El gobierno de la provincia ha tenido todo un mes de conflicto salarial con el sector de salud y ya se avizoran los conflictos con los docentes y a ellos, seguramente, les seguirán los demás gremios del sector público. En general, los argumentos del pedido solo tienen que ver con una tasa de inflación que el estado nacional niega y con el concepto de los empleados estatales de que la plata que el estado recauda es para ellos.
Desde su nacimiento, MDZ vino advirtiendo sobre la fragilidad de las finanzas provinciales, tanto durante la gestión del gobernador anterior como en la actual. Basta repasar títulos como “Las finanzas públicas al borde del abismo”; “Días sin Norte para Mendoza”; “Finanzas públicas, un concierto de desatinos e improvisaciones”; “Celso Jaque y el riesgo de canjear aplausos por déficits” o “Finanzas públicas: la brújula no funciona”.
En realidad, el gobierno provincial vino solucionando conflictos con plata, en el mismo estilo que caracterizó el último año de la gestión de Julio Cobos. Y así parece que esta situación se agravará en los próximos meses, aunque se difunden números que solo logran confundir.
Pero lo cierto es que no se advierte un diagnóstico claro de la proyección mientras se pretenden mayores gastos. Además el gobierno está pagando caro, con pérdida de prestigio, la “trampita” inicial, de hacer un presupuesto sin calcular inflación.
Ahora, debe ir cada dos meses a la Legislatura a plantear nuevas asignaciones “a cuenta de futura recaudación” y genera permanentes pujas por recursos que debieron haberse previsto a principios de año.
Hoy la provincia está atada de pies y manos. Los ingresos nacionales, que son el grueso de los recursos, solo crecen en función de la tasa de inflación estimada, es decir, la economía no está creciendo en términos reales. A su vez, los ingresos provinciales vinculados al ritmo de la economía crecen por debajo de esa pauta, lo que indica que en los próximos meses el gobierno tendrá serios problemas para cumplir con los compromisos contraídos hasta ahora.
Si el gobierno ha hecho el diagnóstico más o menos aproximado, debería estar tomando previsiones muy severas, porque es probable que deba atravesar circunstancias ingratas. Hoy mismo, la oposición pretende sacarle 150 millones como subsidio no reintegrable a los municipios, mientras el gobierno solo acepta darlo como préstamo.
Es probable que la oposición no maneje estos pronósticos o que, conociéndolos, aproveche para hacer política. Lo cierto es que hoy es imposible endeudarse a tasas lógicas y la mayoría de los intendentes tiene las finanzas en rojo. Si el gobierno nacional decide esta semana elevar el salario mínimo a 1.100 pesos, con una proyección de 1.200 para fin de año, los problemas de los intendentes serán significativos.
Quizás la mayor duda sea cómo se desenvolverá la economía nacional en el futuro y cuál será su reflejo sobre la economía regional.
Por ahora, las proyecciones más optimistas, prevén un segundo semestre con un “parate” bastante importante. A las consecuencias de la crisis con el campo se le suma la fuerte iliquidez, la suba del crédito, y la inflación, que carcome el poder adquisitivo. La incertidumbre también impacta en la paralización de las inversiones y esto retroalimenta la crisis. No habrá que extrañarse estar analizando aumentos del desempleo entre el segundo semestre de este año y durante todo el año 2009.
Con todo este panorama, tanto el gobernador como los intendentes deberán comenzar a hacer gimnasia para empezar a remar en el barro. Les espera mucho esfuerzo, mayor desgaste y poco avance. Es que una caída en el nivel de actividad derrumbará la recaudación de impuestos nacionales y provinciales, parcialmente amortiguada por el mayor aliado del gobierno: la inflación.
Algunas previsiones no son las mejores. El jueves, el ministro Cerroni admitió que se subejecutará obra pública y que esos recursos se aplicarán para paliar el déficit. Esto es grave, porque, nuevamente, el gobierno se mira el ombligo y al paralizar la obra pública acelera la caída de la economía y el aumento del desempleo.
Este gobierno vuelve a caer en el comportamiento pro cíclico. Gasta demasiado en la bonanza (sin necesidad) y tiene que hacer ajuste cuando hay retracción y el gasto es más necesario para amortiguar la retracción de la economía.
Todos los pronósticos se vienen cumpliendo. Y el segundo semestre ya comenzó.