El caso de la muerte en circunstancias dudosas y en la Comisaría 33 del barrio San Martín del joven Jonathan Oros volvió a poner bajo cuestionamiento la actitud y la formación de los policías en Mendoza.
Los periodistas que están cubriendo el juicio, por el cual están imputados cuatro efectivos de la Policía de Mendoza, no dejan de mostrar su asombro ante la conducta corporativa de los policías encargados de conducir al detenido, impidiendo con exagerado operativo que los medios de comunicación se acerquen al imputado, cosa que habitualmente nunca sucede en otros casos.
El dato de referencia es menor, pero la carga simbólica y la evidencia de actitud corporativa son dignas de análisis, en tiempos en que la seguridad es el tema prioritario para los mendocinos. A esto, agreguemos las contradicciones en que están cayendo los testimonios en los estrados por parte de los uniformados.
A esta altura, parece que poco cambió en las prácticas culturales de los policías, respecto de los postulados con que se llevó adelante la reforma impuesta en 1998. En aquel año, se estimaba que diez años después (en este 2008) la totalidad de los efectivos de nuestra policía, iban a ser egresados el Instituto de Seguridad Pública. Por supuesto, este afán es otro de nuestros afanes truncos.
Al mismo tiempo, no se percibe que autoridad civil que marque el cambio necesario para que hacia adentro se ejerza un liderazgo positivo y para que casos como el del joven Johnattan jamás vuelvan a repetirse.
En definitiva, lo realmente preocupante es que los hombres y mujeres a quienes el Estado les otorga capacitación y uniformes para diferenciarse del resto, pero además les pone un arma y balas en sus manos, tengan conductas propias de grupos sin ley, como lo son las trabas en el esclarecimiento de un terrible hecho delictivo. Las contradicciones, en este sentido, son moneda corriente durante el juicio.
Sería importante, a fin de que la provincia deje de estar en los primeros puestos del ránking nacional de los casos de “gatillo fácil”, que hechos lamentables como estos rápidamente sean resueltos, por el bien de la institución y de la institucionalidad de Mendoza. Así se contribuirá para evitar el crecimiento de caldos de cultivo para la violación de las leyes, tantos en casos resonantes como éste, como en otros menores, pero que causan severos daños, tal el caso del pedido de coimas a ciudadanos.
Por ello, creemos que las señales deben ser contundentes: la Justicia, investigando hasta lograr descubrir la verdad de los hechos y condenando conforme a derecho y las autoridades de Seguridad, impidiendo que la maña le gane a la formación, que el corporativismo triunfe por sobre el orgullo por el buen desempeño.
Seguridad también es erradicar las mañas
El juicio para determinar cómo es que un joven terminó asesinado en la Comisaría 33 de Mendoza, desnuda ciertas artimañas que no son propias de una institución pública ni de un espacio donde la ley es quien debe determinar culpas y cargos. Jonathan Oros, la víctima, ha de esperar justicia desde el más allá y su familia desde el más acá.