Postales de tiempos mejores

Los 60 tuvieron como virtud el compromiso general, tanto de autoridades como ciudadanos, en el ejercicio de la cultura y de la educación. Hoy el panorama es menos alentador, en un mundo donde, en contraste, han crecido las exigencias. Quizás volver a aquellos preceptos sea bueno para no hacer un "ejercicio ilegal" de aquellos bienes y valores que debemos cuidar.

Quienes vivieron la década de los ´60 pueden recordar los tiempos de la excelencia educativa más próxima a la magra actualidad que luce el sistema en manos del Estado.

Hoy los maestros no son los mismos. Antes obligaban a que los alumnos estudiaran y leyeran. Que analizaran textos casi a modo de juego.
Existía lo que por entonces se conocía como la Biblioteca Escolar.

Participaban activamente los padres en la Comisión Cooperadora y hasta sabían que el libro que llevaban todos los fines de semana los chicos a casa, ya lo habían elegido ellos mismos en reuniones previas. Casi todo el tiempo se cruzaban los padres con sus hijos, esta vez en carácter de alumnos y autoridad escolar barrial.

Eran tiempos en que con los recursos del Estado y la ayuda de pequeñísimos empresarios se levantaba el Jardín de Infantes. Casi nadie hablaba con temor de la "obligación". Esa misma que hoy le crispa los nervios a más de uno al ver “amenazada” la psiquis de su hijo porque lo "van a obligar a leer".

Cuando los chicos crezcan, inefablemente irán descubriendo además que este oficio de vivir requiere de un aprendizaje constante.

En el mundo real, luego de que pierdan la inocencia y los años dorados para formar la personalidad, los jóvenes tendrán ante si el duro panorama de las obligaciones. Tal vez será el momento en que nadie le critique su obligación de mantener a su familia. A salir a trabajar diariamente y no sólo buscar el sustento básico. Tendrá –tal vez- aspiraciones de crecimiento personal y progreso.

Claro que no todo era brillante en los tiempos de los que hablábamos al principio. Quienes pisan los cuarenta también recordarán que la historia que se estudiaba estaba escrita sólo por el sector dominante. Eran tiempos duros, en los que sin embargo Argentina lucía con orgullo su escuela pública, laica, con la obligación de no discriminar según credos.

Claro está también que la situación en la que está derruido el actual sistema educativo, maestros incluidos, depende de una situación salarial del sector por demás indignante. Como otras tantas que ocurren y que siguen afectando la ansiada mejora cuya responsabilidad recae en manos del Estado. Tanta responsabilidad tiene el Estado nacional como el provincial. No hace falta recurrir a las vergonzosas estadísticas que en materia de calidad educativa luce la Argentina.

Tópicos como necesidades de alimentación cubiertas con "excelencia" y hasta necesidades de dotar a la escuela pública de "excelente" tecnología cobran cada vez más fuerza como necesidades. Pero a esta altura es necesario aclarar que se debe luchar por ambos objetivos. No son incompatibles necesariamente. Sobre todo cuando se miran los multimillonarios presupuestos que año a año son gastados, mientras se sigue empobreciendo la cultura nacional.

En este triste panorama actual, tal vez no esté demás decir que más de un funcionario importante, responsable al menos en parte de esta situación, anda por allí haciendo "ejercicio ilegal de la cultura y de la educación". Y que bien le haría ponerse a tono con la ley