Las palabras
En los cines de Mendoza, cuando yo era chica, daban dos películas: primero una película cualquiera (no me acuerdo cómo le decíamos, pero tenía un nombre) y después la que realmente uno había ido a ver. Para señalar el cambio de película se prendía la luz, aparecía un vendedor de golosinas (principalmente maní y chupetines), los niños corrían hacia el escenario (muchos cines también eran teatros) y bajaba sobre la pantalla, sostenido por dos piolines, un eterno cartelito de Confitería “La Celeste”. Esta función de anunciar el cambio de película es la que tuvo, en mi opinión, el discurso inaugural de Barack Obama al asumir el mando de su país. El discurso estableció, con bastante detalle, la nueva dirección del nuevo gobierno en algunos temas muy importantes, y al hacerlo se despegó de la dirección de los republicanos en general y de Bush en particular.
Inmediatamente después de dirigirse a sus conciudadanos explicándoles cómo se sentía, procedió a darle las gracias a Bush por sus servicios a la Nación y por su cooperación durante la transición. Nada más dijo de él. Dar las gracias por los servicios prestados así de entrada y sin mayores precisiones, no es realmente agradecer, sino despedir, despachar, echar, como bien saben los que alguna vez se quedaron sin trabajo. Así de civilizadamente, empezó su discurso: poniéndole punto final a Bush con lo que podríamos llamar un zapatazo de caballero, alturado pero clarísimo.
a) En cuanto a infraestructura, ciencia y tecnología, energía alternativa y educación, dijo Obama: “Porque donde sea que miramos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía reclama acción, audaz y rápida, y vamos a actuar, no solamente para crear nuevos trabajos sino para echar los cimientos del crecimiento. Vamos a construir los caminos y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que alimentan nuestro comercio y nos unen. Vamos a devolver a la ciencia el lugar que le corresponde y a esgrimir las maravillas tecnológicas para mejorar la calidad de la salud y disminuir su costo. Vamos a ensillar al sol, los vientos y el suelo para hacer andar nuestros autos y funcionar nuestras fábricas. Y vamos a transformar nuestras escuelas, colegios y universidades para hacer frente a las demandas de una nueva era. Todo esto podemos hacer. Todo esto vamos a hacer”.
Los republicanos son reacios a los gastos gubernamentales (en infraestructura y en otras áreas), porque sostienen que el gobierno debe mantenerse mínimo y dejar los emprendimientos para la empresa privada. Durante la administración de Bush se produjo más de un episodio lamentable que puso al descubierto las falencias de Estados Unidos en el mantenimiento de las obras públicas.
Los republicanos son conservadores de los valores tradicionales y muchos son muy pero muy religiosos. Bush en particular, un cristiano “vuelto a nacer” que lee la Biblia a diario, se ocupó de colocar a sus correligionarios en posiciones de poder que fueron usadas para avanzar la agenda cristiana e imponer sus ideas religiosas en los más variados asuntos. En el campo de la ciencia, pararon las investigaciones que involucraban células madre provenientes de embriones humanos, quitaron subsidios estatales a instituciones internacionales que realizaran abortos o repartieran información sobre abortos y negaron la ingerencia humana en el calentamiento global, que consideran fortuito o directamente ignoran. En cuanto a energía alternativa, basta recordar la reciente campaña de McCain y Palin, promoviendo el carbón limpio y las perforaciones petroleras, como si ni sospecharan que los combustibles fósiles tienen los días contados. En las escuelas públicas presionaron primero para que no se enseñara la teoría de la evolución, y después cuando esto no dio resultado, para que por lo menos se enseñara también la del “diseño inteligente” (que no llega a tener nivel de teoría científica y que sostiene que la vida es tan maravillosa y variada que un poder superior –no la casualidad ni las leyes naturales- debe haberla creado). También en las escuelas públicas influyeron para que no hubiera clases de educación sexual y para que –si las había- fueran impartidas por instructores cristianos que explicaran la abstención sexual como único sistema de control de la natalidad. En la escuela pública a la que asiste mi hija, se enseña sobre el sida sin mencionar nada sobre su transmisión sexual y se notifica a los padres que no se contestarán preguntas de índole sexual durante las charlas sobre sida, que se anotará en una lista a los alumnos que durante las exposiciones hagan preguntas relacionadas con el sexo y que dicha lista se entregará a todos los padres del grado (recomiendo para los que se interesen en la ingerencia religiosa en el partido republicano, el libro American Theocracy, de Kevin Phillips. New York, Penguin Group, 2006).
