Jaque y un trauma superable, si quiere

La derrota del matrimonio Kirchner se muestra como contundente y no puede ser reducida exclusivamente al episodio del Senado que catapultó a Julio Cobos a los niveles de popularidad que hoy acredita.

El matrimonio K perdió cuando dejó de lado la posibilidad de gestionar el Estado de una manera moderna, desde una concertación de partidos, por encerrarse en el viejo cascarón del PJ.

Perdieron también cuando llevaron la discusión por la aplicación de un impuesto hasta los límites del “matar o morir” sin calcular que ellos podían ser quienes perecieran.

Perdieron en la calle, al movilizar sensiblemente menos cantidad de gente que la oposición y el campo y, finalmente, la derrota más simbólica, pero nunca definitiva (si no se la acepta así): la del Senado.

Celso Jaque apostó a ese juego y perdió.

Golpeado por la imposibilidad o incapacidad de cumplir con su compromiso electoral de bajar 30% el delito en seis meses y diluida su gestión por una crisis nacional que pasaba por la Pampa Húmeda, Jaque tuvo dos posibilidades: “desensillar hasta que aclare”, como aconsejaba el General Perón y esperar tranquilo que le llegara su momento en la historia o bien, trasladarse física y mentalmente hacia aquellas lejanas pampas en donde estaban enfocados todos los reflectores en una lucha que, de algún modo, le era ajena y podría haber evitado.

Hizo lo segundo. Apostó fuerte y apostó mal.

Se sumó a la estructura del Partido Justicialista y secundó a Néstor Kirchner en todas las oportunidades en que se lo permitieron, dejando de lado sus obligaciones provinciales.

Consiguió, de alguna manera, existir, ser visible. Y cuando logró el cariño del núcleo de poder K, éste quedó golpeado por la concatenación de derrotas de la que fue artífice.

Jaque sonrió cuando vio que Cristina ponía más atrás en la fila a su comprovinciano Cobos. Y llegó a mostrarse exultante cuando, directamente, lo remplazó en los actos oficiales a los que el Vicepresidente, a pesar de tratarse de anuncios para Mendoza, no fue convidado.

Su apuesta fue condimentada por el mejor estilo K: “a todo o nada, matar o morir”.

Perdió un fuerte capital político. Pero no todo el juego puede considerarse aun abandonado.

Así como la Presidenta todavía puede aprovechar este fracaso que tanto sufre y niega como una catapulta para saltar al frente del Gobierno de una vez por todas, Jaque también puede, si quiere, replantear su rol en Mendoza.

Jaque está golpeado y se muestra groggy. Pero puede salir del pozo, si quiere.

Puede seguir apostando a ese estilo que niega lo que pasa y que le echa la culpa a la gente de no comprenderlos.

Pero también tiene una gran oportunidad en sus manos: seguir siendo el tesorero del PJ o empezar a ejercer la gobernación de Mendoza. No tiene por qué resultar arrastrado por Cristina.

Las lecciones que el Gobernador tiene que entender que perjudicaron al Gobierno nacional y que debe parangonar a su propia tarea en el Cuarto piso de la Casa de Gobierno, cuando le quedan 3 años y medio de gestión, son:

• El estilo K es volátil e incapaz de reconocer errores; por eso los repite.
• Cuando un gobernante se encierra en su círculo íntimo sólo se escucha a si mismo.
• Un Gabinete débil es bueno para que no robe protagonismo al jefe, pero termina tomando decisiones acordes a los humores de ese jefe.
• Exigir y aceptar “obediencia debida” puede conducir de las narices hacia el fracaso y arrastrar rumbo a ese destino a los demás.

Mendoza tiene una serie de temas que permanecen vacantes de gestión. Son mucho más importantes, decisivos y trascendentes que un efímero triunfo político:

  • Hay que construir, con protagonistas capaces y provistos de templanza el “modelo económico de Mendoza”. En este punto, hay salir de una inactividad pasmosa y evitar la inercia que termina por dejarnos siempre en el mismo lugar. De la misma forma es importante saber hacia dónde irá la Educación de Mendoza, atrapada entre las consignas acerca de lo que debe ser y la tragedia de lo que en realidad es. Lo mismo con las políticas sociales y la salud, regidas ahora por la discusión de los salarios de sus trabajadores.

  • Mendoza necesita contar con un plan estratégico. Sin esto, se gobierna dando una combinación de manotazos y excusas, pero no se avanza, sino que se camina como en una cinta de ejercicios. Así, Mendoza terminará cada vez más flaca.

  • Hay que conseguir interlocutores de estatura, capaces de negociar con los factores de poder de la democracia una estrategia que le de aire a las finanzas provinciales pero también a los municipios para subsistir y brindar los servicios básicos que la gente necesita; ya ni siquiera los que reclama.

  • Cuando se gobierna se lo hace en el marco de un núcleo de alianzas sectoriales y políticas. Si el camino transitado hasta ahora por Mendoza durante la gestión de Jaque no ha dado resultados, ¿por qué no cambiarlo?

Por lo visto, hay tarea pendiente que es anterior, inclusive, a la asunción de Jaque. Está vigente la oportunidad de cambiar el rumbo que, a todas luces, resultó equivocado.

Jaque está golpeado, pero está a tiempo de superar el trauma.