Con exportadores así...

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- "Nos destruyeron la poca rentabilidad que íbamos a tener y le hicieron creer a la gente que somos los favorecidos." (Alfredo De Angeli, presidente de Federación Agraria de Entre Ríos)

- "Nuestros dirigentes han errado en el diagnóstico y carecen de una estrategia definida para transformar esta crisis en una oportunidad. Las retenciones a las exportaciones son el más dramático testimonio en esa dirección." (Gustavo Grobocopatel, titular de Los Grobo)

- "Con otro aumento de las retenciones, el interior quedará fuera de la cancha." (Luciano Miguens, Sociedad Rural)

- "Las retenciones representan una real confiscación y una causa de desaliento que pone en peligro la rentabilidad de las explotaciones." (Guillermo Alchouron, ex titular de la Sociedad Rural) - "Esta campaña se reducirá por los menos 20 millones de toneladas respecto de
la anterior." (Enrique Crotto, ex titular de la Sociedad Rural)

Todas éstas frases apocalípticas podrían haber sido pronunciadas durante el último lock out agropecuario que tuvo en vilo a la Argentina durante los últimos meses. Pero no. Fueron publicadas por Clarin y La Nación entre marzo y mayo de 2002, cuando el ex presidente Eduardo Duhalde aumentó las retenciones a las exportaciones de granos de un 10 a un 20 %. De más está decir que hoy, con las retenciones en un 35%, los productores de la pampa húmeda no paran de acumular fortunas.

Este preámbulo viene a cuenta de las declaraciones de algunos prominentes productores agropecuarios mendocinos luego de haberse reunido el Comité Ejecutivo Frutihortícola de la Región Cuyo.

Estas fueron algunas de sus propuestas:

Eliminación de las retenciones a las exportaciones de productos frutihortícolas e industriales de base agrícola de la Región, subsidios para el transporte de los productos de la región a los puertos, eliminación de los derechos de importación y disminución del IVA con que están gravados los insumos, asignar al pago de Impuesto a las Ganancias el 100% de los montos invertidos en tecnología como así también el total de lo pagado por Impuesto a los Débitos y Créditos Bancarios, sanción de normas laborales para la contratación del personal no permanente, en las épocas de cosecha o recolección de frutos, ordenamiento legal que facilite la residencia temporaria a obreros inmigrantes extranjeros (especialmente bolivianos) para que puedan trabajar en Cuyo, etc.

Para empezar, no me queda claro por qué no es rentable el campo mendocino cuando las exportaciones de productos vitivinícolas crecieron un 50 % promedio sólo en el último año, el ajo fresco un 35%, las peras un 28%, los duraznos en almíbar un 22%, etc. Tampoco por qué la devaluación del peso (1 a 3) y el constante aumento de los precios internacionales no ha beneficiado a todos los exportadores mendocinos. Me cuesta entender la razón por la que el sector más concentrado del campo mendocino ha incrementado sus propiedades inmobiliarias y automotrices en buena escala mientras continúan el trabajo semi esclavo, el trabajo infantil y las cooperativas truchas vigentes en las fincas.

La verdad, señores exportadores, es que no tienen cara. La principal inseguridad jurídica es la que generan ustedes aplicando "retenciones" a sus obreros en negro y al Estado: El 1,5 por ciento que debe ser destinado al Renatre, la bonificación por antigüedad (1 por ciento sobre el salario bruto para trabajadores rurales), el sueldo anual complementario (8,33 por ciento), el 16 por ciento que deberían destinar a la jubilación como aporte patronal, el 11 por ciento que deberían retener de la remuneración, también con el mismo destino, el 3 por ciento que deberían destinar a la obra social (aporte patronal), más el 3 por ciento que deberían retener de los haberes, el 3 por ciento para el PAMI, el 1,5 por ciento para el fondo de sepelio de trabajadores rurales y podríamos seguir (Fondo Nacional de Desempleo, ART).

En el campo mendocino hay que redistribuir la riqueza hacia adentro, y los grandes  productores deben dejar de exprimir a los pequeños en lugar de hacer lo de siempre: cacarear sobre el libre mercado pero siempre pedir la teta del Estado. Esa teta que debe estar para subsidiar a los pequeños productores y, sobre todo, a los que apuestan todo a las economías locales y el mercado interno.

El autor: Es coordinador del centro de referencia Mendoza del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.