Los republicanos consideran que el acceso a la salud es una responsabilidad del individuo y no del Estado, por lo tanto, lo han dejado en manos privadas. Y ya sabemos que la empresa privada no hace negocios que no sean negocio. La salud es tan cara, que se ha hecho inaccesible para los que no tienen seguro médico, y los seguros médicos son tan caros que se han hecho inaccesibles para gran parte de la gente (una visita al médico cuesta U$ 150 o más, un tratamiento de conductos en un diente cuesta U$ 1,095 o más, un seguro de salud para una familia sana y con un solo hijo cuesta por mes U$ 950 o más).
b) En cuanto a obligaciones del Estado y responsabilidad en el uso de fondos públicos, dijo Obama: “Lo que los cínicos no entienden es que el suelo debajo de ellos ha cambiado, que las anticuadas discusiones políticas que nos han consumido por tanto tiempo ya no tienen aplicación. La pregunta que hacemos hoy no es si nuestro gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, sino si funciona, si ayuda a las familias a encontrar trabajos con salarios decentes, cuidado (médico) que puedan afrontar, jubilación digna. Cuando la respuesta sea sí, vamos a continuar (con esos programas). Cuando la respuesta sea no, los programas van a terminar. Aquellos de nosotros que manejamos los dólares públicos estaremos sujetos a rendir cuentas, a gastar con sabiduría, a reformar malos hábitos y a hacer nuestro trabajo a la luz del día, porque sólo entonces podremos restaurar la confianza vital entre la gente y su gobierno”.
Los republicanos, como ya mencioné, consideran que el gobierno debe ser pequeño, restringirse a su mínima expresión, y dejar que todo funcione según los avatares del mercado y la iniciativa privada. Viven citando a Reagan, que acuñó la siguiente máxima: “El gobierno no es una solución para nuestro problema, el gobierno es el problema”.
c) En cuanto a mercado y distribución de la riqueza, dijo Obama: “Tampoco nos enfrentamos a la pregunta de si el mercado es una fuerza del bien o el mal. Su poder para generar riqueza y expandir libertad es inigualable, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo vigilante, el mercado puede girar fuera de control, y que una nación no puede prosperar por mucho tiempo cuando (el mercado) favorece sólo a los prósperos. El éxito de nuestra economía siempre ha dependido no sólo del tamaño de nuestro producto bruto interno sino también del alcance de nuestra prosperidad, de nuestra habilidad para extender la oportunidad a todo corazón que la desee, no por caridad sino porque ésta es la ruta más segura hacia nuestro bien común”.
Los republicanos consideran que el mercado no debe ser regulado por el Estado. Durante la administración Bush esta doctrina de la desregulación extrema terminó en la crisis económica que todos conocemos. Poco a poco, la historia ha ido demostrando que la famosa tesis neoliberal del “goteo” (o “derrame”) -dejar que los ricos hagan sus negocios con la mayor libertad para que la riqueza que produzcan gotee hacia las capas inferiores- no sólo no funciona como tal, sino que lo hace al revés de lo predicado: en aras de la productividad y competitividad (requisitos sine qua non del mercado), las riquezas no gotean ni una gota hacia abajo, sino que dirigen chorros de dinero hacia arriba. Los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres. En este mismo sentido funciona la política impositiva republicana, que recorta impuestos a los que más tienen con el pretexto de facilitarles a éstos la creación de fuentes de trabajo que mantengan a los demás (aunque ya sabemos también y lo estamos viendo, que cuando las papas queman, los ricos creadores de puestos de trabajo no se preocupan de proteger empleos, sino ganancias). Estos impuestos que no se cobran son los que irían a parar a salud, educación, jubilación, etc. Durante la administración de Bush, el Estado se quitó la responsabilidad de múltiples programas sociales que puso a cargo de organizaciones religiosas, que mientras hacían caridad evangelizaban a los necesitados.
d) En cuanto a defensa y uso del poder, dijo Obama: “Y en cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros padres fundadores enfrentaron peligros que apenas podemos imaginar, hicieron un borrador de carta que asegurara el gobierno de la ley y los derechos del hombre, una carta difundida por la sangre de generaciones. Esos ideales todavía iluminan el mundo, y no los vamos a abandonar en aras de la conveniencia. Por lo tanto, a todas las gentes y gobiernos que hoy están mirando, desde las grandes capitales hasta la pequeña aldea donde nació mi padre: sepan que América es una amiga de cada nación y de cada hombre, mujer y niño que busca un futuro de paz y dignidad, y que estamos listos para liderar una vez más. Recuerden que generaciones pasadas se enfrentaron al fascismo y al comunismo no sólo con misiles y tanques sino con alianzas firmes y convicciones firmes. Ellos entendieron que nuestro poder solo no puede protegernos, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. En cambio, ellos sabían que nuestro poder crece a través de su uso prudente; nuestra seguridad emana de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo, las templadas cualidades de la humildad y la restricción”.
