“Para agregar algo de heroicidad a su imagen popular a Alfredo De Angeli sólo le faltaba el pequeño 17 de Octubre que el gobierno le organizó hace unas horas. La prisión es un arma de doble filo cuando la utiliza la política”. Con estas palabras, La Nación arrancó el análisis de una jornada de furia, con la filosa firma de Carlos Pagni.
El despeje de las rutas y justo de aquella que estaba siendo cortada por De Angeli por parte de la Gendarmería, desató una crisis que fue señalada por los diarios extranjeros como un “renacer de las pasiones políticas”.
Pagni, cerró su análisis sobre la maniobra del Gobierno que señalaba a la Justicia como fuente de la orden de detención, indicando que “el mecanismo se repite y tal vez demuestre que dentro del gobierno ya no queda nadie medianamente perceptivo de los movimientos del humor social. Sobre todo cuando ese humor es la respuesta a las acciones del poder. Las encuestas siempre llegan tarde cuando se perdió esa sensibilidad”.
En tanto, el resto de la prensa privilegió mostrar la coyuntura minuto a minuto, más que el análisis.
Pero Página 12 amaneció con un punto de vista diferente, más cercano al gobierno. Alfredo Zaiat, desde su columna económica, indicó que “en estos casi cien días de insólita privatización del tránsito en las principales rutas del país a manos de empresarios de la actividad agropecuaria y del transporte de cargas se repite el lugar común de que otra vez la Argentina está perdiendo una oportunidad histórica”.
Mientras se aclama a un De Angeli parangonado exageradamente con Perón por sus seguidores tras su liberación, el diario fundado por Lanata pero que ya no cuenta con su pluma, anticipaba que “aunque pueda resultar incómodo para el consenso hipnotizado a partir de un discurso mediático dominante, Argentina no está desatendiendo mercados ni disminuyendo sus exportaciones agrarias en estos meses del más violento lockout de la historia del país. Ni el país ni el campo está perdiendo una oportunidad. Con escaso esfuerzo de rigurosidad, si existe vocación para comprender más que ser parte de mezquinos y ocultos intereses, existe la opción de sorprenderse con la evolución del negocio agropecuario en estos meses de conflicto”.
Sin embargo, antes de que el conflicto llegara a su zenit con la detención y posterior liberación –seguida de cacerolazos- del dirigente agropecuario entrerriano, desde su columna en Perfil el periodista Alfredo Leuco advertía sobre la posibilidad de que se estuviese echando “nafta al fuego”.
“El Gobierno –escribió- decretó el fin del conflicto. Cree que ganó la partida. Le puso punto final y dio vuelta la página. Nada por aquí, nada por allá. Chicanearon a Raúl Alfonsín con ese tema, pero piensan o nos quieren hacer pensar que la casa está en orden y feliz Día del Padre. Hay un solo problema: el conflicto sigue. Está mas vivito y coleando que nunca, y va de mal en peor. Esto certifica que la realidad es aún más tozuda que el matrimonio Kirchner y que se niega a ser modificada a golpes de efecto, operaciones mediáticas y voluntarismo puro”.
“Hay que esperar, pero las horas que siguen son cruciales”, le dijo en la noche del sábado el dirigente social Juan Carr a MDZ.
De Angeli no es Perón. Los hechos comparados con los que propulsaron a aquél al estrellato político, según lo intentan mostrar los piqueteros del campo, hablan de que, esta vez y en esta crisis y con estas cacerolas, no falta política.
Por el contrario, se está sumando más y nueva gente a la política. Inclusive, gente que la despreció en otro momento.
Es el costado bueno del eterno conflicto: se está entendiendo que la política es la herramienta para solucionar el problema.
Y lo señaló Carr en su charla con MDZ: en 16 meses hay que votar y allí hay que elegir protagonistas capaces de llevar el tema al Parlamento.