En medio de una sequía desesperante en la localidad de Coronel Du Graty en el sudoeste del Chaco, un hecho insólito: se robaron 20.000 litros de agua que habían sido almacenados para distribuirlos entre familias carentes víctimas de la sequía.
Se trata de una población de 15.000 personas ubicada a 300 kilómetros de Resistencia, y que está entre las más afectadas por la falta de lluvias. Sin embargo, esa localidad es muy rica en términos productivos, ya que tras la devaluación del peso creció de la mano del yuyito de Cristina. Pero es víctima -como gran parte del país - de la falta de inversión en infraestructura. Su red de agua potable es obsoleta, y la mayoría de los habitantes dependen de aljibes que están secos desde hace meses por la ausencia de lluvias.
Es que en la Argentina duele ver familias íntegras durmiendo bajo un techo en pleno invierno, cubierto por cartones, ver a ancianos deambulando, prostitución infantil, paco, flagelos sociales que perduran.
Es que la Argentina duele, porque hemos perdido el respeto por nosotros mismos, por que la movilidad social por la que lucharon nuestros abuelos y que fue nuestro orgullo ya no existe. Alguien de quien se cumple un aniversario de su muerte, y que amaba profundamente su patria como solo un médico rural allá por el sudeste pampeano puede hacerlo, dedicó su tesis a su abuela materna. Ella le transmitió su amor por la tierra y la emoción al ver cuando las semillas comenzaban a dar sus frutos, solía decir.
Don Rene Favaloro decía estaba machimbrado con su tierra. Dijo una vez que “proceder con honestidad en aras de la dignidad del hombre es el compromiso más trascendente en nuestro corto paso por este mundo”.
También se conmemora el aniversario de la muerte de Don Ricardo Rojas, otro símbolo del ser y de la cultura nacional, un intelectual comprometido aun a costa de su propio destierro en las heladas tierras australes en la defensa de la democracia. Don Ricardo Rojas siempre recordaba que su padre Absalón Rojas, fue como gobernador en Santiago del Estero fundador de 100 escuelas para lo que destinó la mitad del presupuesto provincial.
En 1831, con sólo veinte años Sarmiento debió partir hacia Chile por no compartir las ideas de Rosas. Durante su exilio ejerció los más diversos oficios: escenógrafo, minero, mozo, periodista... También trabajó en una chacra cuyo dueño comentó una vez: “Tengo un capataz loco que se pasa horas leyendo en voz alta entre los árboles. Cuando se le pregunta qué lee, dice que está estudiando para ser presidente de la Argentina”.
Seguramente no hablaría de yuyitos, sino de educación popular, silabarios y esas cosas.
Esta patria merece y debe ser amada por quienes la habitamos, orgullosamente amada como otros países lo hacen más allá de eventos deportivos. Si así fuera, hace tiempo determinadas miserias se hubieran borrado de nuestra geografía y dejáramos de ser espectadores del deterioro la mentira y la soberbia.
La Argentina que duele
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