A partir del atentado a las torres gemelas, en setiembre de 2001, Bush justificó toda clase de atropellos a las libertades civiles y a los derechos más básicos, dentro y fuera del país, con la excusa de la seguridad, y los encubrió con la excusa del secreto de estado. Ganó su segunda elección utilizando el miedo de la gente a un nuevo ataque, y pretende construirse un legado sosteniendo que él evitó ataques terroristas en el país, como si el de las torres no hubiera ocurrido durante su presidencia. El otro contrapunto importante en este párrafo es el referido a la diplomacia y al uso del poder: no fuerza militar unilateral sino alianzas, no uso abusivo del poder sino prudencia.
Los gestos
Los gestos en el escenario político no deben pasar desapercibidos: llevan grandes mensajes (positivos o negativos) del personaje que los produce. Los gestos de Obama, antes y después de la inauguración, pueden separarse en dos grupos.
El primer grupo de gestos, destinado a los demócratas e independientes que votaron por él, fue para empezar a cumplir con promesas de la campaña. No todo lo prometido se puede realizar rápidamente, pero la gente necesita saber que lo que se prometió no son sólo palabras, necesita una “seña” que la tranquilice mientras espera el pago final. Este espacio que media entre el dicho y el hecho, Obama ya lo cubrió de gestos que le aseguren gobernabilidad. Puedo citar como ejemplos a) el llamado el miércoles a los líderes de Egipto, Israel, Palestina y Jordania; b) las medidas anunciadas el miércoles durante el juramento de los nuevos empleados de la Casa Blanca, a quienes, además de anunciarles que les congelaba el sueldo, les explicó que son servidores públicos, que deben rendir cuentas de todos sus actos, que no pueden actuar como lobbystas, que tienen que aprobar un curso de ética pública y que están obligados a brindar toda la información que les sea solicitada por el público. Todas estas resoluciones las firmó ahí mismo, frente al auditorio y frente a cámara; c) la orden el jueves de cerrar Guantánamo en el plazo de un año y de prohibir la tortura en los interrogatorios; d) la revocación el viernes de la prohibición de usar dineros federales para subsidiar instituciones que realizan abortos o informan sobre el tema. Con estos gestos, Obama mostró (o por lo menos dio la sensación) que tenía todo listo para empezar a actuar el primer día de su gobierno, que sabía “aterrizar corriendo”, como dicen los comentaristas.
El segundo grupo de gestos, destinado a los republicanos y a los independientes que no lo votaron, fue para suavizar las relaciones e incluirlos (aunque los pusiera educadamente en su lugar con el discurso). Una de las principales promesas de campaña de Obama fue gobernar con la participación de todos, republicanos y demócratas, dejando de lado las rencillas partidarias para buscar el bien común. Por eso, nombró a algunos republicanos en su gabinete, invitó a comer a McCain, cenó con cuatro de los principales comentaristas conservadores, encargó al Reverendo Rick Warren (querido por los conservadores y odiado por los liberales por su fuerte postura anti-gay) la plegaria durante la jura y se reunió con diputados y senadores republicanos para discutir su plan económico.
Con su discurso, Obama se separó de los republicanos y se acercó a los demócratas, con sus gestos se acercó a los republicanos y les cumplió a los demócratas, con la suma del discurso y los gestos, se puso no a la derecha ni a la izquierda sino por encima de ambas. Una manera inteligente (quizás la única por ahora) de tratar de gobernar a un país dividido. Veremos qué hace. Me ilusiona su conciencia social.
P.D. El día de la inauguración, a las 8:30 de la mañana (yo estoy en el oeste, a tres horas de diferencia con Washington), aparecieron por mi casa para verla conmigo (o para que yo no la viera sola, mejor dicho) mis amigos Adrienne y Jesse, ella con bifes para el almuerzo y él desesperado por un café. Adrienne, que ha estado en Mendoza y la quiere, me pidió que cuando escribiera esta nota aclarara que “no todos los estadounidenses son iguales”. Me pareció un mensaje importante y cumplo en entregarlo.