libera a las pobres) mantenemos con nuestros impuestos a todo el sistema nacional; esto es, lo que se recauda solo en los estados pudientes, luego el Ejecutivo nacional lo redistribuye entre todos. Por otro lado, como vecinos de provincias promocionadas, sufrimos lo que podría llamarse “competencia desleal” (si uno fuera un tipo al que no le importan los males de los de al lado, que no es mi caso), ya que tenemos a nuestro alcance productos más baratos traídos desde esos sitios que los que se producen en nuestra propia provincia, y sufrimos, en una cantidad difícil de calcular, un éxodo de industrias desde Mendoza hacia sitios más allá de los límites provinciales.
Pero todas las quejas carecen de sentido, si está en juego la solidaridad nacional, aunque…una provincia que por décadas ha sido promocionada y que sigue necesitando esta ayuda, puede ser vista desde dos ángulos: o bien los gobernantes de ese lugar no han hecho nada por combatir la pobreza, por lo cual después de años y años siguen siendo pobres, o bien ya no son pobres y no necesitan la promoción.
A juzgar por la forma en que gastan la plata, tanto en internet gratis como en super-autopistas, en estadios o en promoción de su polo cinematográfico, uno entendería que tan mal no les va. Por otro lado, viendo los niveles de pobreza, no se ve en San Luis la ausencia de carenciados, ni diferencias significativas con el resto del país…
Así, en mi humilde opinión, ya sea por incapacidad de los gobernantes para sacar a su provincia del pozo, o por “vender” una pobreza que no poseen, va siendo hora de que se replantee la factibilidad de seguir aplicando este beneficio que, de ser solidario en sus orígenes, se ha convertido en claramente distorsivo, en este famoso largo plazo en el que ya nos encontramos, muchos años después de la implementación del sistema. De no ser así, existe también la opción de mudarnos…